El término metrosexual es el apelativo por el que conocemos a este nuevo tipo de hombres, que nace principalmente en las grandes ciudades (de ahí el término “metro”), que desarrolla su parte femenina sin ningún tabú retrógrado y sin que esta apelación tenga nada que ver con su orientación sexual. La palabra fue acuñada por el periodista británico Mark Simpson en 1994.

El hombre que cuida su cuerpo

Los metrosexuales no están pasados de moda, sino más activos que nunca, y han conseguido arraigarse en una sociedad en la que ya no importa, e incluso se agradece, que el hombre se cuide igual o más que la mujer.

Desterrados conceptos arcaicos, el hombre moderno se ocupa y se preocupa por su apariencia. Ir al gimnasio, hacerse la manicura o la limpieza de cutis, seguir una dieta sana, acudir a la peluquería y darse baños terapéuticos ya no es patrimonio exclusivo de las mujeres en lo que a bienestar y cuidado se refiere.

El hombre que cuida su mente y sus relaciones

El metrosexual, además de abanderar una estética particular, debe hacer frente a una reorganización completa de su modo de entender la vida, así como las relaciones entre hombres y mujeres. No basta con depilarse las cejas y usar crema hidratante.

El metrosexual será aquel que no teme mostrar sus sentimientos abiertamente, y no solamente los sentimientos agradables o de alegría, sino también la tristeza, la frustración, el dolor y, por qué no, el llanto y el miedo.

Este nuevo hombre sabe expresar sus emociones en voz alta, sabe comunicarse con su entorno. Esta generación no tiene miedo pues a enfrentarse a sus propios temores y a mostrarse tal y como es, con sus limitaciones y superaciones. Como explica la psicóloga Rose Mary Reyes, la clave está en el equilibrio.

Relación hombre-mujer igualitaria

Además, el metrosexual vive adaptado a la sociedad actual, a la nueva modalidad de pareja, en la que la relación hombre-mujer se iguala, lejos de los rígidos y anticuados cánones de antaño cuando se creía que el verdadero hombre no debía llorar, no podía sentir, no tenía derecho a ser partícipe de su relación amorosa. En definitiva, cuando se negaba su legítimo derecho a vivir como un ser humano entero.

Para algunos hombres que viven en este siglo pero que tienen aún la cabeza en épocas pasadas donde predominaban unas creencias arcaicas, esta nueva oleada de hombres, cuidados, pulidos y en paz consigo mismos, no son más que hombres frustrados con su propia condición sexual y que, al reencontrarse con su parte más femenina, no hacen otra cosa que alardear de una sensiblería que encubre en realidad un auténtico miedo a su verdadero yo masculino.

Nada más lejos de la realidad. El metrosexual no tiene porqué ser homosexual. Su nueva manera de vivir y de sentir el mundo que le rodea no responde a una preferencia sexual. No encontramos la respuesta en la entrepierna, ni siquiera en la cabeza, sino en el corazón y en los sentidos.

Metrosexuales famosos

Nuestros famosos también se han lanzado a la moda metrosexual, entre ellos:

  • Jude Law: El guapo actor inglés, conocido por su papel protagonista en Alfie o en Closer, entre otros, reconoce que le gusta vestir a la última y no se pierde ningún evento de moda.
  • Julian McMahon: Con aire de guapo perverso e irresistible en la serie médica Nip/Tuck, este doctor sabe potenciar sus rasgos penetrantes y dedica tiempo a poner en forma su envidiado cuerpo.

  • David Beckham: El futbolista más mediático sabe potenciar su aspecto y no duda en aplicarse cremas hidratantes para rostro y cuello, y cremas nutritivas para su cuidada cabellera rubia.
  • Eric Dane: El seductor y pícaro médico de la serie Anatomía de Grey sabe sacar el máximo provecho a su físico aventajado con ropa de corte elegante a la vez que desenfadada.
El hombre que sabe reinventarse a sí mismo

Como argumenta el psicólogo clínico y forense Javier Urra, "hay que feminizar la sociedad para hacerla más sensible". En ese sentido, el hombre nuevo ha sabido encajar su masculinidad con sus mejores cualidades femeninas, ha aprendido a moldearse sorprendentemente a los nuevos tiempos en continuo cambio y progresión, en los que parecía que sólo la mujer actual e inteligente era capaz de adaptarse.

El metrosexual ha sabido subirse al tren de la vanguardia, por miedo quizás a quedarse en el andén, en una sociedad moderna en la que ya no basta con llevar los pantalones, y donde prima muchas veces un aspecto cuidado a la vez que un interior impecable. Seres competitivos y modernos que han empezado a darse cuenta de que nuestro siglo está en plena evolución, constante y sin frenos, y que la época de las cavernas ha quedado definitivamente sepultada.