El nacimiento de Jesucristo, hijo de Dios, da significado a la celebración cristiana de la Navidad. El término etimológicamente deriva de Natividad o natalicio de Jesús. Época de espiritualidad y a su vez de armonía familiar, significa para muchos el reencuentro con los familiares y seres queridos. Celebraciones y regalos ocupan los días y las noches señaladas. Parte de la parafernalia cristiana es herencia de las Saturnales romanas.
Solsticio de invierno
Desde la más remota antigüedad el hombre ha observado los astros y la naturaleza de las cosas y ha dividido su tiempo en partes asimilables al pobre conocimiento como mortal. Estaciones, calendarios, horas, minutos; sirven para encuadrar al ser humano en un espacio temporal que dé sentido a sus vidas. Solsticios y equinoccios ordenaban calendarios agrícolas donde el hombre se ceñía a los cambios naturales que repercutían en sus labores agrícolas. Una de estas estaciones era sin duda el solsticio de invierno que coincidía con la finalización de los trabajos agrícolas con la siembra de invierno. Las etapas de siembra eran trabajos arduos y sobre todo exigentes con las personas pues de ellos dependían los alimentos primaverales. Al finalizar la siembra el trabajo en los campos decrecía y había relajación y más tiempo libre para campesinos y esclavos. Del nacimiento del sol deriva el nombre de solsticio y el astro rey será asimilado por parte cristiana al nacimiento del Hijo de Dios dando lugar a la Navidad cristiana.
Saturnales
Etimológicamente esta fiesta romana derivaba del patronímico del dios Saturno, el Crono griego. Hijo menor del Cielo (Coelus) y la Tierra (Tellus), él y sus hermanos derrocaron a su padre y Saturno obtuvo el derecho de reinar de su hermano mayor Titán a cambio de la promesa de matar a todos sus hijos para reservar la sucesión a sus propios hijos. El famoso cuadro del pintor aragonés Francisco de Goya y Lucientes Saturno devorando a un hijo (1819-1823), nos presenta el retrato psicológico de esta promesa. La expresión del rostro dibuja un ser que vive la locura y devora a su propio vástago para cumplir la promesa hecha a su hermano. Su mujer Ops, también conocida como Rea, le fue dando los hijos nacidos de su unión hasta que escondió a uno de ellos de ese fatídico destino. El afortunado descendiente será el futuro rey de los dioses y no es otro que Júpiter, dios supremo del panteón romano, que con el tiempo derrocará a Saturno expulsándolo del cielo. Destronado se refugió en el Lacio legislando sobre los hombres para imponer el orden.
Asimilado a las faenas agrícolas protege sembrados y cosechas. Por esta razón se crea la fiesta de las Saturnales en su honor que se celebraba el 25 de diciembre (desde tiempos del emperador Aureliano) coincidiendo con el solsticio de invierno. Para oficializar este hecho se construyó en el Foro al pie del monte Capitolio, un templo que además de albergar su culto, hacía las funciones de Tesoro Público estatal que estaba vigilado por los cuestores nombrados para esta función. Una imponente estatua de un Saturno barbudo con una hoz en la mano era el centro del templo. Para simbolizar la unión con Roma se le ataba al pedestal de la estatua una cinta de lana que hacía de grillete y que impedía que se escapara. Al empezar la fiesta de las Saturnales esta cinta se deshacía simbolizando la libertad de Saturno.
Las Saturnales tuvieron varias fechas de celebración. Hasta la dictadura cesariana se celebraba el 17 de diciembre con un gran sacrificio hecho por senadores y équites que acababa en un ágape público. El mismo César las prolongó dos días más hasta el 19. Los emperadores Augusto y Calígula añadieron días festivos, y Domiciano, hijo de Vespasiano, las alargó hasta el 23 de diciembre. Aureliano las asimiló al culto siríaco del Sol Invicto el año 274 d.C. y desde entonces se celebraban el 25 de diciembre.
La celebración consistía en una fiesta de alegría y de convivencia entre todos. Todas las actividades oficiales cesaban e incluso como sucede en la Semana Santa católica se liberaban presos y hasta se aplazaban ejecuciones. Una de las principales actividades de las Saturnales era el intercambio de regalos entre familiares y amigos y la proclamación del mundo al revés por un día. Los esclavos se vestían de señores y actuaban como tales.
Asimilación cristiana
El Cristianismo nació del Judaísmo a través de la llegada del Hijo de Dios al mundo. Como típica ideología religiosa oriental, la religión de Cristo era tan sincretista como las demás y pronto asimiló cultos y formas orientalizantes. Su rápida evolución y desarrollo por el Imperio Romano le hizo desembocar con fuerza en las tierras romanizadas convirtiéndose con el tiempo en religión oficial del Imperio. El culto mitraico también se había extendido por el Imperio y ambos cultos se encontraron. El Sol como centro del monoteísmo incipiente en el Imperio terminó con la asimilación cristiana de Mitra, a través del Sol Invicto, y la celebración de su fiesta el 25 de diciembre durante el solsticio de invierno.
El nacimiento de Jesucristo se llevó a la noche del 24 de diciembre, la Nochebuena cristiana, y se hizo coincidir con estas fechas. Las Saturnales encajaban perfectamente con las intenciones cristianas y se asimilaron al tradicional culto cristiano. Se despaganizó la fiesta pero manteniendo algunas de las costumbres romanas como la de los regalos y las celebraciones aunque en vez de honrar a Saturno, se adoraba a Cristo y su venida al mundo para salvar del pecado original a los hombres.
Por todas estas razones se puede decir sin equivocarse que las Navidades tal como se conocen en la actualidad son herederas directas de las Saturnales romanas, pues si bien se cristianizaron para evitar su paganismo, muchas de sus tradiciones se conservan de forma inalterable en el tiempo y con el mismo significado que el actual. Época de paz y de alegría familiar, las Navidades y las Saturnales son y fueron el triunfo de la familia en la sociedad.
Join the Conversation