
- Medvedev y Yanukovich durante la firma del acuerdo - Wikimedia
Al más puro estilo tailandés, el Parlamento ucraniano celebraba el pasado martes un pleno. El principal asunto del orden del día era la aprobación del acuerdo alcanzado por el recién elegido presidente Victor Yanukovich (que ganó los comicios celebrados el pasado febrero) y el presidente ruso Dimitri Mevdedev para prolongar hasta 2042 el contrato de arrendamiento de la base militar de Sebastopol en el Mar Negro. Sin embargo, lejos de ser un pleno más se convirtió en una auténtica batalla campal entre los parlamentarios.
El acuerdo
El pasado 22 de abril, en la ciudad ucraniana de Kharviv, el presidente ruso Medvedev y su homólogo ucraniano firmaban un acuerdo para prolongar hasta 2042 el contrato de arrendamiento de la base naval rusa en Sebastopol (que vence en 2017). A cambio, la maltrecha economía ucraniana (su PNB cayó un 15% el año pasado) recibiría una rebaja del 30% en el precio del gas. El gobierno pro-ruso podía hacer por fin un presupuesto para 2010 e intentar recuperar el préstamo que el FMI le retiró en noviembre del año pasado.
Además, el mediático Primer Ministro ruso, Vladimir Putin, anunció pocos días después durante una visita oficial a Kiev sendos acuerdos en materia aeronáutica y de energía nuclear.
La ratificación
El pasado martes 27 de abril, los parlamentos de ambos países debían aprobar el documento. Los líderes nacionalistas ucranianos habían puesto el grito en el cielo y se mostraban dispuestos a impedir como fuese la votación.
En la calle, miles de manifestantes llamaban traidor al presidente y la policía antidisturbios hacía lo que podía para contener a la masa enfurecida y para evitar los enfrentamientos con los contra-manifestantes y los seguidores de Yanukovich, que alegaban que “Rusia y Ucrania son compañeros estratégicos”. Dentro, el ambiente era mucho peor.
Los políticos de la oposición lanzaban huevos al presidente del Parlamento, que se tuvo que proteger con dos paraguas para medio salvar la dignidad mientras intentaba seguir con la votación. Algunos lanzaron bombas de humo y los más se liaron a puñetazos entre sí. Ningún resultado. La votación siguió adelante y el acuerdo fue aprobado por 236 votos (10 más del mínimo necesario).
Casi al mismo tiempo, la cámara baja rusa aprobaba el acuerdo por 410 votos a favor y ninguno en contra. Ningún atisbo de disensión en una cámara controlada por Rusia Unida (el partido de Putin y Medvedev) y con una oposición que no deja de ser un calco de Rusia Unida.
Y, aunque haya pasado un poco más desapercibido, el presidente Yanukovich no estaba en el Parlamento aguantando el chaparrón. Se encontraba en el Consejo de Europa, dando un giro más a la política de sus predecesores, los líderes de la Revolución Naranja, el expresidente Yuschenko y la exprimer ministro Timoshenko.
En Estrasburgo, Yanukovich negaba que el hambre que asoló su país en los años 30 fuese un genocidio orquestado por Stalin, se trató más bien, según sus palabras, de una “tragedia compartida” por Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán.
Occidente u oriente
Sin embargo, estos hechos no son más que la deriva del enfrentamiento entre dos visiones de lo que es Ucrania y de la dirección estratégica del país. La división este-oeste implica más cosas que una mera división geográfica.
El este es pro-ruso, con mayoría de población de ese origen étnico, votó en las pasadas elecciones por Yanukovich, al que entre otras cosas le cuesta hablar ucraniano correctamente y que fue vencido en la Revolución Naranja de 2004.
El oeste, pro-ocidental y nacionalista, apoyó masivamente el proyecto de la líder de la Revolución Naranaja, Yulia Timoshenko, o al menos, votó masivamente en contra de Yanukovich, que encarna para muchos el fantasma de la sumisión a Rusia.
A estas divisiones internas, se suman algunos factores internacionales. Ucrania es un país muy frágil económicamente que se ha visto sacudido por la crisis económica internacional y la retirada de fondos del FMI.
A lo que se suma que su dependencia del gas, así como la dependencia de muchos países de la UE del gas que pasa por sus tierras, es absoluta y la convierte en altamente vulnerable a los caprichos del Kremlin. Con Obama en la Casa Blanca en lugar de Bush, occidente ha dejado de estar interesado en lo que ocurra en este país exsoviético. Las prioridades han cambiado.
Ucrania está en medio del juego geopolítico del gas y no tiene ningún elemento para ser independiente. Así que ha optado por sumarse a Rusia, en lugar de tenerla como enemiga. Y eso, sólo gusta a la mitad de la población.
