Quién no recuerda aquella canción de “The Boodhoung Gang” que decía: “You and me baby ain’t nothing but mammals so let’s do it like they do in the Discovery Channel” que viene a significar traducido al español: “No somos más que mamíferos así que vamos a hacerlo igual que lo hacen ellos en el Discovery Channel”.

Ya sea por cuestiones socio culturales o por características hormonales que diferencian a varón de la mujer parece que es a ellos a quienes más les atrae pensar en sexo al estilo “Discovery Channel.” De hecho la postura del "doggy" es una de las preferidas por el sector masculino para pasar una noche de desenfreno, según rezan las encuestas.

Posturas de todo tipo, sexo en el suelo, muelles de la cama chirriando, el cabezal golpeando la pared y vecinos que se quejan forman parte del imaginario sexual de muchos en sus fantasías y de las batallas sexuales que cuentan al día siguiente en la oficina, sean reales o un mero producto de su imaginación.

Referencias en el cine, la historia y la cultura popular

Sin entrar ya a desenmascarar el lado más obsceno de la mente humana, que podemos encontrar reflejado en multitud de videos de Youtube y de páginas de Internet, existen muchos ejemplos históricos y no tanto de cómo el ansia sexual convierte a los humanos en animales. Un rumor no confirmado asegura, por ejemplo, que Napoleón rogaba a Josefina que no se duchara durante los días previos a su llegada, pues se dice que ese olor a sudor excitaba sobremanera al Emperador y también podemos recordar aquella escena de “La guerra de los Rose” en la que Michael Douglas le dice a Kathleen Turner en mitad de un forcejeo que le encanta su “olor a tigre”. Qué decir de la Catwoman de "Batman", de las Conejitas de "Playboy" , el hombre lobo de la saga "Crepúsculo" o de expresiones como cerdo o caballo que sin nosotros pretenderlo se deslizan en nuestro vocabulario cuando hacemos mención de algún comentario referido al sexo. Incluso el genial Woody Allen en su película "Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar" parodia a un paciente que le relata con todo lujo de detalles a su psiquiatra su apasionada e imposible historia de amor con una oveja.

Aunque no encaja dentro de esta temática ni muchísimo menos el hecho de perturbar en su tranquilidad a pacíficos y dulces animales que nunca tuvieron la pretensión de ser objetos del deseo sexual humano.

Pero sin ir más lejos no es difícil encontrar a cualquier conocido que en un momento de intimidad pueda confesar sin ningún atisbo de rubor en sus mejillas que le encantan las mujeres con los sobacos peludos o morder a su pareja, mientras practican sexo, en el escote, en la nuca o en la cara interna del muslo hasta que grita un poco.

Marcas de guerra

Tampoco es necesario mencionar cómo les gusta a muchos presumir de sus heridas de guerra. Las pequeñas huellas de aquél mordisco en un hombro, los ya difusos arañazos en la espalda, esa ropa ligeramente rasgada en algún lugar sin importancia. Mientras el protagonista de la gran batalla enrojece más que un semáforo y le brillan los ojos en su cara de satisfacción, sentado en la mesa de cualquier oficina en una patética mañana de lunes.