La culpabilidad puede obedecer a hechos objetivos que moral y éticamente son rechazables y que, por una u otra razón, se ha incurrido en ellos. A partir de esa situación aparece el sentimiento de culpa al que, en un proceso normal, le sigue el arrepentimiento. Este sería el caso de la culpa con una base real e identificable. Sin embargo hay personas que viven constantemente acompañadas de un sentimiento de culpa; un sentimiento limitador y autodestructivo que no obedece a ninguna causa concreta, o al menos a ninguna causa reconocible en primera instancia.

La culpabilidad y sus consecuencias

La culpa, carente de una razón objetiva que lo justifique, crea un sentimiento de inferioridad, inhabilitando y desautorizando a la persona a la hora de mantener cualquier tipo de criterio.

Sentirse culpable limita hasta extremos que, en ocasiones, rozan la patología. Quien arrostra este sentimiento de culpabilidad parecerá culpable a los ojos de los demás aunque no lo sea, ya que su actitud ante cualquier acusación, y más si esta es grave, es muy distinta a la que sería de esperar de alguien inocente. La ausencia de una correcta autovaloración, junto a la incapacidad asertiva necesaria para afrontar esas situaciones del modo más apropiado, puede inducir a la persona a creerse realmente que merece lo que le está ocurriendo.

Causas de la culpa

Los orígenes de la culpa –la que no obedece a una causa concreta–, al igual que otros muchos sentimientos negativos, habría que buscarlos en la infancia. Muchas de las carencias que afectan al ser humano, la culpa entre ellas, están relacionadas con el aprendizaje, la educación y, de una manera más notoria, con posibles hechos traumáticos vividos durante la infancia, como pueden ser los malos tratos, el abandono o el abuso sexual, grandes generadores, todos ellos, de sentimientos de culpabilidad.

Cuando se culpabiliza a un menor y no se fomenta su autoestima, se está transmitiendo un mensaje altamente negativo que, sin duda, va a repercutir en su etapa adulta. O cuando la culpa que debería experimentar un maltratador o un abusador, no es asumida por el verdadero culpable –que en ningún momento la siente por su falta de empatía–, termina sucediendo justo lo contrario de lo que sería de esperar; el menor hace suya una culpa que no le corresponde. Este comportamiento también tendrá su reflejo en el futuro.

Síntomas de la culpa

Todos los sentimientos negativos acostumbran a estar asociados a una sintomatología concreta. En algunos casos, los que se corresponden con hechos identificables, dichos sentimientos son pasajeros y desaparecen con el tiempo. La culpabilidad interiorizada y no resuelta también tiene sus propios síntomas, que podríamos diferenciar en físicos, emocionales internos y emocionales externos.

  • Físicos: dolores de estómago, de cabeza o de espalda, opresión en el pecho.
  • Emocionales internos: autoacusaciones, depresión, autorreproches, resentimiento, paralización, desvalorización.
  • Emocionales externos: ansiedad, nerviosismo, vergüenza, desasosiego, agresividad, victimismo.

Sentimiento de culpabilidad

En general, la culpa va de la mano de una baja autoestima, dejando al individuo en un estado donde el miedo al abandono y al rechazo está siempre presente. Al no considerarse merecedor del amor termina por encerrarse cada vez más en sí mismo, culpabilizándose y buscando una liberación imposible a través de un perpetuo autorreproche, que no hace sino que aumentar la sensación de culpa y desvalorización.

La culpa también puede adquirir tintes más expansivos, buscando una pseudorredención en un diálogo –más bien un monólogo– en que el interlocutor de turno acaba agotado y el “culpable” se siente aliviado tras su representación de víctima de todo, de todos y de sí mismo.

Habría que distinguir dos grandes grupos en cuanto a la gestión, y aún mejor, a la focalización de este sentimiento de culpa interiorizado. Mientras un primer grupo se siente culpable de todo cuanto sucede a su alrededor, otro grupo –más reducido– tiende a culpabilizar a los demás y al mundo en general de todos sus males y, de alguna manera, a desentenderse de la responsabilidad de sus propios actos.

Según la psicóloga Laura Rojas-Marcos: "El sentimiento de culpa es como un guardián de nuestra conducta que nos sirve de guía, un controlador de nuestros impulsos, aunque puede existir por defecto o por exceso. Es algo de lo que no se debe prescindir, pero tampoco abusar".

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