La salmonelosis es una infección bacteriana cuyo contagio se produce a través del agua y los alimentos contaminados, así como por el contacto con personas o animales infectados. La salmonelosis suele afectar al tracto intestinal y, más esporádicamente, puede llegar al torrente sanguíneo. Se trata de una de las causas más frecuentes de gastroenteritis.

La salmonelosis tiene en el verano su época de mayor prevalencia, dando lugar en algunos casos a brotes epidémicos. Esta enfermedad, aunque puede afectar a cualquier persona, tiene una mayor incidencia entre bebés y niños, así como en ancianos y personas inmunodeprimidas.

Causas de la salmonelosis

La bacteria de la salmonella vive en los intestinos de las personas, animales y aves. La mayoría de personas se infectan con salmonella debido a la ingestión de alimentos que han sido contaminados Se trata de la causa más frecuente. Los alimentos que pueden estar contaminados con mayor facilidad son la carne cruda, las aves y el marisco. Las heces pueden pasar a la carne en el proceso de matanza y contaminarla. El marisco puede contaminarse a partir del agua. Los huevos crudos, y las salsas a base de huevo, es otro de los posibles transmisores de salmonelosis. Frutas y verduras, bien por el proceso con agua contaminada, por las heces o por el contacto con otros alimentos contaminados, también están en la lista de los alimentos con los que hay que tener especial precaución.

Otra causa relativamente común de contagio de la salmonella es la que se produce de persona a persona, con el contacto de las manos, de igual manera que puede producirse al entrar en contacto con animales infectados, entre los que hay que incluir aves y animales domésticos tan habituales como perros y gatos.

Síntomas de la salmonelosis

Algunas personas infectadas con la salmonella pueden no presentar síntomas, aunque lo habitual es que estos hagan acto de presencia en forma de diarrea, dolor abdominal y fiebre. Los síntomas suelen aparecer entre las 8 y las 72 horas después de haber ingerido el alimento contaminado, o tras el contagio por otra vía. Otros síntomas que pueden aparecer son las náuseas, el vómito, escalofríos y dolor de cabeza. En general esta sintomatología remite al cabo de unos 4 a 7 días sin necesidad de tratamiento. Sin embargo hay casos donde el tratamiento se hace necesario, tal y como ocurre en niños pequeños, mujeres embarazadas, personas ancianas o personas con el sistema inmunitario debilitado.

Tratamiento de la salmonelosis

Para prevenir la salmonelosis cada vez son más rigurosos los controles de calidad alimentaria. Pero a nivel personal, cada uno de nosotros puede hacer lo correcto para evitar el contagio; como la cocción adecuada de los alimentos, lavarse bien las manos antes y después de manipular la comida, limpiar todos los utensilios de cocina que se hayan utilizado y usar, de preferencia, toallitas de papel desechables.

El diagnóstico de la salmonella se lleva a cabo mediante pruebas de laboratorio que se efectúan en las heces de la persona infectada. Una vez identificada la bacteria se realizan pruebas adicionales para determinar el tipo específico y, si procede, saber qué clase de medicamento puede utilizarse para tratar la salmonelosis. De todos modos hay que insistir que en la mayoría de casos la recuperación se produce en una semana o menos y, por lo general, no está recomendado el uso de antibióticos ni antidiarréicos.

En el caso de los antibióticos existe cierta controversia, pues si bien se supone que debe eliminar la bacteria, parece que su empleo también puede prolongar el tiempo en que la bacteria permanece en el organismo, incrementando las posibilidades de contagio a terceras personas. Y otro tanto ocurre con los antidiarréicos, que si bien mejoran los calambres musculares, en otros casos prolongan la diarrea.

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