No es tan cierto "el fatum", el destino implacable de los protagonistas que afirmaban algunos escritores clásicos en sus tragedias, como la célebre "Medea" de Eurípides.

El destino puede verse alterado con una buena dosis de empeñada voluntad o un acertado sentido común. ¡Cuántas situaciones desagradables se evitarían si hiciéramos uso frecuente de la propia responsabilidad! ¡Cómo reinaría la felicidad en todos los rincones del mundo si desapareciera un poco la tan extendida agresividad!

Parece ser que la prudencia es sinónimo de cobardía y que los buenos modales o simplemente la educación ya no se "estila".¡Lamentable error! Ni el desafuero ni los malos modos jamás llegaron a buen destino, para nadie, y mucho menos para cualquiera que anhele ser feliz.

Felicidad infantil

Los niños, desde su nacimiento, ya son felices; su inefable y cautivadora sonrisa son testimonios de su bienestar. ¡Qué poco necesitan para sentirse dichosos! No mucho después, la naturaleza les regalará algo extraordinario que será su mejor compañera: la imaginación. Entonces ya lo tienen todo; personajes tan fantásticos como misteriosos, castillos deslumbrantes y grutas ocultas, situaciones ingenuas o tremendamente complicadas. En su maravilloso mundo, siempre a mano y en cualquier momento, ahí estará su imaginación infantil como un privilegiado don del cielo para su propia felicidad y para sus padres que, atentos, no dejan de observarlo.

Hogar tranquilo para vivir feliz

La presidenta del Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, Dª Margarita Álvarez, en una reciente entrevista concedida al diario madrileño La Razón, manifestaba que, en sus muchos informes sobre la felicidad, "destaca la tendencia de los humanos a compararnos unos con otros y eso no ayuda a ser feliz".

Un trabajo, a ser posible elegido, pero en todo caso bien hecho, es una de las mayores satisfacciones y luego, al término de la jornada, el regreso a un hogar tranquilo, situado en un barrio agradable, sano y con abundancia de parques y jardines, completará día a día el concepto de una sencilla y confortable felicidad, lejos de tan variadas y banales aspiraciones que tanto se prodigan.

Felicidad matrimonial

En una de sus múltiples y acertadas frases, el filósofo Hermann Graf Keyserling mantenía que "la máxima felicidad del matrimonio, cosa que los jóvenes ignorarán siempre, es la de envejecer juntos".

Gran verdad y mejor recompensa para esos dos seres que, voluntaria y alegremente se comprometen a vivir en indisoluble unión, a crear y cuidar una familia con todo tesón y cariño, presumiendo siempre de ello, venciendo obstáculos, superando dificultades y permanentemente felices; su secreto es noble y sencillo... llegar unidos hasta el final. Su idea, mantenida desde muchos años atrás, en su ya lejana y maravillosa juventud, aún permanece fija e inmutable porque simplemente se basa en conservar su matrimonio para siempre. ¡Qué poderosa fuerza mantiene tal felicidad en tanto tiempo!

Abuelos y nietos, felicidad compartida

Tarde o temprano, muchos de los seres humanos deberán ser abuelos, y ojalá los nietos tuvieran siempre a sus abuelos, aun con su mermada salud tan propia de la edad. La entrañable imagen de abuelo y nieto tomados de la mano, intercambiando simbólicamente la experiencia y seguridad del abuelo con la inocente fragilidad de su nieto, es toda una estampa de felicidad compartida.

Preguntas, respuestas y más preguntas... "porque mis abuelos lo saben todo", dicen los orgullosos chiquillos a sus amiguitos del colegio, y si alguno lo duda, puede que haya pelea entre ellos.

Cómplices en sus secretitos o aventuras, admiradores de sus buenas notas o destacados puestos en sus actividades escolares, consejeros en los juveniles devaneos y cariñosamente unidos a sus nietos.

Para todo esto y mucho más nacieron los abuelos.

Felicidad en todo momento para todos

Si está demostrado que la mayor aspiración de cualquier persona es vivir feliz, no se entiende el por qué mantener con tanta frecuencia esa obstinada tendencia en rechazarla, casi siempre, de forma gratuita. Requiere mayor esfuerzo ser infeliz habida cuenta de todas las maravillas que nos rodean, tan cerca a veces que, paradójicamente, no las vemos. En nuestros semejantes con sus innegables cualidades, en los animales de compañía que nos alegran con tanta asiduidad, en la permanente satisfacción y aporte económico del cotidiano trabajo. En tantas cosas y situaciones hay razones de sobra para pensar e incluso decir en voz alta: ¡Desde hoy voy a ser feliz!