El sida es una enfermedad viral causada por el virus de la inmunodeficiencia humana, VIH, que conlleva la ausencia de respuesta inmunitaria del organismo frente a infecciones y cánceres. De esta manera, los virus, parásitos o microorganismos que generalmente no provocan enfermedades serias en personas con un sistema inmunitario sano pueden generar patologías mortales en aquellos enfermos con sida.

El sida comienza con una infección por VIH. Las personas que lo padecen pueden no presentar síntomas durante años aunque, durante ese período, pueden transmitir la infección a otros. Dependiendo de la persona, el sistema inmunitario se irá debilitando más lentamente o de forma más progresiva y el infectado desarrollará el sida.

MedlinePlus, la web de los Institutos Nacionales de la Salud, elaborada por la Biblioteca Nacional de Medicina, señala que “los síntomas más comunes de una persona con sida son escalofríos, fiebre, sudores, ganglios linfáticos inflamados, debilidad o pérdida de peso”.

Por otro lado, hay que indicar que una persona seropositiva no indica que tenga ida ni que lo vaya a tener en un futuro aunque tiene mayores riesgos de padecer la enfermedad ya que está infectado por el virus VIH. Sin embargo, un seropositivo sí tiene peligro de contagiar el virus a otras personas.

Contagio

Las formas fundamentales de transmisión del VIH son:

  • Contacto sexual: ya sean relaciones con penetración vaginal o anal o con la práctica de sexo oral. En concreto, las relaciones anales son las que mayor riesgo presentan mientras que el sexo oral es el de menor peligro. Además, el riesgo de transmisión es mayor del hombre a la mujer que al revés y, este aumenta si la mujer tiene la regla debido al flujo de sangre.
  • Transmisión sanguínea: a través de transfusiones de sangre, órganos de un infectado o por compartir agujas o jeringuillas.
  • De la madre al hijo: a través de la circulación sanguínea compartida durante el embarazo por el feto o cuando el bebé ya ha nacido por medio de la leche materna.
Por el contrario, el virus no se puede transmitir por la respiración, la saliva, el tacto, los abrazos, el sudor, las lágrimas, la bebida, los besos o por compartir utensilios cotidianos como un vaso.

Tratamiento antirretroviral

Actualmente, no existe cura para el sida, que continúa siendo una enfermedad mortal. Sin embargo, hay tratamientos que pueden ayudar a mantener o mejorar la calidad de vida de las personas con esta patología y retrasar el empeoramiento del paciente.

La terapia antirretroviral, que es una combinación de diferentes medicamentos, inhibe la replicación del virus VIH en el organismo y aunque se puede continuar transmitiendo a otros el virus, existen menos probabilidades de hacerlo.

Sin embargo, al ser una mezcla de varias medicinas puede presentar diversos efectos secundarios como acumulación de grasa en la espalda y el abdomen, sensación de malestar, dolor de cabeza, náuseas o debilidad.

El sida en cifras

La Organización Mundial de la Salud, OMS, ha señalado que “2,7 millones de personas en el mundo se infectaron con el virus del VIH y dos millones murieron por enfermedades relacionadas con el sida durante 2010”.

En concreto, el informe del Programa de la ONU sobre VIH/sida en el mundo, ONUSIDA, ha estimado que “33,4 millones de personas en el mundo vivían el pasado año con el virus que causa el sida frente al 26,2 millones de infectados que había en 1999”.

El informe, publicado por Reuters, ha afirmado que, “en 2009, se registraron 1,8 millones de muertes relacionadas con el sida, 2,6 millones de nuevas infecciones, y 370.000 niños que nacieron con VIH en el mundo”.

Además, ha añadido que “1,5 millones de personas de Europa oriental tenían el virus VIH y que se dieron 101.000 nuevas infecciones en Europa central y occidental en 2009 ”.

La mejor prevención para evitar un posible contagio por VIH y sida es el cuidado higiénico de los utensilios médicos y, especialmente, la práctica de sexo seguro con protección.