Shakes, The Clown (1991), literalmente ´Shakes, El Payaso´, es un film protagonizado, escrito y dirigido por Bobcat Goldthwait. Queda ahora desde la distancia como una poco reivindicable rareza dentro de la filmografía del norteamericano.

Bobcat Goldthwait, director de cine

Durante los años 80, Bobcat Goldthwait se convirtió en uno de esos cómicos de monólogos (los stand-up americanos) a los que se amaba o se odiaba. Difícil tener un término medio. Más conocido entre el espectador español y latinoamericano por interpretar a Zed en varias secuelas de la infame saga Loca Academia de Policía, sus aspavientos y gritos al ¿hablar? no eran del gusto de todos.

Lo que no se conoce tanto es su faceta de director de cine. Su carácter indie, aunque rozando lo polémico, y el poco prolífico trabajo detrás de las cámaras no le han hecho todavía reconocible entre el gran público. Después de Shakes, The Clown, 15 años tuvo que esperar la gran pantalla para recoger una nueva película de Goldthwait. La cierta repercusión de Los Perros Dormidos Mienten en 2006 le permitió afianzarse definitivamente en el rol de director; en 2009 realizó la excelente World's Greatest Dad, con Robin Williams y en septiembre presentará God Bless America en el festival de Toronto.

Argumento de Shakes, The Clown

Shakes no es el típico payaso terrorífico de las películas, pero sus incómodas "virtudes" resultan también preocupantes: alcohólico, mujeriego y con tendencia a eructar muy a menudo. Su profesionalidad al hacer reír a los niños choca con una patética actitud en lo privado. La complicada existencia del protagonista quedará aun más enrevesada cuando tenga que hacer frente al asesinato de su propio jefe.

Shakes buscará ayuda entre sus colegas (un jovencísimo Adam Sandler entre ellos) para intentar atrapar al verdadero asesino: el payaso Binky, interpretado por Tom Kenny, famoso por poner la voz a Bob Esponja en la célebre serie de dibujos animados.

Payasos aburridos

Si bien en este film de 1991 ya se aprecia el gusto del director por nadar a contracorriente y por el rechazo de algunas convenciones, su inclasificable voluntad de amparar la imperfección de la condición humana no alcanzaría cierto pedigrí hasta Los Perros Dormidos Mienten y World´s Greatest Dad. Y es que en estas dos últimas abunda todo lo que a la primera le falta: cohesión, ritmo y contundencia en el discurso que proponen.

Shakes, The Clown es, digámoslo ya, una película tediosa y uno de los peores productos de los años 90. Ni la mayor parte de la crítica ni la audiencia le dieron la razón, siendo uno de los mayores fracasos comerciales del año... a pesar de haber costado poco más de un millón de dólares.

Una película que promete mucho más de lo que ofrece

Y no es que la cinta empiece sin mostrar cosas interesantes, más bien todo lo contrario: una casa sucia, resacosa en sí misma de una (se intuye) anterior noche llena de alcohol y sexo; un púber pasa por delante del sofá, donde su borracha madre descansa, y entra en el cuarto de baño; la puerta del aseo choca con la cabeza del payaso Shakes, que está tendido en el suelo reposando su embriaguez.

Cinco minutos después, el protagonista conduce su viejo coche, introduciendo los títulos de crédito y a una balada sesentera que acompaña los insertos de imágenes de niños sanos e inocentes jugando en los jardines. Un comienzo, sin duda, políticamente incorrecto y que llega a prometer hora y media de ironía y crítica social. Una promesa que, por desgracia, no se cumple.

Shakes, The Clown, una historia sin interés

Todo lo que viene después se mueve entre un humor estridente, alcanzando el ridículo, y una historia mutilada por una total falta de énfasis. Las "aventuras" de los protagonistas, simplemente, no importan; y el alcoholismo de Shakes queda como una anécdota caricaturesca más que como una invitación al espectador para empatizar (y simpatizar) con él.

El hecho de que la película esté cargada de palabras malsonantes tampoco ayuda mucho. Goldthwait parece estar tan obsesionado por mostrar una visión atípica de los payasos que los tacos y la escatología quedan forzados y muy metidos con calzador, algo que empaña esa complicidad inicial con el público adulto que el director persigue.

Se salvan, eso sí, las peleas entre mimos y payasos y el estupendo cameo de Robin Williams en el papel de profesor de mímica. También hay que agradecer a Goldthwait que por lo menos dejara atrás su característica (e irritante) voz que tanta fama le dio en las secuelas de Loca Academia.