Nadie pudo hacer absolutamente nada por ella. Esta mañana, las fuerzas de seguridad de Gadafi con cuchillos y armas de fuego capturaron a una mujer que pertenecía al bando rebelde. Su delito fue denunciar a los periodistas que había sido violada por 15 hombres del Ejército libio. Hasta el momento, nadie conoce su paradero.

Crónica de un secuestro a una víctima de violación en Libia

Si lo que buscaba Gadafi era proteger la imagen y esconder los platos rotos de su dictadura totalitaria, pues se equivocó de estrategia. Todo empezó ayer en un hotel 5 estrellas de Trípoli donde se hospedaban los periodistas que cubren la interminable guerra civil entre los rebeldes y los asesinos a sueldo de Gadafi.

Todos los corresponsales, entre ellos uno de Reuters, habían bajado al comedor para enfrentarse a un nuevo día con las diatribas del dictador o los abusos del ejército que invade y reprime a sangre y fuego a los rebeldes de Bengasi.

Pero hoy la víctima, previendo que le quedaban pocas horas de vida, no podía esperar a que terminaran de desayunar. "¿Dónde estaban los periodistas de Reuters y de New York Times?", preguntó.

No llevaba armas; salvo sus dientes para defenderse. Pero las uñas y los colmillos no son rivales ante las ametralladoras. Sus ojos no le habían traicionado. Ella sabía que vendrían a por ella; pero su radar no detectó que la estaban espiando a pocos metros de distancia.

La violaron, la pegaron y la defecaron

Era Eman al -Obeidy. Un periodista la habría descrito así: "Una mujer que no pasaría de los 30 años, vestida de negro, que en un buen momento podría haber parecido guapa". Entonces se encargó de explicar el significado de la palabra guerra usándose a sí misma como ejemplo. Su cara parecía una mujer que llora, pintada por Picasso en el Guernica.

"Mirad lo que me han hecho" fue lo primero que dijo y señaló con el dedo como si su cuerpo fuera un mapa. En la cara podía verse claramente un moretón enorme; en el muslo, una cicatriz; arañazos de gran profundidad en sus piernas; y varios surcos en sus muñecas y tobillos

Todo era signo de que había sido atada con sogas o cables. Así, mirando al cielo, 15 hombres abusaron de su cuerpo para descargar odio y frustración. La rea debía ser reprendida al estilo de Gadafi: Sin compasión.

Pero hubo más de lo que los ojos pueden ver a simple vista: Una mujer violada en su honor. Después de compartirla entre ellos, llenos de whisky, probaron filmarla con una cámara de video. ¿Qué grabar habiendo tantas películas de guerra?

Como si fuera una pared sucia, sus torturadores la usaron de meadero y de excusado.

Los camareros amenazan con cuchillos y tenedores a la prensa

De pronto irrumpieron las fuerzas de seguridad para llevársela a empellones y patadas como si fuera una bestia. Alguien había pasado la voz que a esta rebelde se le había soltado la lengua y los sicarios de Gadafi vinieron a darle una lección. Esto no podía salir en la prensa y ser utilizado por las fuerzas invasoras de Occidente.

Los periodistas extranjeros intentaron defenderla colocándose en medio como escudos de hojalata. Pero los camareros que le servían el desayuno inmediatamente sacaron sus cuchillos y revelaron su verdadera identidad. Fue una guerra desigual con una mujer en medio como una muñeca de trapo.

Gadafi vigila a periodistas las 24 horas

Si en las novelas de misterio, el asesino era el mayordomo; aquí lo eran los camareros.

Eran agentes secretos de Gadafi que estaban pisándole los talones a los periodistas, sin que estos se hubiesen dado cuenta: sirviéndoles la comida, tendiéndoles la cama, preparando sus alimentos. Cambiando sus toallas y lo más probable, colocando audífonos en sus recámaras. No es extraño que Gadafi quisiera envenenarlos si se le achaca haber volado un avión con pasajeros.

Una guerra cuerpo a cuerpo entre periodistas y asesinos de Gadafi

Entonces empezó una trifulca de casi una hora. Según los periodistas de New York Times, los guardias de seguridad de Gadafi usaron los puños para golpearlos y derribarlos al suelo. Uno le arrebató a un corresponsal de CNN una cámara de video y la deshizo como si fuera miga de pan.

Uno de los camareros que minutos antes colocaba los manteles y ofrecía café, sacó un arma de fuego y amenazó a los huéspedes con disparar. Si con cuchillos no se tranquilizaban estos periodistas, no había otro remedio que reprimirlos como a los rebeldes de Bengasi. Ese lenguaje era probable que sí entendieran.

Eman al Obeidy, una desaparecida más por la dictadura

De pronto una camarera indignada ante ese espectáculo se echó como un cuervo sobre Eman al - Obeidy y cubrió su cabeza con un abrigo para neutralizarla. Entre gritos la fanática le echaba en cara por qué traicionaba a Gadafi.

  • "Déjenme en paz".
  • "Traidora, traidora, ¿por qué nos haces esto?"
Eman al Obeidy había minutos antes denunciado que la habían arrestado en un puesto de control, que la usaron de juguete sexual 15 matones y que varios de los suyos eran aniquilados. "No hay periodistas como vosotros allí en el frente de guerra" reprochó angustiada a los medios de prensa.

No había tiempo, decía, y acertó. Se la llevaron en un coche blanco como si cogieran a una loca de la calle rumbo a un sanatorio. Allí tendrían más espacio y ambiente para ejecutarla.