Sexo. Sexo. Y más sexo. Tabú religioso. El problema más básico de la humanidad: por exceso o abstinencia. El sexo siempre genera conflictos, aun en las sociedades más promiscuas.

Y a través del sexo, de una sexualidad conflictuada al límite de la locura, Alfredo Ramos (dramaturgia y dirección), transporta al espectador a un taller de reparación de partes de automóviles. Un taller grasiento y repleto de hollín de allá por los años 60.

Sexo, pasión, desenfreno, celos y humor en Retazos de la Dolce Vita, una obra en cartelera en el teatro La Carpintería del Abasto porteño. Un viaje a las raíces italianas atravesando lo grotesco.

Sinopsis de Retazos de la Dolce Vita

Porciones de imágenes de un negocio familiar de una clásica cuna italiana. Valores que se transmiten a través de las generaciones: la importancia del trabajo, de la familia unida, y el empeño duro y sin descanso para poder ahorrar unos centavos.

Marcello (Pablo de Nito) es un padre de convicciones tradicionales, a cargo del grupo familiar y de la dirección del taller donde trabajan sus miembros. No dudará en imponer “mano dura” cuando sea necesario.

Una madre que abandonó con su muerte a esos chiquitos que hoy, un par de décadas después, la conservan mitológicamente presente.

Una amante (Gaby Moyano) que partió dejando un bebé y al corazón de Marcello detrás.

Hijos obsesionados con el sexo, persiguiendo sueños. Uno de ellos (Andrés Raiano) enamorado de una chica pudiente (Carolina Ferrer), de firmes valores religiosos. Otro (Leonardo Martínez) enceguecido por un anhelo inalcanzable. El tercero, un asesino (Leonel Elizondo) pretendiendo ser el macho del palomar. Y una hija (Flor Dyszel) astutísima, manipuladora, absolutamente sexual que está dispuesta a hacer cualquier cosa por conservar el amor de sus hermanos, y no precisamente el fraternal.

Un secreto con un niño crecido que conserva intacta su memoria. Un recuerdo vívido. La mirada hacia el futuro para huir de un presente nauseabundo. Violencia en todos los sentidos sutilmente balanceada con la obsesión sexual, la zoofilia, el incesto y el engaño.

Unos zapatos verdes.

Y la Fontana di Trevi.

Sociología coetánea más allá del telón

Un trasfondo sociológico interesante confrontado con una realidad cruda y fría como la contemporánea. Aquellos tiempos no son estos: hoy la sexualidad excede lo explícito. Retazos de la Dolce Vita incita al replanteo de lo cotidiano con una cruel, pero no menos realista, visión de los estandartes que caracterizan a una sociedad que pretende ser libre, rozando la rudimentaria vulgaridad. Asusta, y mucho, de sólo atinar a pensarla.

El sexo cambió. Antes, un tabú. Hoy, la sobreexposición. Un exceso redundante, tan redundante como la realidad actual: mujeres desnudas a toda hora y en todo lugar.

La obra es una invitación a reflexionar sobre el importante papel que tienen las mujeres en la manipulación de los hombres que pretenden imponer sus propias leyes de juego. El dilema es ¿a qué precio? También incita a la evaluación de aquellos valores que Marcello le transmite a sus hijos: el rol de la mujer en la satisfacción sexual, el amor no va. Una verdadera cosificación de la fémina.

Crítica de Retazos de la Dolce Vita, un trazo familiar

Una obra donde conviven en perfecta armonía lo grotesco, lo absurdo, la complicidad, el incesto y la tragedia, atravesados por la ansiedad sexual. En Retazos de la Dolce Vita se equilibran desde los diálogos hasta los vestidos, pasando por la chapa ajada y unas palomas apasionadas. Una suerte de comedia negra que trasluce un trabajo profesional, tenaz y apasionado. Y todo conjugado entre la abstinencia y el instinto sexual.

¡Mangia! ¡Mangia che ti fa bene! (¡Come! ¡Come que te hace bien!) Pero los trapitos sucios se lavan en casa, porque al final lo importante queda en familia.