La Segunda República Española instaurada en abril de 1931 estableció una Constitución de corte liberal. En su inicio, las Cortes permitieron a las mujeres acceder a los escaños, pero sin votar, según un decreto del Gobierno provisional de la República. Dos mujeres accedieron entonces al Congreso: Clara Campoamor, por el Partido Radical, y Victoria Kent, por el Partido Radical Socialista.

Posturas enfrentadas ante el voto femenino

La cuestión del voto femenino seguía siendo polémica, hasta el punto de que las dos únicas mujeres que había en la Cámara mostraban posturas distintas. El día 30 de septiembre de 1931 comenzó el debate sobre el artículo 36 de la Constitución que trataba sobre el sufragio femenino. Victoria Kent se mostró partidaria de esperar unos años antes de dar a la mujer el derecho al voto. Kent consideraba que, en ese momento, los votos de las españolas irían a parar a los partidos de la derecha, por la gran influencia que tenía la Iglesia en la conciencia femenina. Creía necesario esperar a que las mujeres comprendieran lo positivo de la República y se convirtieran en sus más firmes defensoras antes de darles el derecho a votar.

Por su parte, Clara Campoamor, que ya había conseguido que el anteproyecto constitucional recogiese el establecimiento de plenos derechos electorales para las mujeres, pidió que no se cometiera el error de dejar a la mujer al margen de la República por miedo a cuál sería su comportamiento en las urnas.

Finalmente, en un ajustada votación celebrada el 1 de octubre de 1931, el Pleno del Congreso de los Diputados reconoció el derecho de la mujeres al voto por 161 votos a favor y 121 en contra.

Cuarenta años de parón

Dos años después de su aprobación en el Congreso, en 1933, las mujeres pudieron acudir a votar. Y tal como temían los partidos de izquierdas, la derecha se impuso en aquellas elecciones, aunque no está claro si el triunfo se debió a la incidencia del voto femenino o a la unión de todos los partidos de derechas. El Gobierno resultante incluyó entonces a seis mujeres entre sus diputados.

Sin embargo, la participación de la mujer en la vida política y social duró poco. En 1936 estalló en España la Guerra Civil y tras ella llegó la dictadura de Franco. Cuarenta años en los que ni los hombres ni las mujeres pudieron participar en una elecciones libres.

No sería hasta las elecciones democráticas de 1977 cuando la mujer volvería a poder participar libremente en unas elecciones.

Clara Campoamor y los derechos de las mujeres

Considerada una de las madres del feminismo español, Clara Campoamor defendió durante toda su vida la emancipación de la mujer y su participación en la vida política y social, culminando su lucha en la instauración del derecho al voto femenino.

De familia modesta, Campoamor pudo compaginar su trabajo con estudios de Derecho, consiguiendo la licenciatura en la Universidad de Madrid en el año 1924. Hecha a sí misma, su lema siempre fue "Mi ley es mi lucha" lo que la llevó a pelear de forma incansable por establecer la no discriminación por razones de sexo, la igualdad jurídica de los hijos habidos tanto dentro como fuera del matrimonio, el divorcio y, por supuesto, el sufragio universal.

Tras conseguir la aprobación del voto femenino en las Cortes de 1931, Campoamor se mantuvo en la política hasta 1934, año en que abandonó el Partido Radical. Poco después intentó ingresar en la Izquierda Republica, pero su entrada fue denegada.

Con el estallido de la Guerra Civil, huyó a Francia, para instalarse más tarde en Buenos Aires, donde se dedicó a escribir biografías de españolas ilustres, como Concepción Arenal o Sor Juana Inés de la Cruz. En 1955, tras varios intentos de volver a España sin conseguirlo, se trasladó a la ciudad suiza de Lausanna, donde murió en 1972.