El Sr. X es un hombre regular y común. Como muchos, por una situación personal, tiene una amante de la que disfruta periódicamente con alegría, y por la cual, más de una vez ha puesto en riesgo su familia y su trabajo.

La Sra. Z es una perfecta ama de casa y una excelente mujer de negocios. Moderna, activa, disfruta de las relaciones sexuales con su esposo tres o cuatro veces por semana. Está satisfecha y siempre lista para un rato de intimidad con el hombre que ama.

Ambos, sin embargo, sienten que la libido disminuye notoriamente cerca de las fiestas navideñas. Los dos son cristianos y saludables, no particularmente estrictos con sus creencias religiosas.

¿Qué pasa entonces? ¿Hay alguna relación directa entre el sexo y la Navidad?

El estrés

Las celebraciones masivas y temáticas invaden la realidad cotidiana. Se crea una obligación interna de ser feliz en Navidad. Costumbre adquirida a lo largo de la vida o aprendida desde la cultura del entorno, poco importa.

El hecho es que tanta inocencia y espiritualidad, tanto reencuentro familiar de publicidad, villancicos, Christmas Carols, postales, buenos deseos, Santa Claus y el Belén, alejan al individuo de su sexualidad.

El animal sexual interno queda un poco acobardado, disminuido ante el esplendor del muérdago. Las compras Navideñas desbocadas, las economías que no cierran, las reuniones forzadas y en cantidad, comidas en exceso, mucho alcohol y poco tiempo.

Todos estos aspectos no brindan ni mucho menos la energía y el deseo suficientes para una relación sexual plena.

El comportamiento opuesto

Soledad. palabra temible y espantosa cuando se codea con las celebraciones. Estar solo en Navidad es vergonzante. La ausencia de congéneres que se lleva tan bien durante el resto del año, pesa ahora como una losa.

El solitario busca compañía para esos momentos de comunión familiar. Las depresiones se agudizan, y los servicios de acompañantes sexuales elevan notoriamente su demanda.

A primera vista pudiera parecer que las Navidades alojan un montón de revoltosos juguetones, pero en realidad, en estas fechas, el servicio de acompañantes se convierte, muchas veces, en refugio de lágrimas por tiempos pasados y nostalgias.

En estos casos, los prestadores y los clientes se unen de otro modo, el de la comunicación, durante las fiestas las relaciones cambian.

Los que tienen una vida sexual regular sufren altibajos, los solitarios buscan contención y compañía. En pocos días todo vuelve a la normalidad, sacando el decorado, el impulso vuelve a su cauce.

Cada Navidad la misma cuestión, ¿será que la Navidad es una época de Paz y Amor sin sexo?

Evidentemente la tradición cristiana tiene peso en nuestros genes y costumbres y durante unos días todo se vuelve más blanco e inocente.