Sucede que a veces las mujeres, sin importar edad, en ciertos momentos de su vida necesitan sentir que seducen y que las embelesan.

¿cuál es el precio que una mujer debe pagar luego de una noche de mucho alcohol y adrenalina vivida?

Es supuesto que no debería ocurrir, el común de la sociedad no lo consideraría digno, sería necesario compartir muchas otras cosas antes de terminar en la cama.

Sin embargo, aunque la mayoría podría estar de acuerdo con lo anterior, no somos pocas las que alguna vez hemos resultado envueltos en esta situación. Luego, ya sea por convicción propia o por la presión cultural -que a veces nos resulta muy pesada- terminamos sintiéndonos culpables.

¿Culpables de qué?

En primer lugar de ser una mujer o un hombre “fácil”. Podemos estar muriéndonos de las ganas, el momento puede ser copiado de las mejores películas románticas de Hollywood, podemos tener ante nosotras una persona encantadora, de esas con las que uno se encuentra y de inmediato le parece haberla conocido de toda la vida, incluso de una vida pasada… pero no, si se quiere conservar la dignidad hay que resistirse.

Pareciera existir un imperativo, tácito pero categórico:“Dime cuánto te resistes y te diré quién eres”, tal es asi que si nos dejamos llevar por nuestros instintos no solo seremos fieles a nosotras mismas sino que además venceremos esa barrera impuesta por el tan afamado dicho:” que dirán de mi”….

Pero aun asi, aunque mas de una vez hacemos lo que sentimos hay una parte nuestra que se sigue creyendo culpable por haberse dejado llevar por lo carnal y luego que?... de todas maneras no a todos les pasa en un %100, es solo a una parte que piensa asi luego de ese primer encuentro,

¿Por qué entonces sentimos culpa?

Tal vez porque somos conscientes de haber hecho algo peligroso. “Apenas la conocía, podría haber resultado una ladrona, o una loca… y la llevé a mi departamento!!!”.

Eso es cierto, pudo haber sido así. Pero si nos encontramos haciendo una exclamación como esa es porque no pasó tal cosa, porque no resultó ni ladrona, ni loca, ni nadie que me hiciera daño.¿Qué sentido tiene el arrepentimiento entonces? Podría ser un arma de defensa: “Tengo que aprender que eso no se hace, no me puede volver a pasar”.

De acuerdo, hay que ser cuidadosos. No obstante, las más de las veces ese “desconocido” no resulta serlo tanto. O bien es el amigo de mi amigo, o el hermano de mi compañera de trabajo, o la mujer que trabaja en la compañía que conozco bien, en fin, alguna referencia tenemos. Y está además el sentido común, sexto sentido o malicia indígena, como quieran llamar a esa voz que murmura desde adentro si una persona nos simpatiza o no.

¿otras razones para sentirnos culpables?

Como podrán sospechar, no creo que haya nada de malo en acostarse con alguien que recién conocemos. Pienso, más bien, que hay oportunidades que no se presentan dos veces en la vida: un trabajo que no aceptaste, un viaje que no hiciste, un chiste que no echaste… y también o un amor o una amante que dejaste pasar. Eso de “esperar a conocerla mejor” es un mito. ¿No les ha pasado que conocen a alguien de toda la vida y un buen día ya no lo reconocen? ¿Que creen saber muy bien cómo es una persona y ésta hace algo que jamás jamás esperaban?

El primer encuentro sexual marca muchas pautas. No necesariamente referidas a la experiencia previa sino a la autenticidad de la persona. Decir que trasmites la imagen equivocada puede estar referido, más que nada, a que exudes falsedad. Que trates de impresionar a tu chico expresando cosas que no estás sintiendo y trates de ejemplificar las ilustraciones más heroicas de aquel nombrado libro. Lo mismo para los chicos: eso de tratar de impresionarla con excentricidades pues sale sobrando porque no estás siendo tú mismo.Claro que, si te nace tener iniciativas, ya está a tu consideración si crees que el momento, el lugar y la persona se presentan. Es cuestión de sentido común. La primera vez con alguien tiene incluido un cierto porcentaje de nervios y expectación: gustar en la cama, ser creativos, contar con el atractivo suficiente; porque creemos en el físico de revista para ser atractivos en la intimidad y no espantar al otro. Siempre tenemos el “y si no soy lo que esperaba”. Toma en cuenta que la otra persona no está esperando nada de ti: haz lo que sabes hacer bien y disfrútalo.

“Conocer” a alguien, o mejor, creer que se lo conoce, no es garantía de nada. Así sucede pues,

¿por qué no intentarlo con ese “desconocido” que tanto me gusta y por el cual soy correspondida? Valdría la pena recordar que hasta nuestros mejores amigos y amigas fueron alguna vez gente desconocida. Si no nos hubiéramos permitido acercarnos, no hubiéramos llegado a ser lo que somos hoy. Así muchas parejas: si bien una noche de sexo puede terminar ahí, podría también ser el comienzo de otra cosa, y eso no podemos saberlo más que viviéndolo. Revisen en su memoria y seguramente encontrarán ejemplos hermosos. Yo conozco al menos tres matrimonios maravillosos, de muchos años, hijas e historias a cuestas, que comenzaron con una noche de sexo, la misma noche que se vieron por primera vez.