El caballo es uno de los animales que se ha adecuado mejor a la convivencia con el hombre. Desde su domesticación en el Neolítico ha desempeñado un papel fundamental para el desarrollo evolutivo del ser humano. Pero incluso antes de esta etapa, los caballos convivieron en cierta manera con los homínidos, y aunque entonces eran considerados presas, el aura mágica que imponían a los hombres era tan grande que incluso quedó reflejada en las pinturas rupestres de muchos lugares.

Secuenciación del genoma del caballo

Un excelente artículo se ha presentado en enero del 2012 en la prestigiosa revista científica Proceedings of National Academy of Science (PNAS) en el que se aportan novedosas conclusiones sobre la domesticación del caballo, y sobre todo sobre la búsqueda del ancestro común que desentrañara la línea evolutiva hasta desembocar hoy en las múltiples razas que se conocen.

Realizado por un grupo numeroso de investigadores de varios países europeos, presenta como novedad la secuencia del genoma de 83 ejemplares de diferentes zonas de la Tierra; en concreto, animales procedentes de Europa, Asia, Oriente Medio y América. La intención de esta secuenciación no es otra que buscar el punto en el cual el hombre fue capaz de usar al caballo como transporte, bien personal o bien como elemento de carga.

Como en estudios similares hechos con otras especies, incluidos los Homo sapiens, se ha basado en el ADN mitocondrial, que sólo se hereda a través de las madres. Tras el análisis se han detectado 18 perfiles genéticos o halogrupos diferentes, y han llegado a la conclusión final que todos ellos tuvieron un ancestro común que vivió entre 130.000 y 160.000 años a.C. Anecdótico por lo curioso, es la información aportada que en contra que lo que se pensaba hasta hoy, el único caballo salvaje superviviente en la actualidad, el Equus przewalskii, no tiene ninguna filiación genética con el resto de especies de équidos.

La última glaciación, hito genético para el género

Las glaciaciones se sucedieron en el pasado en varios momentos cronológicos. La última de ellas, denominada de varias formas según la zona de la que se habla, fue la que eliminó muchos linajes de caballos que no pudieron sobrevivir a este duro periodo climático que se produjo entre 25.000 y 19.000 años, el Último Máximo Glaciar. Llamada Würm en la Europa Alpina, Vístula o Weichsel en el norte de Europa, Wisconsin en el este de América del Norte, Mérida en los Andes, Llanquihue en el sur de Chile y Otago en Nueva Zelanda, este periodo significó cambios profundos en la vida de las especies animales y de los homínidos.

Los restos paleontológicos y arqueológicos demuestran a través de los restos hallados que durante el Paleolítico Superior (35.000-10.000 años a.C.), existían caballos por toda Europa y Asia, pero la mayoría de ellos no sobrevivieron al Último Máximo Glaciar que se produjo hace 19.000 años. Las migraciones, en busca de zonas menos frías y de nuevos pastos, fueron abundantes, siendo zonas como la Península Ibérica y el sur de las llanuras ucranianas los lugares de mayor acogida de especies en esta migración. Tanto las manadas de caballos como los clanes Homo buscaron este abrigo para alejarse de las zonas más frías y menos fértiles. Se ha demostrado por el registro fósil que al Norte de los Pirineos se extinguieron los equinos por falta de pastos para alimentarse. El artículo en cuestión destaca el hecho que fue en estas regiones donde la domesticación se llevó a cabo de forma independiente y en una escala cronológica alrededor de 7.000 años, con simultaneidad a pesar de su distancia espacial. Así mismo, el trabajo destaca que durante esta etapa se domaron sobre todo muchas hembras.

El equipo investigador que ha sido dirigido por Antonio Torroni de la Universidad de Pavía, afirma que el estudio permitirá reclasificar correctamente el registro fósil de los équidos existente en muchas colecciones paleontológicas e incluso facilitará determinar la importancia del ADN mitocondrial heredado en los caballos destinados a carreras.

El estudio ha sido avalado por investigadores tan expertos en caballos como Maite Alberdi, científica perteneciente al Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC. Esta investigadora, una de las máximas autoridades en caballos prehistóricos del mundo, señala las interesantes conclusiones del trabajo porque aporta luz a los pocos conocimientos que se tienen sobre cuando y como se consiguió la domesticación del caballo. Además, añade que es muy importante que este fenómeno se produjera en varios lugares de forma simultánea y que retrasa un poco el momento en el que tuvo lugar llevándolo algo más de los 4.000 años que hasta hace poco era la fecha en la que se pensaba que se produjo este hecho.

Arte paleolítico

Como apoyo a la importancia que el caballo tenía para el hombre está su profusión en las representaciones paleolíticas parietales, con técnicas pictóricas o grabadas, o en el arte mueble. Ejemplo de estas representaciones artísticas que muestran la importancia de los équidos son el mural de Chauvet en Francia o la cabeza de caballo en marfil de Mas d´Azil, también en Francia. El mundo mágico era plasmado por Homo sapiens en sus representaciones artísticas a través de las diferentes especies animales, de las que los équidos junto con los bóvidos, son sus más importantes representaciones en este ámbito mágico-religioso. El arte de la caza se representaba en estas obras no sólo como culto a lo bello sino simbólicamente para unir al cazador y a su presa en un universo paralelo a la realidad. Y desde luego el caballo en sus diferentes especies, es una especie señera de este ejemplo artístico.

El caballo ha sido, es y será, una especie intrínsecamente unida al devenir de Homo sapiens. El futuro no parece deparar algo diferente. La pérdida del protagonismo del caballo por la aparición de la maquinaria no ha hecho perder la importancia simbólica y real que tienen estos bellos solípedos para el ser humano.