En la década de los años treinta, el burdel más famoso de Berlín era el Salón Kitty. Este local dedicado a la prostitución estaba regentado por Kitty Schmidt. Esta mujer, nacida en 1882, consiguió crear un burdel en Giesebrecht Strasse, 11 de la capital alemana. En un principio se llamaba Pensión Schmidt pero con el paso del tiempo cambió su nombre por el de Salón Kitty. Con el ascenso del Hitler al poder, el éxito de su prostíbulo aumentó considerablemente.

Enseguida, Kitty vio como su negocio era muy lucrativo y empezó a transferir grandes sumas de dinero a bancos británicos a través de refugiados judíos a los que ella misma ayudaba a pasar la frontera. Por esta razón tuvo algunos problemas con el gobierno alemán ya que los nazis la acusaban precisamente de ayudar a judíos, de transferencia ilícita de dinero al extranjero. Por todo esto, el gobierno nazi le hizo una propuesta que no podía rechazar dada su complicada situación por las acusaciones anteriormente relatadas. Si Kitty no obedecía iría directamente a un campo de concentración.

La idea de la SS

La SS, la organización política defensora de Adolf Hitler, pensó en utilizar el Salón Kitty como tapadera. La idea surgió de la mente de uno de los principales responsables de las SS, Reinhard Heydrich, y de Walter Schellenberg, otro destacado jefe de esta organización que fue quien más estuvo alerta del funcionamiento del salón. Preocupados por las numerosas fugas de información que se producían en los altos mandos nazis, consideró que se habían de eliminar a los que hablaban demasiado.

Una de las formas de descubrir a estos informadores o agentes o incluso políticos del mismo partido nazi era que pudieran estar con bellas mujeres dispuestas a satisfacer sus deseos sexuales. La publicidad indicaba que el Salón Kitty era un lugar en el que los clientes podían estar sumamente relajados y encontrar a las más hermosas mujeres. Por esos numerosos hombres vinculados al régimen dedicaban unas horas a este conocido burdel. Los dirigentes nazis decidieron cambiar a las prostitutas que trabajaban hasta este momento, básicamente polacas, por bellas alemanas que simpatizaban fervorosamente con el régimen. Muchas de ellas fueron detenidas previamente en diversas redadas por los barrios bajos de la capital. Hay testimonios muy duros y crueles sobre cómo fueron tratadas y las humillaciones que tuvieron que sufrir.

Todas las conversaciones que tenían los clientes con las trabajadoras del burdel permitieron a las altas esferas nazis controlar, no solamente a diplomáticos o empresarios de otros países que visitaban el burdel, sino a los propios oficiales nazis y de la Gestapo. En la mejor época del Salón Kitty trabajaban hasta veinte chicas. En numerosos rincones de las diversas habitaciones del burdel instalaron micrófonos y otros sistemas más sofisticados para tener totalmente controlado a cada cliente que lo utilizaba.

Personajes que pasaron por el burdel

Entre las personas más conocidas que utilizaron este burdel berlinés destacaron el conde Ciano, ministro de Exteriores del gobierno italiano de Mussolini, y que el régimen nazi no tenía demasiado bien conceptuado. También estaban Sepp Dietrich, otro dirigente de la SS del que, según comentan, organizaba auténticas orgías, o el ministro de propaganda del régimen, Goebbels. Gracias al salón se pudo capturar al agente británico Roger Wilson. A medida que la guerra avanzaba y los alemanes iban sumando derrotas, el número de clientes del Salón Kitty se redujo considerablemente.

El gobierno nazi optó por devolverle el local a Kitty Schmidt, aunque la amenazaron que no podía explicar nada de lo que las SS habían realizado en aquel periodo de tiempo. Además, durante un bombardeo a finales de 1942, el Salón Kitty quedó gravemente afectado y tuvieron que utilizar únicamente los sótanos. La propietaria alemana nunca explicó nada sobre la etapa en la que los nazis controlaron su salón y se llevó esta información a su tumba cuando murió en Berlín en 1954. En la actualidad, donde estaba el Salón Kitty existe un centro de estudios para aprender a tocar la guitarra. Curiosamente, el apartamento que estaba al lado del burdel vivía Ernst Kaltenbrunner, uno de los máximos dirigentes de las SS que murió ejecutado en 1946.

En 1976, el director italiano Tinto Brass, realizó una película sobre este burdel ‘Salón Kitty’. Este realizador, especializado en cintas eróticas, no obtuvo demasiadas buenas criticas por este largometraje que contaba con Helmut Berger, actor de ‘La Caída de los Dioses’ de Visconti o ‘El jardín de los Finzi Contini’, y Ingrid Thulin, actriz habitual en las películas del sueco Ingmar Bergman, como por ejemplo ‘Fresas salvajes’ y ‘Gritos y susurros’.