El Upper Atmospheric Research Satellite (UARS) fue lanzado por la NASA el 12 de septiembre de 1991 desde el trasbordador Discovery a fin de medir la capa de ozono, la composición química de la alta atmósfera, y los vientos y temperaturas en la estratosfera. Dejo de funcionar en el año 1995 y, por haberse vuelto incontrolable, es factible que caída sobre la Tierra el viernes e incluso el jueves o el sábado de esta semana.

¿Qué es un satélite artificial?

Satélites artificiales son, según el diccionario de la RAE, vehículos tripulados “o no que se colocan en órbita alrededor de la Tierra o de otro astro, y que llevan aparatos apropiados para recoger información y retransmitirla”. Son, por tanto, totalmente distintos a los cuerpos celestes opacos de origen natural “que solo brillan por la luz reflejada del Sol y giran alrededor de un planeta primario”.

El satélite de la NASA que caerá esta semana en la Tierra

El UARS se lanzó al espacio con una masa de 5.668 kilogramos más combustible, con una medición de 10,7 m de largo y 4,5 m de diámetro. Fue diseñado como un satélite de observación atmosférica para estudiar procesos físicos y químicos a una altura de entre 15 y 100 Km de la Tierra, en las capas altas de la atmósfera, a fin de conocer las implicancias de ello en el clima terrestre y la variabilidad climática.

Proporcionó mediciones de la estructura interna de la atmósfera y de las influencias externas que actúan sobre ella (radiación solar o campos eléctricos). Y sus propósitos específicos fueron estudiar la entrada y salida de energía en la atmósfera superior, la fotoquímica, la dinámica y la relación entre todos esos procesos.

Caída del ‘UARS’ no reviste amenazas para las personas

Su vida científica se dio por terminada en diciembre del año 2005, momento desde el cual ha ido descendiendo desde su órbita inicial a unos 580 kilómetros de altura sobre la Tierra. Existiendo ahora la amenaza de que sus fragmentos caigan sobre una extensión de unos 800 kilómetros que, según la NASA, serán seguramente en algún espacio de los mares terráqueos dado que la mayor parte de la superficie planetaria es agua.

También es positivo el hecho de que de las casi seis toneladas de peso del UARS, no queden combustibles tóxicos pero sí piezas de titanio y depósitos que podrían entrar sin problemas en la atmósfera terrestre en 26 grandes fragmentos según calculan los expertos de la NASA.

¿Cuándo caerá el ‘UARS’?

El Centro Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés) de la Fuerza Aérea estadounidense con sede en la localidad californiana de Vandenber, irá acumulando datos para ir mejorando las predicciones respecto a la hora y lugar de caída del satélite; cuya trayectoria se sigue con radar y telescopios, estando también determinada por el efecto del flujo solar y por su propia orientación.

La amenazante y creciente basura espacial

La caída del UARS será una más en la larga lista que conforma la esporádica caída de satélites artificiales defectuosos o en desuso puestos en órbita por agencias estatales y empresas privadas en aras del progreso, la investigación y la ciencia. Una sutil forma, finalmente, de disminuir la ingente cantidad de basura espacial que, en ese ámbito, también manifiesta la ineficiente o insostenible forma de avanzar o desarrollarse que todavía prevalece en la humanidad.