Uno de los principales problemas a los cuales se enfrentan los profesores de educación primaria y secundaria en México es, sin duda, la evaluación del aprendizaje de sus alumnos.

Existe una normatividad vigente establecida por la Secretaría de Educación Pública desde 1994 (Acuerdo 200) que en sus considerandos especifica que "...la evaluación de los educandos comprenderá la medición en lo individual de los conocimientos, las habilidades, las destrezas y, en general, del logro de los propósitos establecidos en los planes y programas de estudio".

La evaluación como forma de poder del profesor

Sin embargo, las prácticas de evaluación responden más a demandas institucionales (llenado de formatos y boletas en tiempos preestablecidos), sociales (evaluaciones nacionales e internacionales) y personales (padres de familia que exigen calificaciones; docentes que perciben como pérdida de tiempo el evaluar de manera diferente a los exámenes); que a necesidades pedagógicas como valorar el avance de los alumnos, detección oportuna de problemas de aprendizaje, diseño de ayudas e intervención pedagógica adecuada, entre otras.

A esto se agrega que la evaluación no está incorporada a la práctica educativa como parte del proceso mismo, sino como un instrumento de poder detentado por el profesor y que se esgrime para controlar o sancionar al alumno.

Evaluar no es calificar

Santos Guerra aborda de manera magistral el problema sobre las prácticas de evaluación y en particular la diferencia entre evaluar y calificar. Evaluar es un proceso intencionado, permanente, profesional de valorar algo. En educación es establecer criterios de valor sobre lo aprendido con el propósito de planificar y organizar el proceso de enseñanza acorde a las necesidades de los educandos.

En tanto, calificar es asignar un número o literal, como expresión mínima, a todo ese proceso, una vez realizada la recogida de datos, analizando evidencias y asignado a cada una de ellas un valor específico. La calificación pretende que el docente, el alumno, el padre o tutor, las autoridades escolares y educativas interpreten de manera más o menos similar, el nivel de aprovechamiento de los alumnos.

Tipos de evaluación y sus instrumentos

La evaluación puede clasificarse de diversas maneras de acuerdo a la tipología que se seleccione "por su funcionalidad, por su normotipo, temporalidad o por sus agentes", Casanova (1995). Más allá de las diversas clasificaciones que puedan establecerse, un punto de coincidencia de los expertos es que cada forma de evaluación requiere de técnicas e instrumentos para darle confiabilidad y validez. El empirismo y la improvisación no son características válidas para una evaluación del aprendizaje y solo aumentan el grado de subjetividad de ésta.

En el enfoque por competencias, la evaluación auténtica es una excelente alternativa que se adapta a las formas de trabajo requeridas y a los propósitos educativos planteados en Planes y Programas de estudio. En este tipo de evaluación, a su vez, los instrumentos utilizados son, entre otros, el Portafolios y la Matriz de Valoración o Rúbricas.

Qué es una rúbrica

Se puede entender por rúbrica "un instrumento de medición que tiene criterios establecidos y estándares de desempeño por niveles y escalas, con el propósito de determinar la calidad de ejecución de tareas específicas en los estudiantes -cuando es aplicado en educación- o en los trabajadores si su aplicación es en ámbito laboral". (Vera Vélez, 2008).

Este tipo de instrumento es ideal para evaluar de una manera formal el desempeño de los alumnos al realizar una tarea específica, en la cual se combinan aprendizajes no sólo conceptuales, sino procedimentales y actitudinales los cuales, en muchas ocasiones presentan un alto grado de subjetividad para quien evalúa.

De acuerdo a las actividades de aprendizaje que se pretendan evaluar, puede ser de dos tipos:

  • comprehensiva, holística o global
  • analítica.
La primera evalúa el todo como proceso sin juzgar las partes por separado; la segunda evalúa por separado las partes del proceso o desempeño y posteriormente suma el puntaje para obtener una calificación total.

Para construir una rúbrica debe revisarse con cuidado y tener claro qué se va a evaluar (unidad, contenido o aprendizaje), describir claramente los criterios de desempeño específicos que se utilizarán y asignar un valor numérico acorde a los niveles de ejecución. Cada nivel debe contener la descripción de los comportamientos o ejecuciones o aprendizajes esperados. De igual forma se debe construir una escala de calidad para calificar, estableciendo los niveles de desempeño que pueden alcanzar los estudiantes.

Por qué evaluar con matrices de desempeño

Como docentes es importante tener en consideración que la evaluación tiene el propósito de la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje y debe ayudar a mejorar la intervención docente. En ese sentido, una evaluación integral y coherente que trascienda la evaluación de aprendizajes declarativos y contenidos, estará acorde al trabajo por competencias.

Las matrices de desempeño o rúbricas son instrumentos que por sus características se adaptan a esos preceptos. La cuestión está en que el docente esté dispuesto a cambiar su paradigma de evaluación y utilice estos insumos de manera cotidiana.