Sextape es una historia sobre la fama y sobre las obsesiones. El autor francés Thomas Cadène narra la excéntrica relación entre Anja, una cantante que, a pesar de su juventud, alcanzó el estrellato años atrás y ahora vive recluida en una lujosa casa de montaña, y Will, el dueño de un bar en un pueblo cercano. Todo ello, con el trasfondo de una investigación sobre un misterioso suceso que no se aclarará hasta el final de la novela gráfica.

Dibbuks publica ‘Sextape’ en España

Dibbuks publica Sextape, editada originalmente en Francia en abril de 2010, al precio de 18 euros. En la contraportada del volumen se explica que la cinta de sexo a la que hace referencia el título “es un vídeo privado que muestra a una persona famosa en un contexto sexual, con sin pareja(s), difundida por Internet de forma involuntaria entre un público al que no estaba destinada oficialmente”. Un buen reclamo y una excusa argumental, pero Sextape no va exactamente de eso.

Sí es cierto que es el desencadenante del final, pero el cómic de Thomas Cadène tiene otros temas de fondo a los que da mayor protagonismo. Puede leerse como una visión de la fama y las excentricidades que cometen quienes la alcanzan. Pero también como un retrato de las obsesiones y todo lo que pueden llevar a hacer a una persona que se considera normal. Ambos temas tienen mucha más fuerza en la novela gráfica que el componente sexual de la obra.

Gran guión de Thomas Cadène

Cadène elabora un guión fascinante, con tres narradores presentes (la novia de Will, el ama de llaves y el guardaespaldas de Anja) y una estructura formada por continuos flashbacks que van aportando información con cuentagotas, manteniendo la intriga. Desde la primera página, el autor deja claro que hay un misterio de fondo, un suceso dramático, una investigación, pero elude revelar sus detalles hasta las últimas páginas de la novela gráfica.

Sextape esconde una clara crítica a las figuras mediáticas de nuestros días (no es difícil ver un reflejo encubierto de Britney Spears en la rubia protagonista), a los que considera auténticos ídolos con pies de barro. No sólo por el excéntrico carácter de Anja, sino también por la posesiva actitud de su madre o las triquiñuelas a las que recurre su agente para mantener a la antigua estrella a su lado. Todo esto se explica con sutileza, casi con un aire de normalidad que denota maestría en la narración.

El retrato de la obsesión es, quizá, algo más convencional, pero igualmente fascinante. Will y Anja comparten diferentes formas de la misma obsesión, aunque, en realidad, están muy alejados el uno del otro. Contando con la novia de Will como narradora, se da a entender que la obsesión que preocupa a Cadène es precisamente la de Will, la de quien se adentra en un mundo que le es desconocido y que se siente tan atrapado que progresivamente va abandonando su propia vida.

Dibujo debatible

El guión de Cadène es magnífico, desde el misterioso comienzo a la sorprendente conclusión. Sin embargo, su trabajo como dibujante, de formación autodidacta, es más debatible. Tiene un estilo muy particular que en algunas escenas encaja muy bien con la historia y en otras deja en el aire la pregunta de cómo habría sido esta novela gráfica con un dibujo algo más cercano a parámetros realistas, aunque en cualquier caso propone composiciones de páginas y viñetas arriesgadas y hermosas.

Sextape es una buena historia de misterio, un relato que se aproxima a ratos a las fronteras del género negro (la figura de la femme fatale está latente aunque no del todo desarrollada como tal) y que supone una cruda y crítica valoración de la imagen que proyecta una cantante joven, rica y famosa, y las consecuencias que tiene su modo de vida. Un cómic francés más que interesante.