Su nombre era Ignác Fülöp Semmelweiss, nacido en un barrio alemán de la ciudad de Buda, en Hungría, el 18 de julio de 1818. Su padre siempre quiso que fuese abogado y así en 1837 se va a Viena para cursar allí estudios de derecho, pero los azares de la vida quisieron que asistiera a una autopsia y quedó fascinado por la medicina en ese mismo momento y decidió abandonar la facultad de derecho para inscribirse como alumno de medicina en el Hospital General de Viena, Allgemeines KrankenHaus. Allí estudió entre otros con Karl von Rokdtansky, con el que aprendió a observar con meticulosidad ya que este médico contaba con una amplia experiencia en autopsias, más de 30.000, también con Ferdinand von Hebra y con Joseph Skoda

Obtuvo el título de medicina en 1844 y comienza su gran obsesión: descubrir el por qué de la muerte en pacientes sin causas justificadas. En 1846, a los 28 años, obtiene el doctorado en obstetricia y pasa a ser asistente del profesor Klein en una de las dos salas de maternidad del hospicio general de Viena donde la mortalidad entre las parturientas, que acudían allí por no tener ningún recurso económico, era del 40% en la propia sala del doctor Klein. Semmelweiss se había percatado que las mujeres que daban a luz en su casa, con la sola ayuda de comadronas ignorantes, prácticamente ninguna contraía fiebres puerperales. Es aquí cuando Semmelweiss descubre que la sala del hospital donde él estaba era visitada constantemente por estudiantes de medicina que asistían a las parturientas después de clases de anatomía forense, y llegó a la conclusión que los estudiantes eran los transmisores de algún agente entre los cadáveres y las parturientas y lo escribe así: «Los dedos de los estudiantes, contaminados durante las disecciones recientes, son los que conducen las partículas cadavéricas a los órganos genitales de las mujeres encinta y, sobre todo al nivel del cuello uterino».

La prepotencia de los que ostentan el poder

Una vez más en la historia, aparece la xenofobia y los prejuicios. El doctor Klein sigue a rajatabla lo que en aquella época se pensaba sobre las muertes, que eran debidas a factores de tipo meteorológico o atmosférico tales como la humedad, la temperatura, la presión, la dirección de los vientos, etc., o simplemente a que muchos de sus estudiantes son húngaros (como el propio Semmelweiss) y decide expulsar a 22 de sus alumnos, pero el índice de mortalidad no descendió. Ante la ineptitud de su jefe, en el mes de octubre de 1846 decide instalar un lavabo a la entrada de la sala de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas, 40 años antes de que Pasteur demostrase la teoría microbiana. El doctor Klein monta en cólera y Semmelweiss se queda sin trabajo. Pero después de unos meses de viajar por Europa vuelve al mismo hospital y es admitido en la otra sala de maternidad dirigida por el doctor Bratch, cuya mortalidad era del 9% ya que las parturientas eran asistidas por matronas y no por estudiantes y en mayo de 1847 decide que todos los estudiantes del doctor Klein pasen a la sala del doctor Bratch. La mortalidad sube al 27% y es en ese momento cuando vuelve a obligar a todo el mundo a lavarse las manos a conciencia antes de asistir en los partos, con una solución de cloruro de calcio. Drásticamente la mortalidad bajó al 12%.

Realiza un trabajo estadístico de la maternidad desde su apertura en 1784 y se da cuenta que son las manos las portadoras de la infección. Impone la norma de que todo el mundo que vaya a examinar a una parturienta se lave las manos y la mortalidad cae hasta el 0,23%, Rápidamente difunde la noticia entre sus colegas, pero casi nadie le escucha. Lo tachan de farsante y de que ha falseado los datos y como premio lo vuelven a expulsar de la maternidad el 20 de marzo de 1849.

El ocaso del incansable sabio

Decide volver a Buda pero allí se vive la revolución húngara y las condiciones de vida son muy difíciles. Él decide tomar parte pero al final se impone una tiranía que durará 20 años. Rápidamente se ve inmerso en la miseria y su buen amigo Lajos Markusovsky lo encuentra magullado y con una pierna rota, en la indigencia. Intercede por él en la maternidad de San Roque de Budapest donde mantendrá su puesto si no insiste en aplicar sus teorías higiénicas. Consigue ser nombrado director de esta maternidad en 1856 y allí escribe en 1857 su principal obra: “De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperalque no fue publicada hasta agosto de 1860. Dos años antes, en 1858, la comisión de la Academia de Medicina de Paría rechazó la tesis de Semmelweiss.

Después de innumerables esfuerzos para convencer a sus colegas médicos de que una básica higiene antes de entrar en los quirófanos bastaría para librar de la muerte a los pacientes, no consigue su propósito y sufre el ostracismo. Pero él no desiste y comienza a pegar pasquines por las calles donde advierte a los ciudadanos que no lleven a sus hijas y mujeres embarazadas a los médicos. No solo eso sino que escribe una carta dirigida a todos sus coleas obstetras acusándolos de asesinos si no deciden seguir su recomendación. Todo esto ocasionó algunos trastornos mentales debidos al gran desgaste de esta lucha en solitario y finalmente, el 31 de julio de 1865, fue internado por su mujer Anna y su amigo Ferdinand von Hebra en un asilo insalubre para enfermos mentales llevándolo engañado diciéndole que iban a visitar un spa en Grafenberg. Le escribe a su gran amigo “Mi querido Markusovsky, mi buen amigo, mi suave apoyo. Debo confesarle que mi vida fue infernal, que desde siempre la idea de la muerte de mis enfermos me resultó insoportable, sobre todo cuando esa muerte se desliza entre las dos grandes alegrías de la existencia, la de ser joven y la de dar la vida”.

¿Muerte o asesinato?

Muy poco tiempo después murió en dicho hospital psiquiátrico de manera muy poco aclarada. Los médicos dijeron que había muerto por una infección en el pie, pero el doctor Greorg Sillo Seidl en 1977, descubrió unos documentos en el hospital psiquiátrico que demuestran los constantes malos tratos que Semmelweiss sufrió, con camisas de fuerza, baños con agua fría a presión, brutales palizas, lesiones en los brazos, etc. Parece que “se les fue la mano” a los cuidadores del hospital. Intentaron tapar este asesinato con la historia de la infección provocada por él mismo al diseccionar un cadáver, un final que no es más que una leyenda urbana ya que en la realidad más bien parece una conspiración para asesinarlo fraguada por ciertos médicos influyentes a los que Semmelweiss molestaba. Todo ocurrió muy deprisa después de su muerte y fue enterrado en el cementerio de Schmelz

La triste realidad es que fallece a los 47 años dos semanas después de ingresar en aquel centro, un 13 de agosto de 1865. A su funeral ni siquiera acudió su esposa que estaba muy enferma, aunque después de su muerte los ganadores del Premio Nobel de Física y Química decidieron entregarle un Premio Nobel en su memoria gracias a sus logros.

Como Louis Pasteur dijo: “Señores, los microbios tienen la última palabra”. Y es cierto, hoy en día todos sabemos que la higiene y la profilaxis son métodos imprescindibles para alejar las infecciones de simples heridas y todo ello se lo debemos a estos héroes.