Las mujeres manifiestan que por diversos motivos no tienen ganas de hacer el amor, pero no pueden o no saben decir que no al esposo y hacen sexo sin tener ganas y, lo que es peor, tienen que fingir placer.

A veces, para evitar hacer el amor, se valen de excusas universalmente conocidas tales como: hoy no quiero hacerlo, me duele la cabeza; amorcito fijemos un día a la semana para hacer el amor; querido, qué tal si lo hacemos solo de noche, el día jueves; querido estoy cansada esta noche, etc.

Falta de excitación sexual en la mujer

Algunas mujeres manifiestan a menudo que no pueden excitarse. Ello es prueba de la incapacidad para alcanzar o mantener la respuesta de lubricación y dilatación genital, propia de la excitación, hasta la conclusión del acto sexual.

La falta de excitación sexual es una problemática adquirida, algo que puede convertirse en un estado crónico y permanente. En general las mujeres que padecen este problema no llegan al orgasmo.

El problema puede deberse a causas físicas como la vaginitis, cistitis, desórdenes de los sistemas nerviosos central o periférico. Otra cuestión que se debe tener en cuenta es el empleo abusivo de los medicamentos ante las diversas problemáticas que padecen las mujeres; entre ellos anticonceptivos orales, antidepresivos, etc.

Otra razón para no tener ganas de tener sexo es la llegada de la menopausia donde influirán razones psicológicas y orgánicas. La mujer sufrirá una etapa de cambios hormonales donde su cuerpo dejará de liberar estrógenos y los ovarios trabajarán menos. El cambio de carácter en la mujer durante este período es evidente, así como la pérdida de la libido que obedece directamente a transformaciones hormonales.

Consultas psicológicas

En el consultorio es donde se revela que otras de las causales de la pérdida del deseo sexual son predominantemente psicológicas o conductuales. Los motivos son numerosos, pero uno de los más comunes, según manifiesta el sexólogo Alejandro Aguirre, tiene que ver con cierta formación; una educación restrictiva que muchas veces condiciona la sexualidad femenina, ya que durante mucho tiempo el papel de la mujer, sexualmente hablando, no estaba orientado hacia el placer sino hacia la función reproductiva.

Casadas por obligación

Más de una vez una recién casada le confesó a su mejor amiga, al recibir los saludos en la puerta de la iglesia, que por fin estaba casada. He ahí el inicio de una relación destinada al fracaso. La mujer se ha casado solo con el propósito de tener marido o un soporte económico, o las dos cosas a la vez.

Usar el amor como un instrumento para lograr los propios fines, es condenable. El egoísmo interior de este tipo mujeres no las deja ver que han puesto un pie en el abismo o, más bien, han cavado su propia tumba, con una inscripción en la lapida que dice: aquí yacen los restos de una mujer que no supo lo que era amar verdaderamente.

La consecuencia lógica no se hará esperar, será una mujer sin ganas para amar y sin poder gozar el placer de una relación sexual plena.

Durmiendo bajo el mismo techo sin sexo

Este es un hecho que avanza a pasos agigantados en los matrimonios actuales. Algunos deciden dormir en camas separadas, otros en el mismo lecho pero, en ambos casos se repite un fenómeno común, no se tiene sexo. Las parejas han optado esta situación de común acuerdo, vivir bajo el mismo techo, en la misma cama, pero sin relaciones íntimas. Se hace porque ambos descubrieron que no hay ganas para el sexo.

En estos casos uno de los dos integrantes de la pareja experimenta temor, ansiedad, angustia, frente a un problema no resuelto que a veces no es un problema de infidelidad sino la total falta de amor por parte de uno de los cónyuges.

La verdadera solución consiste en sincerarse

La mujer que no tiene ganas de hacer el amor y no puede alcanzar el placer sexual por diversos motivos, ya sean estos físicos, psicológicos, culturales, etc. puede dar solución a sus problemas comenzando por sincerarse consigo misma.

No son épocas donde la mujer postergada y relegada a un segundo plano no pueda siquiera comentar estos problemas con un semejante. Hoy la mujer goza de una libertad de conciencia, en casi todas las sociedades, que le permite apelar a su sinceramiento. Así podrá comprender por dónde pasa su problema de falta de ganas para el sexo, hablarlo con su pareja para darle una solución entre los dos y, de ser necesario, consultar con especialistas (médicos, psicólogos) que le brindarán una serie de soluciones acorde a sus características personales. No intentarlo sería transitar una vida sin placer y sin amor.