Como en cualquier otro ámbito artístico, lo erótico ha estado presente en el mundo de los videojuegos desde sus inicios. Así como a la invención del cine siguió la grabación de películas de tinte erótico o abiertamente pornográfico (casi siempre exhibidas en círculos privados y selectos), los desarrolladores han aprovechado las posibilidades que este nuevo tipo de ocio les brindaba para plasmar una de las preocupaciones más antiguas de la humanidad: el sexo.

Sexo recreativo

Basta echar la vista atrás para comprobar cómo videojuegos de los años ochenta intentaban abordar esta temática. Con apenas un puñado de píxeles, máquinas recreativas como “Gal’s Panic” o “Pocket Gal” adaptaban la mecánica del strip poker a los más variados deportes: billar, tetris, tenis… Bastaba ir superando diferentes retos para que las chicas del videojuego (por lo general, las oponentes del jugador) se fueran despojando de su ropa hasta quedar completa o casi completamente desnudas.

Por el lado del PC, la apuesta era la misma, si bien las tarjetas gráficas de aquellos tiempos no permitían los alardes tecnológicos de los que hacían gala las recreativas, las versiones de strip poker, strip mus, strip lo-que-sea, eran moneda de cambio habitual en los descansos entre clase y clase. La calidad de las imágenes no pasaba de ser anecdótica: fotos pixeladas hasta la locura de los iconos sexuales de la época (Sabrina, Samantha Fox…), representadas con dieciséis colores en el mejor de los casos.

Los videojuegos del destape

Pocos años después, la aparición de las nuevas tarjetas gráficas con resolución VGA, unido al carácter casi underground de los videojuegos, propiciaron el desarrollo de títulos de un mayor calado erótico.

Las máquinas recreativas comenzaron a perder clientes en favor del PC, hasta el punto de casi desaparecer por completo. Los videojuegos ganaron en realismo gráfico y afloraron (entre otros) los juegos de rol japoneses en los que, entre pantalla y pantalla, el jugador podía disfrutar de viñetas subidas de tono al estilo japonés o hentai.

Esa época vio nacer también todo un icono de la aventura gráfica: Larry Laffer, cincuentón de calva incipiente con vocación de playboy que veía como sus planes para llevarse a la cama a las mujeres más sensuales de la ciudad eran una y otra vez frustrados por su torpeza y su mala suerte, en una ensalada de diálogos con segundas intenciones y situaciones absurdas que arrancaban carcajadas por millares entre su seguidores.

Ésta fue, por tanto, la adolescencia del género de los videojuegos en lo que a erotismo se refiere. El sexo se contemplaba en los títulos de la época bien como algo tabú y que, por tanto, nunca era mostrado, bien como algo escandaloso y por consiguiente objeto de toda clase de chistes y chascarrillos, en una situación similar a la vivida por el cine español durante la época del destape.

Eros en la actualidad

No ha sido hasta fechas más recientes, con el advenimiento de las consolas de última y penúltima generación, PS3 y X-Box 360, que el erotismo no ha comenzado a tratarse de una forma seria y adulta. A fin de cuentas, el ocio digital mueve unas cifras de negocio que le hacen competir de tú a tú con el cine, con decenas de historias que pasan de un medio otro con la misma naturalidad con que lo hacen libros y películas.

Ejemplos del buen hacer y la seriedad en el tratamiento del sexo lo podemos encontrar en videojuegos de la pasada generación como “Fahrenheit”, donde encarnamos a un personaje atormentado y en el que, tras una emotiva escena de reconciliación, asistimos a una escena de cama con su pareja. Una escena llena de emotividad y mostrada con auténtico buen gusto.

Ya en la presente generación, tenemos las dos primeras entregas del exitoso Space Opera de Bioware, “Mass Effect” y “Mass Effect 2”, en las que, además, la elección del protagonista por parte del jugador abre las puertas a la posibilidad de una relación homo o heterosexual que no se limita al mero acto físico (siempre sugerido, nunca mostrado), sino que va más allá, dotando de mayor profundidad y realismo a los personajes.

Una orgía de géneros

Ningún género escapa hoy en día al erotismo, que se ha convertido en un ingrediente más con el que confeccionar videojuegos más profundos y maduros. Quien disfrute con la microgestión de los “Sims”, podrá ver cómo se aplican los mismos principios a “La Mansión”, donde un grupo de personajes conviven en la famosa mansión Playboy. Quien disfrute con un arcade como “Devil May Cry”, podrá disfrutar de una bruja que reparte por igual muerte y sensualidad en “Bayonetta”.

Sin embargo, no todo es profundidad y sugerencia en esta nueva hornada de títulos. Aún subsisten los videojuegos de corte más clásico, reducto de una adolescencia con síndrome de Peter Pan que se resiste a desaparecer.

Ahí está la última entrega de Larry (esta vez protagonizado por el sobrino del ínclito personaje, y un tanto descafeinada, es cierto), o “Onechambara”, en la que un grupo de mujeres vestidas con un sombrero tejano y poco más dan cuenta de hordas interminables de zombis a golpe de katana. O “Grand Theft Auto IV”, en el que la cámara ejecuta un sutil traveling cuando el protagonista alquila los servicios de una acompañante, dejando la escena fuera de plano.

Son todos ellos juegos calificados para mayores de 18 años, dirigidos a un público que creció en un salón de recreativos y cuya edad ronda ahora la treintena. Son los “Porky’s”, “Garganta profunda” y “El imperio de los sentidos” del arte interactivo, que demuestran que el erotismo no es sino una faceta más de la vida y que, como tal, tiene cabida también en el mundo del videojuego.