La situación creada en el Sahara por la violencia desatada por Marruecos contra la población saharaui indefensa, es solo la punta del iceberg. Se trata de un conflicto que tiene sus orígenes en la “chapucera” política de descolonización de África llevada a cabo básicamente durante los años 60 y 70 del siglo pasado y que contó con el visto bueno de la ONU y de las potencias occidentales.

Dentro del juego actual de la diplomacia y el análisis político, puede parecer más entendible la relativa pasividad de Marruecos ante los frecuentes incidentes en la frontera de Ceuta. Es posible que la difusa y débil respuesta de España ante los hechos del Sahara estén en esa línea. “Quid pro quo” que dirían los romanos.

Ambigua posición de España ante el Sahara

La posición española respecto al Sahara se centra en la ambigüedad. Por un lado existe un discurso oficioso, propagandístico y dedicado a contentar a la progresía intelectual y al nicho electoral más a la izquierda.

Los mensajes de apoyo del Gobierno español al pueblo saharaui defienden el proceso de autodeterminación, pero pasando de puntillas sobre las actuaciones de Marruecos. La posición institucional se nutre de declaraciones que dicen sopesar los intereses españoles en el Norte de África.

La autodeterminación del Sahara y los intereses geoestratégicos

España mezcla torpemente, derechos humanos y aspectos geoestratégicos referentes al terrorismo islamista, política de equilibrio con Argelia y Mauritania, el abastecimiento de gas, derechos de pesca, etc. Sin olvidar el peso de los propios intereses de EEUU en la zona en conflicto.

Pese a todo, esta posición contiene un cierto complejo histórico que acompaña siempre la actuación española en los asuntos del Magreb; complejo éste, que arrastra desde las Guerras de África allá por el primer tercio del siglo XX.

España y su silencio cómplice frente a Marruecos

El fondo del mensaje institucional se resume en la ausencia total de discrepancias con Marruecos, o bien utiliza la opción del silencio disfrazado de prudencia; una prudencia cómplice a veces.

Se denota una ausencia lamentable de criterio estable y propio, atrapado como está el Estado Español, entre su deber como antigua potencia administradora y las evidentes pruebas de violencia gratuita llevadas a cabo por Marruecos en el Sahara.

Es una posición de Estado, que no de Gobierno; incluso en las legislaturas de los Gobiernos de José María Aznar, (donde se produce un aparente enfriamiento de las relaciones con Marruecos), el tema del Sahara no dio lugar a ningún tipo de desgaste para el Ejecutivo español, sencillamente no existió en la agenda política.

Felipe González y Aznar mantuvieron posiciones ambiguas frente al Sahara

En los años cruciales del proceso de integración de España en la entonces CCE, la posición del Gobierno de Felipe González respecto al Sahara era precisamente la falta de posición propia. Esta carencia se mitigaba con alguna que otra tibia declaración falta de contenido real, realizada en la ONU en defensa de los derechos de la población del Sahara.

Los intereses de Estado hicieron que "dadas las circunstancias", España se mimetizara, adoptando como propia la posición de Francia. Este país era por entonces el árbitro casi determinante en el proceso de adhesión de España a la CCE.

Marruecos: socio preferente de Francia

Evidentemente, la posición francesa respecto al problema del Sahara era coherente con sus intereses comerciales y estratégicos en el Magreb y en el África francófona. Dentro de este escenario, Marruecos era (y es) socio preferente del país galo. Francia juega sus cartas convenientemente.

El pueblo saharaui no tiene entidad propia como Estado soberano y su falta de estructura jurídica y su precaria estructura política juegan en su contra. Los países consolidados como España o Francia, utilizan los mecanismos propios de la diplomacia internacional para ignorar la hoja de ruta necesaria para la solución pacífica del conflicto.

La Unión Europea y Naciones Unidas se debaten entre el quiero y no puedo

La UE en un reciente comunicado habla de violencia en el Sahara en abstracto; así, pone en igualdad de condiciones la violencia sistemática de un ejército organizado como el marroquí, y la defensa de los 20.000 civiles acampados en las afueras del Aaiún.

Es innegable que tras más de 35 años de conflicto latente, la única parte que ha realizado concesiones y ha cedido para llegar a un acuerdo es el Frente Polisario. Marruecos no ha cedido en su posición ni un milímetro en todos estos años; lo mismo ha ocurrido con la pasividad de la ONU.

Marruecos implanta colonos en el Sahara para alterar el censo electoral

Esto son hechos irrefutables que nadie puede negar. En los años 90 del pasado siglo, el plan del entonces secretario de Estado norteamericano James Baker, auspiciado por la ONU y tendente a facilitar un referéndum en la zona, fracasó por el inmovilismo del Reino de Marruecos.

El referéndum en el Sahara no se efectuará hasta que Marruecos no pueda garantizar su triunfo. Este triunfo se está fraguando a base de alterar el censo electoral con la masiva y estudiada implantación de colonos marroquíes en el Sahara Occidental; mientras, la población autóctona se marchita sin expectativas de futuro.

Semejante situación se está produciendo ante la miope mirada de la Comunidad Internacional, que cada vez demuestra menos sensibilidad ante la tragedia de los Pueblos sin Estado. En el caso de España, es posible que sea juzgada por la Historia como un país inoperante en política internacional, que ejerció de potencia de tercera fila.