Suele suceder que muchas veces en nuestras vidas nos sentimos obligados a hacer ciertas cosas que no deseamos, pero qué ocurre cuando finalmente la ecuación resulta favorable y da como resultado placer.

Es ahí cuando surgen preguntas tan simples y tan complejas tales como, ¿qué sentimos cuando damos SEXO ORAL a modo de placer total? ¿Qué nos pasa por dentro?

La boca es fundamental en la sexualidad y no solamente para besar. Es una herramienta tan sensible como la pulpa de nuestros dedos, tan finamente activa como nuestras manos. Ésta es la razón por la que puede dar y recibir. Sin embargo, a veces tenemos tendencia a reducir su participación al mínimo: algunos besos en la introducción, algunas prácticas buco-genitales…. Para aumentar los placeres, te presentamos algunas ideas:

Si el sexo oral puede procurar un gran placer es porque el instrumento oral es a la vez complejo, eficaz y sensual.

La boca

Toda como orificio, produce placer. Puede contener ciertas partes del cuerpo: labios, lóbulo de la oreja, una porción de piel y, por supuesto, una parte del sexo, de la vulva, de los testículos o del pene. La boca es cálida, húmeda, suave y sensible, lo que la transforma en una herramienta de placer excitante.

La lengua

Es, junto con los dedos, la zona más sensible de nuestro cuerpo y también la más hábil. Ésta es la razón por la que cuando realiza caricias, éstas son extremadamente eficaces. También es el centro de la sensación del gusto y permite que éste aporte placer y también lo reciba: el de probar el cuerpo de la pareja.

Los labios

Son una frontera entre el exterior y el interior del cuerpo. El límite entre el beso y el french-kiss más penetrante, un aperitivo de la relación sexual. Los labios son activos, ya que pueden chupar, aspirar, acariciar, pero también pueden actuar como receptores.

Los dientes

En medio de la boca suave, tierna y húmeda, los dientes son duros. Es precisamente esta diferencia de consistencia lo que les vuelve interesantes, cuando se practica la sexualidad oral. Utilizarlos suavemente, con moderación, procura sensaciones interesantes... a condición de que se tenga siempre confianza en el otro.

La saliva

Es el lubrificante del beso. Pero también suele servir de lubrificante natural durante los encuentros

«sexo-boca». Y como el aroma de un buen plato, el deseo provoca la segregación de saliva. La cual puede ser voluntariamente utilizada como lubrificante durante las relaciones sexuales de penetración vagina-pene. La saliva siempre está disponible y es eficaz.

El gusto

Probar al otro con su lengua, su boca. ¿Encuentro su gusto salado? ¿Dulce? ¿Un poco amargo? ¿Delicadamente picante? El gusto como el olfato son los dos sentidos que permiten experimentar a fondo el amor oral

El olfato

Es el sentido más primitivo. El sexo oral permite conocer realmente el perfume de la intimidad del otro. Y en la mayoría de los casos, cuando se ama a la persona, nos encanta este delicioso olor... siempre y cuando la higiene sea irreprochable.

El aliento

Sirve para respirar, para percibir los perfumes, para soplar, para procurar caricias delicadamente ligeras en el cuerpo del otro.

Libertad total

¿A tu boca le apetece hacer el amor, pasearse por su piel, encontrar su sexo? ¡Pues mejor! Pero nunca has de sentirte obligada, jamás dejes que te fuercen a hacer algo de lo que no estás convencida. De la misma manera, que tampoco has de pedirle que haga algo que le repulse. El mayor placer se encuentra en la libertad de nuestros actos.