Sexo y deporte, tienen muchos puntos en común: esfuerzo físico, transpiración, aceleración de las pulsaciones, aumento de la intensidad respiratoria, liberación de endorfinas. Ambas actividades proporcionan una intensa sensación de placer y bienestar y una laxitud posterior, las dos estimulan de manera positiva el ánimo del ser humano.

Los deportistas profesionales, como el resto de la humanidad, tienen deseo sexual, una libido que necesitan satisfacer, incluso más que aquellas personas no deportistas. Dado que su condición física es superior a la del individuo sedentario, su necesidad sexual está más alerta y es más frecuente porque el ejercicio físico, además de endorfinas, aumenta los niveles de testosterona en el varón.

No es de extrañar entonces, que después de una jornada de intenso deporte, como una competición profesional, ellos se encuentren en su punto álgido de libido y deseen tener un encuentro sexual.

Si ambas actividades son evidentemente beneficiosas, ¿cómo se ha creado la controversia de si los deportistas profesionales deben o no mantener relaciones sexuales?

Por el no

La metodología tradicional utiliza las concentraciones cerradas antes de la actividad deportiva profesional, pero esto conlleva siempre las "escapadas" de algunos deportistas que sienten la urgencia acuciante de una relación sexual.

Contravienen las normas impuestas por sus preparadores, salen a deshoras, gastan tiempo y energía buscando una compañera sexual, y muchas veces, cometen excesos nada deseables para el empeño deportivo. Es esto lo que causa el menor rendimiento, todo el esfuerzo invertido en la búsqueda de la relación sexual, porque esta, en sí misma, no representa un consumo mayor a 350 calorías, energía fácilmente recuperable con la ingestión de algunos alimentos.

Una actividad sexual normal, con la pareja deseada, permitida y natural, ayuda a calmar la ansiedad y el estrés naturales antes de las actividades deportivas de alto rendimiento.

Entonces, aunque no hay causas probadas fisiológicas que sustenten la prohibición del sexo acompañando a las competencias deportivas profesionales, sí tendría cierto sustento desde el punto de vista psicológico.

Relaciones casuales o infidelidades exigen más desgaste emocional y físico de lo normal y coadyuvan a una desconcentración por parte del deportista.

Otra de las causas es que el individuo crea realmente que la actividad sexual disminuye su desempeño deportivo, y aún no siendo cierto, lo asuma y afecte como si lo fuera.

Por el sí

La actividad sexual moderada y estable es beneficiosa para el deportista. Reduce la ansiedad y conforta el aspecto emocional, afianza la seguridad en sí mismo y evita la depresión y la baja del rendimiento que causa la abstinencia sexual forzada y prolongada.

El gasto energético que conlleva el sexo es irrelevante para el desempeño en la competición, se recupera la energía perdida fácilmente con un alimento liviano.

Estudios realizados por Lázaro Mancebo (1987) como "Estudio Comparativo del Rendimiento Físico antes y después de la Actividad Sexual en los varones" demostraron que no hay diferencias significativas y perceptibles en el desempeño de un grupo de deportistas que no habían mantenido relaciones sexuales antes de la competencia y otro, que había mantenido relaciones una hora antes de la prueba.

El Test Margaria y el Test Wingate, llegan a las mismas conclusiones. Deportistas como futbolistas, rugbiers y boxeadores han manifestado que tienen relaciones sexuales o se masturban antes de la competencia, por cábala o porque les hace sentir relajados y concentrados mentalmente.

Cassius Clay mantuvo una agitada vida sexual y amorosa y fue una de las figuras del boxeo. Elías Figueroa, jugador de fútbol chileno, comentó que su entrenador le recomendaba tener relaciones sexuales la tarde previa a un partido. Pelé, el jugador de fútbol brasileño, nunca suspendió su actividad sexual hubiera un enfrentamiento al día siguiente o no.

Entonces... ¿sexo y deporte?

Sí, el deporte y el sexo se tocan constantemente, los dos utilizan el cuerpo, lo exponen y le exigen, ambos regalan al individuo la liberación de endorfinas que son muy beneficiosas para el estado mental y físico. Son actividades encadenadas, el deporte mejora el rendimiento físico, la actividad cardiaca y respiratoria y pone alerta todos los sentidos.

El erotismo que emana del deporte es claramente perceptible, y el deportista profesional tiene las mismas necesidades, sino más, que el resto de las personas. Por lo tanto la sexualidad debe estar contemplada como algo natural y necesario para su bienestar físico, mental y emocional.