Inmortales, bellos, seductores, elegantes, mortíferos, fríos, rápidos y con extraños poderes, terribles hijos de las tinieblas que, sin embargo, temen a la luz del sol, los crucifijos o el olor a ajos... La imagen del vampiro tal y como lo conocemos hoy en día le debe mucho a la literatura y sobre todo al cine, un arte que le ha puesto rostro al terror y que lo ha dotado de mil y una cualidades que no aparecen en las leyendas populares, convirtiéndolo en un mito imperecedero.

Nosferatu, el vampiro original

El primer vampiro cinematográfico llegó a la gran pantalla de la mano de F. W. Murnau en 1922, con la película "Nosferatu, eine simphonie des Grauens" (Nosferatu, una simfonía del horror), en la que la historia de Drácula tomaba apariencia de cuento centreuropeo para evitar pagar derechos de autor a Bram Stoker y sus descendientes. Pero en este cuento gótico no aparece aún el vampiro glamuroso al que estamos acostumbrados, sino que el protagonista, llamado Orlok, es feo y monstruoso y sin atisbo de humanidad.

En todo caso, Nosferatu marcó el inicio del género vampírico en el cine y, durante muchos años, ha sido considerada una de las mejores películas de vampiros de la historia, una fama a la que ayudó la leyenda que afirma que Max Schreck, el actor principal del film, era un verdadero vampiro, y la colaboración de una logia ocultista llamada Fraternitas Saturni en la producción del film. En el año 2000, una película llamada La sombra del vampiro se encargaría de explicar al mundo esa extraña historia.

Vampiros en la era dorada de Hollywood

La primera película americana de vampiros fue El murciélago, en 1926. Sin embargo, no fue hasta 1931 que el mito de Drácula aterrizó en Hollywood y halló su alter ego en un actor casi desconocido que, como el propio Drácula, había nacido en Transilvania. Se llamaba Béla Lugosi y, aunque sólo interpretó ese papel en tres films, se identificó tanto con el personaje que eso le llevó a la locura. Adicto a la morfina e incapaz de dar un giro a su carrera, se decía de él que dormía en un ataúd y, tras su muerte, fue incinerado con su disfraz.

No obstante, loco o no, la figura de Béla Lugosi, con su metro ochenta y cinco de altura, su elegancia natural y su halo seductor y misterioso pese a sus casi cincuenta años de edad, quedaría para siempre fijada en el imaginario colectivo como los del verdadero conde Drácula, un ser terrorífico que, sin embargo, no era ni violento ni agresivo.

Los filmes de terror de la Hammer, erotismo y horror

Posteriormente, ya en los años 50, una productora británica tomó el relevo a las grandes majors estadounidenses en la producción de cine de terror. Hammer Productions, fundada en 1934 por el actor Will Hinds, inició su andadura en el cine de terror en 1956 con La maldición de Frankenstein y, dos años más tarde llegó a las pantallas Drácula, la primera en la que el famoso vampiro era interpretado por Christopher Lee. Con él terminaba la tradición que mostraba al vampiro como un manipulador de la mente y llegaba un ser sangriento y despiadado sediento de sangre.

Y, como la violencia y el sexo son parientes próximos, muchas producciones de la Hammer introdujeron un nuevo erotismo en el cine de terror, sustituyendo el beso en el cuello del vampir clásico por desnudos casi integrales y a las dulces doncellas vampirizadas por mujeres de carácter que, con o sin colmillos, se hacían con un lugar propio en las películas que protagonizaban. En esa línea, se recuperó también otro vampiro célebre de la literatura clásica, la vampira Carmilla, poderosa y claramente sexual, surgida de la pluma de Sheridan LeFanu.

Comedias de terror, los vampiros más divertidos

En los años 70, después de una década de películas de dudosa calidad en las que el mito del vampiro iba deformándose cada vez más, estaba claro que el respeto a la figura vampírica como causa de horror se había perdido, y eso facilitó la aparición de varias películas que, entre 1970 y 1990 más o menos, enfocaron el tema con ligereza y con cierto sentido del humor.

Quizás la primera y más conocida de estas películas fuera la curiosa El baile de los vampiros, dirigida y protagonizada en 1967 por Roman Polanski, pero no fue la única. De hecho, el género de la comedia de terror tuvo un gran éxito y dió lugar a films de todo tipo, desde la curiosa Drácula negro, de 1972,a la juvenil Mordiscos peligrosos (1985) o la animada Vampiros en la Habana, del mismo año que la anterior.

El resurgir del Conde Drácula: la película de Coppola

La recuperación del vampiro como personaje de terror puro vendría, ya en 1992, de la mano de Francis Ford Coppola y su Drácula, de Bram Stoker, una vuelta a los clásicos que devolvió al cine de vampiros su punto glamuroso. La película sigue paso a paso la novela de Stoker e incluso la cita reiteradamente, aunque con ciertos guiños al erotismo estilo Hammer en los personajes femeninos, y rescata del olvido al vampiro seductor que no requiere de fuerza física para conseguir sus objetivos.

No obstante, el filme también introducía un cambio de punto de vista novedoso que ya anticipaba lo que se vería dos años más tarde en Entrevista con el vampiro, y por primera vez atendía a las inquietudes y emociones del vampiro, a sus debilidades, algo sin lo que sería difícil imaginar el cine vampírico actual.