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Las ideas son el motor de la acción. Y las de James Jay Lee le llevaron al canal de televisión Discovery Channel. No para ofrecerse a colaborar en sus documentales sobre naturaleza, sino para salvarla propagando al mundo unos mensajes, de carácter malthusiano. No se limitó a hablar, secuestró a tres personas. La policía ha tenido que dar sentido a su mensaje y acabar con su vida para dar fin al secuestro.
Malthusianismo, la influencia del Ensayo sobre los principios de la población
El ecologismo se nutre de fuentes diversas. Una de las más poderosas, acaso la más potente de todas ellas, es lo que se llama malthusianismo. Recibe ese nombre por el reverendo Thomas Robert Malthus, uno de los economistas clásicos, que de todas sus proposiciones se destacó por su teoría de la población.
Decidió escribir su Ensayo sobre los principios de la población tras hablar con su padre, un librepensador amigo de Hume y Rousseau, y que se contagió del optimismo en la perfectibilidad del hombre. Su hijo le dijo que los hombres estaban condenados a la pobreza porque el aumento de la población llevaba al consumo de los recursos, escasos, y de nuevo a la miseria y al control de la población. Malthus, quien inspiró a Charles Darwin, se basó en Adam Smith, quien a su vez se basó en Richard Cantillon.
Anticapitalismo, el hombre como destructor de la naturaleza
El malthusianismo ha revivido en el siglo XX, pero con un carácter distinto. No es ya que se diga que el hombre esquilma los recursos naturales y está condenado a agotarlos, una idea que aparece, por ejemplo, en el principio de la sostenibilidad y en la teoría del peak oil.
También ocurre que una parte del nuevo malthusianismo ve al hombre como destructor de la naturaleza. Por eso busca controlar la población y limitar su actividad, lo cual también está relacionado con un rechazo a la sociedad capitalista, un odio inextinguible hacia las sociedades libres.
La población es polución, el pensamiento de James J. Lee
Esto es lo que James J. Lee tenía en la cabeza cuando iba camino del Discovery Channel. Allí secuestró a tres personas. Decía que la gente debería “vivir sin dar vida a más sucios bebés humanos”, que en su opinión “son polución”. Por seguridad, las fuerzas evacuaron a los niños que estaban en una guardería dentro del complejo de la cadena, situado cerca de Washington DC, en el Estado de Maryland.
Vayamos a sus exigencias. La primera es “El Discovery Channel y sus cadenas afiliadas deben emitir programas de televisión diarias basadas en las páginas 207 a 212 de My Ishmael, de Daniel Quinn, donde hay soluciones para salvar el planeta del mismo modo en que se hizo la revolución industrial, con la gente construyendo a partir de las ideas inventivas de otros”.
Y sigue: “El foco ha de ponerse en cómo puede vivir la gente sin dar vida a los sucios bebés humanos, ya que los nuevos nacimientos continúan la polución y son polución. Estaría bien un show en forma de concurso. Quizás también (debería haber) foros con científicos reputados que entiendan y defiendan la ciencia de Malthus-Darwin y el problema de la sobrepoblación. Haced las dos cosas. Hacedlo todo hasta que algo funcione, el mundo natural comience a mejorar, se pare e involucione la construcción de la civilización humana”. Como dice más adelante, “el planeta no necesita más humanos”.
Más población, más guerras
Luego ofrece más mensajes, como que “más humanos equivalen a más guerras”. Otro mensaje suyo, muy querido de muchos malthusianos como fue el caso de Garrett Hardin, es que “se deben desarrollar programas para encontrar soluciones que contribuyan a parar toda la polución inmigratoria”. James J. Lee está en contra de este mecanismo, tan característico del capitalismo, porque entiende que ello favorece el crecimiento de la población. En perfecta coherencia, también quiere acabar con el comercio internacional.
Al Gore y el calentamiento global
El ecoterrorista James J. Lee comenzó su cruzada tras ser despedido en su ciudad, San Diego. Recaló en las obras de Daniel Quinn y vio la película Una verdad incómoda, de Al Gore, y ello le llevó a su fervor ecologista, y éste al crimen. La policía le abatió cuando apuntaba con un arma a uno de sus secuestrados.
James J. Lee hizo suyo un discurso que en Estados Unidos se conoce como hate speech, discurso del odio. Pero en lugar de estar destinado a una raza, como el antisemitismo, o a los homosexuales, su discurso del odio, compartido por millones de personas, se dirige al conjunto de la humanidad.
