La información es necesaria pero ha demostrado no ser suficiente para evitar conductas sexuales de riesgo y el contagio de enfermedades de transmisión sexual, porque a la hora de tomar decisiones con respecto a la sexualidad, están implicados la personalidad, la educación, los valores y las creencias.

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS), también denominadas enfermedades venéreas e infecciones de transmisión sexual (ITS), son enfermedades contagiosas que se adquieren a través del contacto sexual con alguien que esté infectado, provocadas por bacterias, hongos, protozoarios y virus. Estas enfermedades presentan alta incidencia en la mayoría de los países.

Conductas sexuales de riesgo

Los autores Espada-Sánchez, Quiles-Sebastián, & Méndez-Carrillo en su artículo Conductas sexuales de riesgo y prevención del SIDA en la adolescencia. Papeles del psicólogo, publicado en el año 2003, establecen que: “Una conducta sexual de riesgo sería la exposición del individuo a una situación que pueda ocasionar daños a su salud o a la salud de otra persona, especialmente a través de la posibilidad de contaminación por enfermedades sexualmente transmisibles como el SIDA”.

Los comportamientos sexuales riesgosos incluyen:

  • Mantener relaciones sexuales con múltiples parejas o diversos grupos sexuales.
  • Haber padecido una enfermedad de transmisión sexual.
  • Desconocer la historia personal de la pareja y si padece o ha padecido alguna infección de transmisión sexual.
  • Usar drogas o alcohol por el peligro de compartir jeringuillas, agujas u otros utensilios contaminados, y porque el consumo de estas sustancias menoscaba la capacidad del individuo para hacer elecciones apropiadas sobre el sexo, facilitando comportamientos riesgosos que no llevaría a cabo en condiciones de abstinencia.
  • Tener una pareja que consume drogas por vía intravenosa.
  • Mantener relaciones sexuales sin el uso de preservativos con parejas desconocidas.
  • La práctica del sexo anal sin las precauciones necesarias que este tipo de contacto sexual requiere: debido a que la mucosa rectal es propicia a infecciones de transmisión sexual al absorber fácilmente las sustancias depositadas en el recto, se incrementa el riesgo cuando la falta de lubricación durante el acto sexual, provoca fisuras anales.

Retos para el uso del preservativo

La percepción personal de creerse invulnerable y la suposición de que el preservativo solo debe usarse con personas que ya han tenido relaciones sexuales, son ideas que constituyen un enorme reto para la utilización de protección.

La decisión de usar el preservativo se ve atravesada por creencias infundadas sobre su eficacia, funcionalidad y consecuencias de su uso, a pesar de que no provoca ninguna clase de efectos secundarios.

La presunción de que el condón masculino interfiere con el placer o la sensibilidad sexual provoca obstinación a utilizarlo, sin considerar que una de las ventajas que tiene, es la de mantener más tiempo la erección y por tanto, lograr una relación sexual más prolongada.

Autoestima, asertividad y autoeficacia son fundamentales para la negociación de sexo seguro y para la posibilidad de negarse a mantener relaciones sexuales de alto riesgo. Resultando engañosa la asociación de conductas sexuales riesgosas con amor y confianza hacia la pareja.

La práctica del sexo seguro

El sexo seguro significa tomar precauciones antes y después del acto sexual para minimizar el riesgo de contraer o contagiar enfermedades de transmisión sexual. Aunque no es posible tener una relación sexual 100% segura, se pueden disminuir en gran medida los riesgos de contagios.

Algunas precauciones a considerar son las siguientes:

  • Planificación previa por parte de la pareja, acerca de la manera en que se va a ejercer la sexualidad y no en el momento en que se llevarán a cabo los actos sexuales.
  • Información precisa y óptima comunicación entre parejas para tomar decisiones adecuadas en el campo de la sexualidad con el fin de proteger la salud y disfrutar de relaciones sexuales placenteras.
  • Relaciones monógamas con personas conocidas y confiables, de las que se sabe que no han contraído enfermedades de transmisión sexual y de las que se conoce su estado de salud.
  • Uso continuado y correcto de preservativos por ambos sexos, uno a la vez, preferentemente de látex o de poliuretano en caso de presentar alergia al látex. Es mejor utilizar lubricantes hechos en base de agua en lugar de lubricantes de aceite que podrían dañar los preservativos.
  • Evitar el consumo de drogas y alcohol en situaciones donde se puede llevar a cabo el contacto sexual.
  • Es recomendable siempre usar condón en las relaciones anales y mantener una buena higiene.
  • Masturbación en pareja sin intercambio de fluidos; así como prácticas sexuales sin penetración.
  • Abstinencia sexual por decisión, ya sea periódica o sistemática.
  • Consultar a un médico ante cualquier indicio de haber contraído una infección de transmisión sexual.
Dada la importancia de la sexualidad en la vida de las personas, es motivo suficiente para adoptar medidas preventivas que ayuden a disfrutar sanamente del sexo, libre de enfermedades de transmisión sexual.