El shock anafiláctico se emplea para designar una serie de trastornos que pueden suceder a consecuencia de la aplicación de sustancias extrañas, como la utilización de medios de contraste en radiología, algunos fármacos o la introducción en el organismo de algún tipo de alérgeno al que la persona presenta hipersensibilidad.

Tanto el shock anafiláctico como las reacciones anafilácticas se deben a la liberación de mediadores inflamatorios, particularmente la histamina. El término anafilaxia, acuñado por el Premio Nobel de Medicina Charles Robert Richet, hace referencia a las reacciones que ocurren, tras una previa sensibilización al alérgeno, y en las que intervienen subtipos de los anticuerpos IgE e IgG. Esta situación da lugar a una serie de manifestaciones que, cuando llegan a poner en riesgo la vida, reciben el nombre de shock anafiláctico.

Anafilaxia e histamina

La mayor parte de las veces la alergia no comporta más que molestias que no entrañan mayor peligro. Pero no siempre es así. La anafilaxia constituye una urgencia médica en la que se produce una reacción alérgica que involucra todo el organismo. Esta circunstancia tiene lugar tras la exposición a un alérgeno al que con anterioridad la persona se ha sensibilizado. El mecanismo inmunológico causante de la anafilaxia tiene que ver con la fijación de un anticuerpo a los mastocitos o basófilos y a la subsiguiente reacción con algunos alérgenos. Ello conlleva la liberación de diversos químicos o mediadores como la histamina.

La histamina actúa como hormona y como neurotransmisor. También interviene como regulador en la producción de ácido gástrico en el estómago, regula el ritmo biológico del sueño, el control del apetito y la motilidad del intestino. Pero uno de los papeles más importantes que desempeña la histamina, como mediador químico, tiene que ver con el sistema inmunitario y las reacciones alérgicas, manifestándose en síntomas como la urticaria, la congestión nasal y otros.

Causas del shock anafiláctico

Las reacciones anafilácticas y la posibilidad de que produzca un shock anafiláctico es una situación que puede ocurrir a cualquier edad. Las causas son diversas, aunque las más frecuentes tienen que ver con la alimentación, los medicamentos o las picaduras de algunos insectos. Productos como el látex o las reacciones ante terapias inmunológicas también son susceptibles de generar reacciones anafilácticas. Los pólenes y otros alérgenos que se pueden inhalar muy raramente terminarán en anafilaxia.

En una buena parte de las personas que padecen reacciones anafilácticas, alrededor de un tercio, no es posible identificar el factor desencadenante de la anafilaxia.

Síntomas del shock anafiláctico

El shock anafiláctico aparece pocos minutos después de que la persona haya estado expuesta al antígeno o alérgeno. El tiempo se puede prolongar cuando se trata de un medicamento administrado por vía oral o cuando el alérgeno es de origen alimentario.

Los síntomas, al ser multisistémicos, se pueden combinar de diversas formas, aunque en términos generales podríamos decir que involucran fundamentalmente cuatro sistemas: el cardiovascular, con síntomas como la taquicardia, palpitaciones o colapso respiratorio; el sistema gastrointestinal, con síntomas como los cólicos abdominales, diarreas, náuseas y vómitos; el respiratorio, con disnea que puede ir acompañada de sibilancias, tos y esputos teñidos de sangre o cianosis. Y el último gran sistema involucrado sería la piel, con síntomas como la urticaria, prurito, angioedema o eritema.

Es importante tener presente que todos estos síntomas pueden aparecer sucesiva y rápidamente y con la posibilidad de muerte inminente si no se toman las medidas adecuadas.

Tratamiento del shock anafiláctico

Como se acaba de apuntar, el shock anafiláctico es una urgencia médica que requiere una intervención lo más rápida posible. El primer paso consiste en colocar al paciente acostado y con las piernas elevadas. A continuación se le administrará por vía intramuscular, por lo general en la cara anterior del muslo, una dosis de epinefrina que, en los adultos será de 0.3 a 0.5 ml. en una solución 1/1000 y en los niños de 0.1 ml. por cada 10 kg. de peso. Esta dosis se podrá repetir, en caso de necesidad, hasta un máximo de 3 veces a intervalos de 10 a 15 minutos. A partir de ahí será imprescindible la monitorización cardiaca en un servicio de cuidados intensivos.

En el caso de que la anafilaxia se debiera a la picadura de un insecto o a una inyección en las extremidades, se procederá a colocar un torniquete con el objeto de retrasar en lo posible la absorción del antígeno, administrándose además 0.25 ml. de epinefrina en el área afectada.

Paralelamente habrá que estar atentos a la permeabilidad de las vías aéreas y colocar la cabeza ladeada por si hubiera vómito. Si fuera necesario se procederá a la respiración boca a boca que, de resultar infructuosa, obligaría a practicar una traqueotomía. En caso de parada cardíaca, también se procedería a la respiración artificial acompañado de masaje cardiaco.

El tratamiento farmacológico incluye, por este orden, el empleo de epinefrina, antihistamínicos y costicosteroides o corticoides.

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