El VIH cumple 30 años sembrando el terror sobre la tierra. Treinta años de la llamada "peste moderna" o la "nueva peste negra" que ha asolado buena parte del mundo. Pero la buena noticia es que, hace pocas fechas, en Estados Unidos, dos pacientes con este virus que derivaron en cáncer, les desapareció totalmente de su organismo, todo rastro de SIDA.

A los dos se les trató con quimioterapia y se les trasplantó la médula ósea. Después de eso, afortunadamente para ellos, para la Medicina y para el resto de afectados, desapareció todo vestigio de la llamada “peste rosa”, denominada así por los “rosetones” que salen en la piel de los enfermos.

Quizá sea el inicio del fin de este virus que se trasmite únicamente de forma sanguínea y sexual, y que ha causado millones de muertos. Quizá. Pero se han abierto ya las puertas a la esperanza con estos dos pacientes que junto a un tercero en Berlín, Alemania, son los únicos que se han desecho de esta desgracia.

Pero la controversia que este letal virus ha creado no tiene parangón en la historia de la humanidad. Hay muchos que no se creen que el VIH sea un virus de creación natural, sino que fue creado en los laboratorios como método eugenésico para “limpiar” del planeta mucha población “sobrante” de la raza no blanca y de los homosexuales.

Esta idea conspirativa y puesta en marcha supuestamente por las élites y Estados que realmente gobiernan el mundo, tiene muchos defensores.

Esta arriesgada postura está basada en las opiniones de expertos científicos que analizaron el virus. Como el prestigioso biólogo alemán Jacob Segal, a quien le sorprendió notablemente que este virus se pareciera tanto al virus Visna, un virus que no se contagia pero que provoca una patología cerebral en los bovinos. Y que tuviera también tanta similitud con el virus HTLV-I, una leucemia muy contagiosa pero no de fatal consecuencias.

Otra postura asegura que el virus realmente no existe ni ha existido nunca. Algunos químicos insignes como los premios nobel Walter Gilbert o Karry Mullis señalan que lo que verdaderamente crea la enfermedad –el estado de inmunodeficiencia adquirida que va paulatinamente desprotegiendo al organismo- es el mismo tratamiento médico.

Estas dos posturas no dejan de ser controvertidas, polémicas, que no han hecho más que crear misterio y leyenda sobre esta peste innombrable de tan difícil solución.

Y por último está la posición oficial, académica. La que señala que es un virus aparecido en África, de los chimpancés, y que se fue extendiendo al primer mundo.

El primer caso datado es el del un marinero británico en 1959, aunque se tiene constancia de que dicho virus existe desde 1884.

Pero las dudas no acaban y las teorías conspirativas seguirán dando que hablar porque se trata de un virus muy duro, muy resistente, experto en zafarse y en escapismo, del que aún se desconoce muchas cosas.

También alimentan las ideas conspirativas datos como que todavía dicho virus no esté fotografiado, que las multinacionales farmacéuticas hayan ganado cifras astronómicas con los medicamentos que se aplican a los enfermos, o la aparición de documentos oficiales norteamericanos de los años 70 donde se hablan de la conveniencia de la eliminación de mucha población sobrante, o que no haya unos tests específicos mundiales para el diagnóstico de la enfermedad.

Merece la pena ser optimista en este tema, y ver la botella medio llena ante el VIH, en el sentido de que los pacientes desde hace bastantes años ya no se mueren por este virus y pueden llevar una vida normal por la medicación que se les receta.

Y que sobre todo, ya hay personas limpias del todo, sin rastro en sus organismos, de este Mal que ha matado inmisericordemente a tantos inocentes, y hasta a escritores tan célebres como Isaac Asimov o a maravillosos cantantes como Freddie Mercury.