No nos engañemos. Todos los seres humanos sienten temor al considerar la idea de acudir a terapia. Y este es particularmente intenso cuando se trata de terapia de pareja. Hay varias razones para ello: el miedo al desamor, al rechazo, al considerar que se ha fracasado, a la soledad. Pero llega un momento en donde es la mejor decisión, al menos la más sana, que debe tomarse.

Cuando usted y su pareja deciden ir a terapia, tienen un 50% del camino recorrido para la estabilización de su relación, ya que la mayoría de las veces cuando ambos cónyuges están de acuerdo en dar ese paso, significa que están interesados en mejorar o salvar su matrimonio. Actualmente se considera que de las parejas que aún se aman y que acuden a terapia para encontrar una solución, aproximadamente entre el 60 y el 80% logran zanjar sus diferencias y seguir adelante juntos.

¿Por qué acudir a terapia de pareja?

Bueno, la respuesta obvia es porque los problemas son cada vez más frecuentes y no se encuentra la solución entre los dos involucrados.

Pero hay un factor crítico para acudir a las sesiones y es que para que la pareja funcione se deben decir las cosas en un ambiente neutro y con total libertad para expresarse, y llegado este nivel, en casa muchas veces esto no es posible. Y no se trata de un espacio para herir susceptibilidades, sino que es importante saber por qué razón hicimos la elección de esa pareja en específico, en qué momento comenzó a aparecer un problema cuya solución parece evitarnos y qué se hará para concertar una nueva forma de relación.

En terapia se logra una libertad que ayuda para poder expresar puntos de vista y opiniones objetivas propios y del otro, lo que ayuda a poner sobre la mesa expectativas, necesidades y deseos que no se atreven las personas a abrir frente a sus parejas. Un terapeuta avezado sabrá encaminar a los clientes por el camino del diálogo respetuoso y productivo, les enseñará a resolver sus diferencias y les dará herramientas para optar por la mejor solución y que ambos estén lo mejor posible mental y emocionalmente.

No tenga miedo a salvar o terminar su relación

La mayoría de las parejas son renuentes a ir a terapia porque sienten que lejos de ayudarlos, el terapeuta terminará por separarlos. Si usted es uno de los que piensan así, debe recordar que el trabajo y motivación de un terapeuta de pareja es lograr el desarrollo óptimo de la pareja pero no a costa de sus integrantes. Su objetivo es que los involucrados se permitan alcanzar un nivel de vida más placentero, amoroso y de disfrute del otro pero también de uno mismo.

Y hay ocasiones en que el profesional se ve en la necesidad de enfocarlos en una dura realidad: que si bien uno de los dos o, incluso, ambos desean permanecer en pareja, saludablemente esto es lo más contraproducente y causará más daño que provecho. En ese caso, es cierto, el terapeuta los ayudará a saber si lo mejor es una buena separación.

Recuerde que la pareja está formada por dos integrantes, dos individualidades, con gustos, esperanzas y metas muy personales. Cuando los objetivos de ambos no son capaces de compaginarse de manera armónica para formar un proyecto de vida común, es mejor replantearse seriamente el orden de importancia de las prioridades.

Tenga presente que el profesional que los atienda no les dirá qué decisión tomar, únicamente los pondrá en perspectiva, una que han pasado por alto. Usted logrará conocerse mejor y conocer mejor a su pareja, lo cual le ayudará a saber si realmente el matrimonio aún funciona o ambos recorren caminos tan distintos que las posibilidades de funcionar juntos son mínimas. Recuerde que saber es poder. Podrá tomar mejores decisiones si alguien le guía adecuadamente. No tema, al final todo resultará bien.

Señales más comunes por las que termina el matrimonio

  • Falta de comunicación: la primera y más importante, porque la mayoría de los problemas derivan de ella. Aparecen malos entendidos y peleas producto de un diálogo pobre o inexistente con el otro.
  • Poca o nula actividad sexual: desde luego, después de un tiempo, la pasión baja y empieza a sustituirse por otros factores como el compañerismo, la solidaridad e, incluso, la amistad. Lo malo es cuando no solo disminuye, sino que termina volviéndose mínima o se erradica por completo. Este es un síntoma inequívoco de que algo empieza a ir mal.
  • Caer en la rutina: otro factor es el conformismo por uno o ambos miembros en la dinámica de pareja. Se empieza a caer sistemáticamente en las mismas actividades todos los días. Las cosas pierden su encanto y empiezan a verse como obligación y no como un placer. Hay que estar atentos a esta conducta.
  • Intolerancia: se casó con una persona diferente, no lo olvide; un ser que se crió en un ambiente distinto al suyo, con valores, objetivos y enseñanzas parecidas tal vez, pero no idénticas a las de usted. Cuando uno de los miembros o ambos pierden de vista este punto, se cae fácilmente en la intolerancia hacia el otro y a lo que él o ella quiere, hace o ama. Nadie tiene la verdad absoluta.
En resumen, acudir a terapia en pareja no es fácil, eso es cierto, pero los beneficios que le otorgará serán infinitamente superiores a los que les están redituando las acciones que hasta ese momento han emprendido para tratar de salvar su matrimonio. Recuerde que la vida solo se vive una vez y qué mejor que hacerlo con una pareja que lo satisfaga y complemente, así como usted a ella. Un terapeuta los ayudará a darse cuenta en donde están parados.