Cada año, en las fechas que preceden al 14 de febrero -Día de San Valentín en el santoral cristiano, hasta 1969- en todo el mundo occidental u occidentalizado se produce una explosión de vistosos corazones escarlata con miles de estilos gráficos, que desde publicaciones, escaparates, emails y anuncios de todo tipo nos incitan a comprar algún regalo para nuestra persona amada. Pero pocos nos preguntamos si ello puede acarrear algunas consecuencias medioambientales.

Dioses del amor convertidos en mercaderes del consumo

El largo camino recorrido por el Amor, desde los tiempos en que los griegos lo pusieron al cuidado de su dios Eros (Cupido, para los romanos) pasando luego varios siglos desde finales del siglo V hasta 1996 bajo la cristiana advocación del legendario San Valentín -santo controvertido cuya existencia no está fehacientemente probada- culmina ahora en la sustitución por el más práctico patrocinio de los grandes almacenes de todo el orbe.

Está bien que la imagen de San Valentín no haya sufrido una transformación mercantilista tan radical como la del bonachón de San Nicolás transmutado en el rojo Santa Claus vendedor de conocidos refrescos, pero ciertamente el derroche de vistosos corazones color carmín permiten la creación de un sinfín de vistosos anuncios que hacen las delicias de diseñadores y publicitarios.

Por otro lado, el descomunal flujo de regalos que se produce con motivo del Día de San Valentín favorece la aparición de una nueva categoría de amor consumista que induce nuevos estados de felicidad, tanto en quién compra el regalo, como en quien lo recibe... ¡y mucho más en quien lo vende!

Los enamorados intentan salvar el consumo

Del sexo a la pasión; del romanticismo al amor platónico; de lo químico a lo emocional; de lo natural a lo moral; del amor real al sexo virtual; del contacto físico a la telecomunicación sensorial mediante escritura, voz, fotos o televisión. El amor ha sido causa y justificación desde las más bellas expresiones de arte y afecto, hasta los más horrendos crímenes pasionales.

Pero ahora -gracias a las hábiles técnicas del marketing- es también el motor que impulsa con fuerza el consumo mundial en unas fechas del año tradicionalmente críticas para las ventas. Aun así, el gran esfuerzo colectivo orquestado por los vendedores no consigue levantar lo suficiente los gráficos de consumo en febrero, mes en el que los sufridos consumidores intentan recuperarse de la empinada cuesta de enero.

El regalo compromiso

Por lo general el Día de San Valentín se suelen hacer regalos más bien de carácter testimonial por parte de quien hace el regalo, que en función de los gustos de quien los recibe.

Se regala a la persona amada, pero para confirmarle que nuestro amor continúa vigente con la misma fuerza que el primer día. Es la renovación de una línea de crédito afectivo (no precisamente en efectivo) que nos permitirá disfrutar un año más del cariño recíproco de nuestra pareja.

El verdadero regalo que recibe la persona amada es pues esta confirmación, y no el objeto elegantemente envuelto que la representa.

Los productos que más se regalan en el Día de San Valentín -la segunda festividad más generadora de consumo, después de la Navidad- son tradicionalmente: chocolate, flores, diamantes, oro, tarjetas de felicitación y aparatos electrónicos.

Regalos dulces que también amargan

Para darnos una idea de lo que puede significar el ritual social del 14 de febrero, basta conocer algunas de las circunstancias que afectan a la producción de algunos de esos regalos.

Costa de Marfil es actualmente el país que produce más cacao en el mundo; siete de sus quince millones de habitantes trabajan directa o indirectamente en ello, para lograr una cuota del 40% del mercado mundial, estimado en trece mil millones de dólares. A pesar de esto, las condiciones inhumanas en que llevan a cabo su tarea los recolectores de granos de cacao -casi todos niños que jamás en su vida podrán probar una tableta de chocolate y menos aún un bombón- amargan en cierta medida la dulzura del obsequio.

Colombia exportó en las fechas de San Valentín de 2009 medio millón de flores a todo el mundo, lo cual benefició directamente a unos cien mil trabajadores, e indirectamente a otros cien mil más. Ese es el aspecto positivo de la cuestión, pero algunos ecologistas se mesan los cabellos calculando las toneladas de pesticidas que se emplearon en su producción, que afectaron además muy directamente a la salud de los floricultores.

A pesar de los continuos esfuerzos por impedirlo, todavía se comercializan en gran cantidad los llamados diamantes de sangre procedentes de las minas centroafricanas, con los que se financian repetidas y cruentas matanzas. Se calcula que hasta un 15% de los diamantes que se venden en el mercado pueden pertenecer a esta inquietante categoría.

En cuanto al oro, su aspecto siempre limpio, brillante, reluciente, puede hacernos olvidar fácilmente que para la extracción y separación de solo 10 gramos de oro -cada día más escaso y menos concentrado- se necesita remover una tonelada de tierra en agresivas minas a cielo abierto, que además quedan fuertemente contaminadas por altas concentraciones de residuos de arsénico, mercurio y plomo.

Y no pensemos que algo tan inocente como enviar una bonita tarjeta de colores a nuestra reina de corazones carece de coste medioambiental. La producción de papel es la culpable de la deforestación del 50% de nuestros bosques. Y por supuesto, hasta hacer una llamada con nuestro teléfono móvil o enviar un correo electrónico representan igualmente un alto coste ecológico y humanitario.

Nuestro planeta también merece ser bien tratado

No queremos sin embargo parecer totalmente apocalípticos; la Tierra está herida pero puede curarse, solo es necesario que todos nos concienciemos de que hasta el más insignificante de nuestros actos, repetido una y otra vez y multiplicado por varios millones de habitantes, sí puede acabar hiriendo gravemente a nuestro planeta. Así pues, hagamos uso extenso de las tarjetas virtuales enviadas por correo electrónico, y para nuestros regalos reales utilicemos en lo posible materiales reciclables.