El dinero obra milagros sobre las emociones humanas y puede transformar los sentimientos, el sentido de la belleza y las reglas naturales de la atracción amorosa y sexual, tal como lo confirma la experiencia cotidiana. No obstante, el poder del carisma logra atraer a una mujer más allá de la seguridad que produce el dinero, porque proviene del instinto.

La seducción del dinero se esconde en nuestra ‘memoria genética’, cuando el instinto de supervivencia hizo que la hembra optara por un hombre con poder y dominio sobre la naturaleza: hacer fuego, cazar animales y defender a la prole. Ese hombre primitivo con destrezas sobre el medio se transformó, en cierto modo, en el rico de hoy.

Las habilidades de supervivencia en la lucha por la vida se convirtieron con el tiempo en el afán de producir dinero y adquirir bienes materiales, que en nuestra estructura social moderna confieren prestigio e importancia a una persona.

Desmond Morris, especialista inglés en conducta humana, afirma que el dinero tiene la importancia del fuego y la caza en tiempos primitivos. “En el pasado, quien hacía el fuego y cazaba animales era deseado por las mujeres por razones de supervivencia”.

Así que cuando una mujer se deja conquistar por un hombre adinerado dejando de lado el instinto de la atracción sexual, está ‘escuchando’ a sus genes ancestrales decir que ese es el hombre que le conviene’, porque con él asegurará bienestar físico y emocional.

Atractivo natural del dinero

El poder que ejerce el dinero puede cambiar de una cultura a otra. En Oriente la atracción amorosa y sexual está determinada por la costumbre religiosa, mientras que en Occidente por los bienes materiales y los patrones de belleza impuestos por la publicidad.

El psicoanalista Erich Fromm en su discurso sobre “El arte de amar”, dice que el enamoramiento y el matrimonio después de la era victoriana se convirtieron en una mercancía humana regida por las mismas reglas del mercado de bienes y valores.

Por eso el lema actual de la atracción amorosa en la mujer parece rezar: ‘la belleza cuesta y hay que pagar por ella’. La publicidad ‘enseña’ en sus productos que las mujeres más apetecidas por su atractivo tienen un precio y esto, por supuesto, se traduce en dinero.

Cuando una mujer es consciente de que por su atractivo no está al alcance de cualquiera, optará por un hombre rico, y no por quien de verdad le hace vibrar su piel y su corazón, sin importar su condición social y su importancia en la sociedad, un tipo de seducción natural despojada de apariencias que desencadena el la más intensa y placentera fusión de amor.

Seducir a una mujer con carisma

Esta faceta del amor surge como el poder seductor de la personalidad o carisma, una especie de magnetismo personal que atrae a la gente sin que haya un motivo o cualidad aparente y ante el cual una mujer cae rendida ante un hombre.

Estudios sobre la atracción sexual han demostrado que una mujer descifra en minutos el carisma de un hombre. “No es que lo sepan todo de su potencial pareja, sino que inconscientemente recogen lo más básico en términos de supervivencia”, explica H. Fisher en el libro “Anatomía del amor.”

Este ‘sexto sentido de la mujer’ hace posible detectar en los gestos, el tono de voz, la música de las palabras, si es o no el hombre que desea. La mujer le llama simplemente ‘encanto’ si tiene carisma, y ‘aburrido’ si carece de él.

Una persona carismática se comporta natural y fresca en circunstancias en las que otras actuarían forzadas con tal de impresionar. Toda mujer detecta los mensajes equivocados del impostor, mientras la naturalidad del lenguaje gestual y la voz musical del carismático sacuden los sentimientos más entrañables.

Atributos físicos, inteligencia y carisma

Pero ¿en qué momento de la atracción amorosa una mujer se deja llevar por la fuerza de su instinto o por el delirio del dinero? La experiencia dice que la mayoría de las mujeres prefieren a un hombre rico sin atractivo físico o sin inteligencia, a uno con tales atributos pero de escasos recursos económicos.

Pero cuando el dinero cumple su papel de dar tranquilidad y seguridad, el instinto brota con fuerza en la mujer y reclama saciar el sentimiento amoroso y sexual con el hombre que de verdad le atrae. Y toda mujer sabe que la gratificación amorosa y sexual no se suple sino con la piel y los sentimientos.

La privación que genera la pobreza en nuestro tiempo, en donde una persona agrada por sus posesiones materiales y su círculo social, hace que una mujer ceda ante un hombre adinerado, al saber que solo con dinero podría tener acceso a los costosos placeres que le ayudan a verse como alguien importante.

La psicoanalista Karen Horney, en su libro “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”, reafirma lo anterior diciendo que las mujeres se ven vencidas ante los privilegios de un hombre rico y no dedicarse a ninguna actividad constructiva.

El fracaso de una relación de pareja basada solo en el dinero está en la naturaleza del hombre rico. Quien acumula dinero por compulsión revela una pobreza emocional que debe compensar con más y más dinero y a la larga termina por apagar el amor y la atracción sexual. La suntuosidad y los lujos exagerados disfrazan esta invalidez de amor.

Sin embargo, en los detalles simples de la vida que los ricos desprecian por su inutilidad en términos de ganancia económica, parece estar el secreto de la felicidad, tal como lo reconocen las mujeres. Detalles como enamorar a diario a la mujer, atreverse a seducirla sin dinero, ofrecerle un dulce, una flor recogida en un jardín, compartir la risa infantil con la pareja, gozar la música, jugar como niños, echarse al ocio…, justamente los placeres que disfrutan los carismáticos.