La esplendorosa belleza de la Taylor se niega, a los 78 años, a desaparecer completamente y con porfía nos saluda, las más de las veces desde una silla de ruedas que se ha transformado en una compañera casi inseparable de la estrella.

La hermosura de la muchachita que saltara a la fama con la perra Lassie, encantando a generaciones de cinéfilos, hizo de ella una estrella antes de ser reconocida como actriz. La Taylor, más que una desbordante sexualidad, tipo Loren o Bardot, asaltaba con su encanto los sentidos de un modo sensual gratificándolos y proporcionando una plenitud de los mismos.

Decididamente hetero, la pasional actriz sumó uniones (ocho con papeles, hasta el momento) y relaciones entre las que destacan su inclinación por los varones machos y en su época era comidilla la brutalidad que sufría (¿o no?), a manos su adorado esposo Mike Todd, desaparecido en un accidente de aviación (1956).

De Mike Todd al atormentado Richard Burton

Luego de varios paréntesis mantuvo una viva relación con su compatriota Richard Burton. No podemos decir que cayó en sus brazos, más bien que se enfrentaban a menudo y, en tiempos de bonanza, caminaban de la mano. La británica Elizabeth nunca se desdijo de su temperamento volcánico en sus relaciones con el sexo opuesto.

En forma concomitante y en el plano de la amistad, la actriz ha volcado su cariño hacia sus cercanos, distinguiendo con su afecto a compañeros de trabajo como el sufriente Montgomery Clift. Con este renunció incluso a jugosos contratos para estar a su lado luego del terrible accidente que Clift enfrentara y en su largo periodo de recuperación (cuyo final nunca llegó).

James Dean también le fue próximo y contó con su apoyo y amistad aunque la brevedad de su existencia, muerto a los 24 años), les alejó de forma temprana. Anecdóticamente, la temperamental actriz habría de verse rodeada de un trío de amigos homo: James Dean, Sal Mineo y Rock Hudson en el rodaje de “Gigante”. “Creo que su único consuelo era el alcohol en esa caliente California”- comentaría luego-en su época de divorcio temporal, el conocedor Burton.

Rock Hudson y una amistad indestructible

La amistad y el afecto entre ambos destacó en un mundo tan competitivo como Hollywood. Ya las formas rotundas de la Taylor y su vivir volcánico la convertían en un símbolo sexual definido, superada la etapa de un ser pleno de gracia juvenil cuya contemplación provocaba un placer sensual más amplio que su rol asumido más tarde de estímulo sexual.

Las imágenes de un Hudson esquelético, consumido por el sida, la enfermedad que entonces asomaba como la hidra maléfica de siete cabezas en el séptimo arte, recorrieron el mundo y jamás faltó la presencia solidaria de la actriz junto al amigo moribundo.

Michael Jackson siempre pudo contar con ella

El rol de la Taylor con el fenomenal bailarín- cantante fue, a más de amiga fiel, el de una madrina protectora ante el sinfín de malos momentos que el artista sufrió en su agitada vida.

En los peores momentos de Jackson cuando, más que bailar en los escenarios, lo hacía en la cuerda floja, oscilando entre la libertad y la cárcel, siempre hubo un mensaje de apoyo y optimismo por parte de la Taylor que, además accedía a prestar su rol de mito viviente, en algún video del aproblemado cantante. Jackson le correspondió homenajeándola en dos canciones: “Elizabeth I love you”, compuesta exclusivamente para ella y dedicándole “Liberian girl”.

La pasión que la Taylor ponía en sus tormentosas relaciones hetero con violentos machos se transformaba en una relación de cariño demostrado públicamente, no menos intensa pero controlada, con sus amigos homos, compañeros del alma, diríamos.

Eso sí, jamás hizo extensiva esta actitud hacia las de su propio sexo. Conociendo a la pasional Elizabeth Taylor, podemos presumir que las lesbianas encontrarían en ella comprensión pero no la cercanía destinada a los homos varones.