
- Edición de bolsillo de "Siete Noches" - imagen de J C Chirinos
Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986) es algo más que un escritor. Es el universo encapsulado en una biblioteca. Prolífico autor de relatos, ensayos y poemas (pero nunca de una novela); lector orgulloso de lo que había leído; curioso aprendiz de lenguas muertas y lejanas; dulce conversador pero de agudo aguijón intelectual, la fama de este autor argentino crece con los años y comienza a ser común incluir su obra entre las más importantes de nuestra lengua, junto con las de san Juan de la Cruz o Miguel de Cervantes. Sus libros son inagotable fuente de inspiración, como queda demostrado cuando constatamos que sin ellos no habrían sido posibles novelas como "El nombre de la rosa", de Umberto Eco, o ensayos como "Las palabras y las cosas" del filósofo francés Michel Foucault, que declara que su libro nació a partir de la sorprendida risa que le produjo uno de sus textos .
Conferencias para el público en general
Este libro fue "escrito" en 1977 o, mejor dicho, fue leído durante siete noches en el teatro Colón de Buenos Aires. Luego las convirtió en el que es quizá uno de los libros más importantes de la obra borgiana.
Estas conferencias aseguran al lector horas de esparcimiento y solaz, porque Borges es entretenido como un cuenta cuentos. Nos lleva de la mano por siete temas muy queridos para él: "La Divina Comedia", "La pesadilla", "Las mil y una noches", "El budismo", "La poesía", "La cábala" y quizá el más perturbador (tanto para él como para los que lo leemos), "La ceguera". No hay que olvidar que la paulatina ceguera que lo sumió en la oscuridad lo llevó a escribir una vez:
"Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría /de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche."
El poema de Dante como ejercicio de la inteligencia
La primera de las conferencias tiene el inicio irónico y ambiguo de una novela policial victoriana: "Paul Claudel ha escrito en una página indigna de Paul Claudel que los espectáculos que nos aguardan más allá de la muerte no se parecerán, sin duda, a los que muestra Dante en el Infierno, en el Purgatorio y en el Paraíso".
Este poema es, junto con la novela de Cervantes, uno de los dos grandes monumentos literarios de la cultura europea de estos últimos mil años, y Borges lo sabe: para leerlo, siguió un método de lectura que en realidad era un juego, porque el acercamiento a este tipo de libros no puede ser el convencional.
"De mí sé decir que soy lector hedónico; nunca he leído un libro porque fuera antiguo", confiesa, y luego explica lo que hizo con su edición italiano/inglés: leía un terceto en inglés; luego, ese mismo terceto en italiano; al terminar un canto, lo leía todo en inglés y, luego, otra vez en italiano. Ese juego, que es un viaje de ida y vuelta del sentido a la percepción del sonido, es atletismo del pensamiento: Dante no es un simple poeta, Dante es un político, un semiótico y un profeta: ¿cómo evitar la tentación de hacer juegos cabalísticos con su obra?
Mil noches, Buda, la poesía y otros temas, según Borges
El autor nos sumerge en su vasta cultura para que nos quedemos con los detalles más hermosos, más nimios o que podrían cambiar nuestra manera de pensar. "ultram auroram et Gangem", (más allá de la aurora y el Ganges): en esas cuatro palabras de Juvenal está el Oriente para nosotros, señala con ingenio.
"La tolerancia del budismo no es una debilidad, sino que pertenece a su índole misma"; "el lenguaje es una creación estética"; "el curioso modus operandi de los cabalístias está basado en una premisa lógica: la idea de que la escritura es un texto absoluto, y en un texto absoluto nada puede ser obra del azar": todas, ideas como relámpagos que nos pegan al libro y nos abre varios universos como ventanas en una computadora, porque los textos de Borges siempre son hipertextos.
La ceguera
La conferencia más melancólica es la que trata sobre la ceguera, afección que, como Homero, como John Milton, Borges padeció. Es esta la última de las siete conferencias, y en ella habla sobre los ciegos ilustres de la historia, incluido Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional, como él.
Se sabe querido por su condición, pero también por la enorme capacidad para ofrecer afecto a través del conocimiento. Quizá por eso se permite una queja, un lamento discreto pero entrañable: "Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extrañan es el negro; otro, el rojo". Porque en ese entonces su mundo visual era "de neblina". Muy distinto al brillante universo que nos ha legado con este libro, y diseminado en el resto de su obra. Hay que leerlo.
Jorge Luis Borges. Siete noches. Madrid, Alianza Editorial, 2009. 158 p. ISBN 978-84-206-3880-5
