Tras la guerra civil, España se convirtió en un terreno abonado para el resurgimiento de todo tipo de frustraciones sexuales muy relacionadas con la represión de tipo moral que la Iglesia Católica ejercía sobre la ciudadanía y sobre toda forma de expresión artística. Aunque este tipo de represión institucional de la sexualidad es habitual en muchos países, es evidente que durante la dictadura esta llegó a cotas muy elevadas y fue unida a la utilización de los medios de comunicación para la difusión de los principios ideológicos y los valores del régimen.

En lo que al cine se refiere, el control se organizó en base a dos líneas de actuación. Por una parte, la censura directa, que permitía controlar lo que se filmaba y cómo se distribuía. Por otra parte, la escasa consolidación de la industria cinematográfica española permitió que el gobierno estableciera un sistema de subvenciones del que enseguida empezaron a depender la mayoría de productores y directores.

No obstante, esas dos vías de control no lograron evitar que, tras una primera etapa de identificación total con el régimen, la industria cinematográfica fuera evolucionando hasta llegar a desligarse totalmente de esa rectitud moral de la que el régimen hacía bandera.

La autarquia y la ambigüedad sexual

Hasta bien entrados los años cincuenta, el cine español se caracterizó por una gran austeridad de medios. Después de la diáspora de actores y directores que supuso el fin de la guerra civil, los que quedaron eran mayoritariamente afines al régimen y se veían obligados a trabajar en condiciones de auténtica precariedad, con contadas excepciones como la de Raza, la película insignia de los primeros años del franquismo, que contó con los medios de una auténtica superproducción.

En estos primeros años, los filmes se alejan de toda referencia al sexo y los personajes, tanto hombres como mujeres, se muestran como seres casi asexuados, entregados a otros cometidos más nobles o más necesarios.

La mujer, de cara angelical y mirada inocente, se muestra entregada por entero a la defensa de los "valores españoles" - la familia, la patria y la fe - , a veces simplemente como comparsa del "hombre español" - varonil, valiente, honorable - y otras veces dueña de su propio destino pero dispuesta a sacrificarse por España, como en Agustina de Aragón (Juan de Orduña, 1950).

Paralelamente, el cine más puramente franquista, aquél en el que los personajes se centran en la representación del ideario del régimen, empezó a mostrar historias de amistad viril que algunos historiadores han considerado eufemismos de la homosexualidad al remarcar los acercamientos físicos entre hombres mientras que estos nunca se dan entre hombre y mujer, como puede verse claramente en ¡A mi la legión! (Juan de Orduña, 1942).

La pasión con consecuencias negativas

Los años 50 significaron para España el inicio de su apertura internacional, con las primeras ayudas del Plan Marshall y la llegada de los primeros turistas, y también fue la época en que la cinematografía española se empezó a relajar, con películas cargadas con un erotismo suave como el de El último cuplé, en la que una Sara Montiel maquillada y con vestidos escotados se mostró consciente de su sexualidad y se conviertió en uno de los primeros mitos eróticos del país.

No obstante, esa erotización de la figura femenina y ese reconocimiento de las relaciones entre hombres y mujeres fuera del contexto de la familia no entra aún a cuestionar la moral católica y, frente a la historia de amor pasional, sitúa el cortafuegos de la culpabilidad, en la que no sólo pueden encajarse las películas hispanas sino también algunos ejemplos de importación, como el caso de Lo que el viento se llevó (Victor Flemming, 1939), en la que la pérfida y egoísta Scarlett acaba sola y abandonada.

El aperturismo y la comedia sexual sin sexo

Posteriormente, durante los años sesenta y principios de los setenta, la industrialización forzada, la apertura al turismo internacional y los amagos de modernización social del propio régimen llevaron a una oleada de producciones en las que el sexo va incorporándose poco a poco a los argumentos cinematográficos, aunque siempre desde un punto de vista negativo - como parte de actitudes recriminables como la infidelidad conyugal - y siempre asociado a elementos foráneos, como las extranjeras que poblaban las playas con sus bikinis.

Las primeras películas de este tipo fueron comedias intrascendentes y normalmente de baja calidad en las que los hombres engañaban a sus santas esposas con mujeres de mala vida., un tipo de argumento que luego se perpetuaría, con una mayor carnalidad, en los filmes del destape No obstante, posteriormente empezaron a aparecer cineastas críticos con el régimen que utilizaban la sexualidad y los traumas derivados de la represión sexual como una manera de criticar indirectamente el gobierno y la moral católica.

En todo caso, no se trataba de películas abiertamente sexuales o, al menos, no lo eran al principio, sino que se trataba de filmes en los que aparecía la idea del sexo pero no escenas sexuales claras y, en los casos en que se superaban ciertas líneas marcadas por la censura, los filmes se encontraban con grandes dificultades para estrenarse, cómo le ocurrió a Tamaño natural (Luís García Berlanga, 1973), que no se pudo distribuir en España hasta 1977.

La perpetuación del "estilo franquista" y su contrapunto: el "Destape"

Después del fin de la dictadura se produjeron dos movimientos antagónicos. Por una parte, algunos directores siguieron aferrados a la que había sido su línea de actuación durante el franquismo y continuaron con un tipo de cine "mojigato" o, aún peor, marcado por la dicotomía franquismo-represión vs democracia-liberación sexual, que dió como resultado la aparición de un cine erótico de tipo estrictamente español y no exportable, el del llamado "Destape", en el que había mujeres "buenas" y "decentes" y mujeres "modernas" y "sexualmente liberadas".

Habría que esperar a la irrupción de las nuevas generaciones de creadores, cuya carrera no había estado marcada por el franquismo, para que el sexo empezase a aparecer en el cine español de una manera natural.