Los cuernos son un atributo de fuerza, en algunos animales significa masculinidad y en muchas religiones representa el poder de los dioses. Sin embargo, en el lenguaje popular, este símbolo viril simboliza la debilidad, la ceguera o la impotencia del marido engañado.

Ser cornudo en la historia

El emperador bizantino Andrónico acostumbraba entretenerse con las mujeres más bellas y otorgaba a sus maridos un regalo de caza: colocaba una cabeza de ciervo en la entrada de la casa. Los maridos se sentían halagados cuando recibían este honor, mientras las esposas hacían lo posible para que ellos obtuviesen ese trofeo.

Virgilio, poeta romano, habría hecho construir una estatua de bronce. A cada mujer acusada de infidelidad le hacía poner su mano en la boca y era mordida si había sido infiel. La infidelidad era revelada también porque al marido le crecía un cuerno en la frente.

Los cuernos en la religión

Estos atributos que adornaban las cabezas de los dioses eran símbolo de una fuerza sobrehumana.

El Budismo tiene a Yama, dios de los muertos, portador de un cuerno taurino. Todos los dioses de Babilonia llevaban en sus tocados un cuerno que era una insignia divina. El dios fenicio Baal Hamman es representado con dos aros de cuernos. En el Egipto prehistórico dos cuernos curvados hacia delante eran un símbolo divino.

Igualmente, en la mitología griega y romana, los cuernos constituían, la mayoría de las veces, la última reliquia de los tiempos en que los dioses eran adorados en forma de animales con cuernos. Es el caso de Acheloos, divinidad fluvial, constituida inicialmente con cabeza de toro, pero representado más tarde, en las monedas, como hombre con cuernos.

Muchas de las máscaras de los indios de América del Norte usadas en las fiestas en honor a los dioses, poseían cuernos de búfalo o de ciervos.

Los espíritus malignos de casi todas las religiones, los demonios, llevan cuernos y, sin embargo, simbolizan “lo contrario a los dioses”.

Los cuernos mágicos

Eran usados como amuletos contra los demonios y para conseguir vencer al enemigo.

En Grecia, monedas con el rostro de Alejandro Magno con los aros de cuernos, son llevados como amuletos.

En Suecia se protege la casa de los demonios, colgando cabezas de bovinos con cuernos. En Estonia, cuando se cree que una maldición fue dirigida a algún objeto de la casa, este objeto es puesto delante de la vista de un toro.

En Italia, hasta hoy día, el cuerno es un amuleto muy común que se lleva en el cuello o en la malla del reloj. Un napolitano cree poder espantar los demonios, pronunciando simplemente la palabra cuerno.

Tanta era la fuerza atribuida al cuerno que frecuentemente se quemaba y sus cenizas eran usadas como medicina.

La ironía de los cuernos

En la naturaleza o en el simbolismo de los hombres, los cuernos son un atributo de poder, de los animales más fuertes, como de las divinidades más grandes.

La representación mediante el contrario o el opuesto es el mecanismo fundamental de la ironía que queda en el imaginario colectivo.

No es casualidad que en Francia, país conocido por la caza de ciervos, sea el país en el cual, en teatro, la representación del marido cornudo sea un tema clásico de brillantes comedias.

Si el argumento del marido engañado resulta cómico para el público, la razón del contrario, dice que indudablemente es el más trágico.

La locución ser cornudo existe en todas las lenguas modernas: en italiano, avere le corna; en francés, avoir des cornes; en inglés, to horn, wear horns y en alemán, Hahnrei.

Es evidente que los temas más trágicos en el inconsciente de los hombres pueden transformarse en cómicos, por el sólo hecho de, por medio de la risa, convertirse en desahogo social.