Al concluir la revolución bolchevique de octubre de 1917 se disolvió la policía imperial (Ojrana) creándose la Milicia de los Trabajadores y Campesinos (Milítsiya) cuyo órgano supervisor debería ser la NKVD de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR), la mayor de las 15 repúblicas que constituían la URSS, además de la más poblada, cuya capital estaba en Moscú.

Rápidamente, el personal se vio desbordado, entre otras cosas por su inexperiencia, y la RSFSR decidió crear una fuerza política secreta, la Cheká (Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje) creada el 20 de diciembre de 1917 y dirigida por el revolucionario polaco Féliks Edmúndovich Dzerzhinski.

La Cheká impone el terror rojo en todas las rusias

La Cheká fue creada con 120 agentes y tenía como responsabilidad la seguridad personal de Lenin y su trabajo era «suprimir y liquidar», con amplísimos poderes y casi sin límite legal alguno todo acto “contrarrevolucionario” o “desviacionista” para salvaguardar los principios de la revolución.

Así por ejemplo, en la provincia de Kaluga se ordenó fusilar a quienes se retrasasen en incorporarse a filas; en Rybink se advirtió que "dispararían sin previo aviso" contra cualquier reunión de personas que se formase en las calles; en Briansk se estableció pena de muerte por fusilamiento como castigo a la embriguez pública; en Viatka, como pena por violar el toque de queda de las 8 de la noche y en Zmiev ahogaban a los reos en el río Dniestre "con una piedra atada al cuello".

La “mano dura” del director Dzerzhinski

Una muestra del proceder de los dirigentes en aquella época es la anécdota ocurrida en las reuniones del Partido en el Sounarkom, donde Lenin, que tenía la costumbre de mandar notas a sus camaradas, mandó una para Félix Dzerzhinski: "¿cuántos podridos contrarrevolucionarios hay ahora en nuestras cárceles?” La respuesta del jefe de la Checa fue "alrededor de 1.500". Lenin la leyó y trazó una cruz al lado de la cantidad escrita por Dzerjinski y devolvió a éste su nota. Sin decir nada ni hacer nada más, Dzerjinski se levantó y abandonó la reunión.

La reunión continuó. Pero al día siguiente se escucharon rumores: Dzerjinski había ordenado la ejecución de los 1.500 "podridos contrarrevolucionarios" la noche anterior. Había tomado la cruz trazada por Lenin como una sentencia colectiva.

Tiempo después la secretaria de Lenin, Lidia Fotyieva, explicó: "Ha habido un error de interpretación; Vladimir Ilich no ha deseado nunca las ejecuciones. Dzerjinski no le entendió. Vladimir Ilich acostumbraba a poner una cruz en las notas que recibe para indicar que los ha leído y que queda enterado de su contenido". Ese supuesto error de interpretación costó la vida de 1.500 personas.

Tortura y represión implacable contra los enemigos

En 1918 se le dio un ligero cambio de nombre a la Cheká: “Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución, la Especulación y el Abuso de Poder”.

Con el asesinato de Moiséi Uritski el 30 de agosto de 1918, director de la Cheká de Petrogrado y amigo personal de Dzerjinski, se invirtieron más recursos para combatir las conspiraciones.

El 3 de septiembre de ese año se reinstaura la tortura, el 5, la pena capital. Lenin autoriza a la Cheká a detener a cualquier sospechoso y ser ejecutado sin previo juicio.

En Nizhni- Novgorov, el día 2 de septiembre, se fusilan a 46 personas y en Petrogrado a 512 rehenes.

Al triunfar la revolución, la propiedad privada fue repartida entre los obreros y campesinos de forma desordenada. El Estado exigía a los campesinos cuotas de cereales de los centros de producción y los campesinos guardaban esa comida para poder pasar los duros inviernos rusos.

Todo este caos originó revueltas en la zona de Ucrania, principalmente y la Cheká fue especialmente cruel en esta zona tan duramente castigada por el Estado en repetidas ocasiones, siendo foco de varias hambrunas como la de 1931 con nombre propio: holodomor.

Lenin justifica el abuso de poder

Dzerhinski describió las medidas represivas encargadas a la Comisión: “confiscación de bienes, expulsión del domicilio, privación de las cartillas de racionamiento, publicación de listas de enemigos del pueblo”.

La noche de 11 al 12 de abril de 1918 en Petrogrado, más de 1.000 policías chekistas efectuó el asalto de unas 20 casas de anarquistas con 520 detenidos, de los cuales 25 fueron asesinados como «bandidos», un término que se generalizó a partir de entonces para aplicarlo a cualquier persona susceptible de oponerse al régimen soviético.

La policía secreta chekista fue aumentando sus efectivos: en junio de 1918 ya contaba con 43 secciones que agrupaban a 12.000 agentes, a finales de año ya eran 40.000 y a finales de 1920 superaban los 280.000.

La represión de la policía secreta rusa

Sus métodos de represión no se limitaron a detenciones y fusilamientos en masa (tan solo en Yaroslavl se fusilaron a 428 personas entre el 14 y el 18 de julio de 1918), sino que utilizaron profusamente la tortura y atrocidades tales como arrojar prisioneros a altos hornos o al mar, e incluso castraciones y decapitaciones.

Lenin diría sobre las actuaciones de la Cheká: “Si no es mediante la fuerza y la violencia, no hay manera de eliminar a los explotadores de las masas”.

El final de la Cheká llegó el 6 de febrero de 1922 cuando se le cambió el nombre por el de "Directorio Político Estatal", o GPU del NKVD de la Rsfsr.