Antonio López de Santa Anna es un personaje tristemente célebre en la historia mexicana. Héroe nacional, presidente de la república en varias ocasiones, general condecorado, fue protagonista de acontecimientos que marcarían el destino del país, como es el caso de la guerra de Texas, en donde su actuación propició la derrota del ejército mexicano y la consiguiente separación de Texas.

La guerra de Texas

La independencia de Texas fue un movimiento auspiciado por el gobierno de los Estados Unidos. Aun cuando el gobierno mexicano tenía conocimiento de las intenciones expansionistas del vecino país del norte, permitió que colonos estadounidenses poblaran Texas.

Con la finalidad de acelerar el proceso separatista, en los Estados Unidos se formaron clubes que reclutaban voluntarios para combatir en Texas a cambio de tierras. Hacia 1835 el movimiento por la independencia texana era una realidad y fue cuando en México se dispuso el envío de una fuerza militar para reprimirlo.

No obstante ser el presidente de la nación, Santa Anna tomó la decisión de salir a combatir personalmente a los rebeldes. Organizó un ejército de seis mil elementos, en San Luis –endeudando más al gobierno-, y partió hacia Texas para expulsar a los voluntarios norteamericanos. Los eventos militares más significativos se dieron en El Álamo y en San Jacinto.

El sitio de El Álamo

El 26 de febrero de 1836 Santa Anna entra a San Antonio Béjar en busca de un grupo de rebeldes. El enemigo se refugia en una antigua misión franciscana, ubicada en San Antonio de Valero, conocida como El Álamo.

Santa Anna cerca la fortaleza y exige la rendición incondicional. El enemigo no acepta, aunque trata de hacer tiempo en espera de los refuerzos, que nunca llegarán, de Samuel Houston.

La noche del cinco al seis de marzo se prepara el asalto final, dos mil mexicanos van rodeando el fuerte. Con grandes pérdidas –cuatrocientos soldados- Santa Anna logra penetrar los muros. Todos los rebeldes norteamericanos –ciento ochenta y tres- son abatidos.

La batalla de San Jacinto

Después de El Álamo Santa Anna divide su ejército en tres facciones para limpiar el territorio texano de los voluntarios norteamericanos. Enterado de que una fuerza, comandada por Houston, se halla cerca de su columna, el general decide enfrentarla.

En las orillas del Río San Jacinto, el 21 de abril de 1836, a sabiendas de que Houston está casi a la vista, a la hora de mayor calor, el general en jefe ordena –en un increíble exceso de confianza- un descanso para sus tropas. Santa Anna se recuesta bajo un encino y se queda dormido.

Houston, que posiblemente había observado la conducta de la tropa mexicana en los días anteriores, decide atacar en ese momento. Penetra sigilosamente hasta el campamento mexicano y causa una verdadera masacre, mueren 400 soldados mexicanos y doscientos resultan heridos.

El cautiverio de Santa Anna

El resultado de esta acción militar sería trascendental para la causa texana. Santa Anna fue hecho prisionero cuando intentaba escapar disfrazado de paisano. Fue entregado a los líderes de la rebelión y meses después fue enviado a los Estados Unidos para entrevistarse con el presidente Jackson.

Santa Anna fue obligado a firmar los Tratados de Velasco, pero como era prisionero no tenía las facultades para aceptar oficialmente la independencia de Texas. Se cree que se comprometió personalmente a no hacer nada para recuperar el territorio texano. El gobierno norteamericano le proporcionó una embarcación que lo trasladó a Veracruz en donde fue recibido fríamente por la población.

Después de esta guerra el prestigio de Santa Anna quedó por los suelos, aunque tendría la fortuna de recuperarlo en 1838 durante la guerra contra Francia. México no reconoció la independencia de Texas y tampoco fue capaz de recuperar el territorio. En 1848 sufrió la pérdida de más territorios tras ser derrotado por los Estados Unidos en una nueva guerra en la que Santa Anna, otra vez, tuvo una actuación muy dudosa.