La roséola es una enfermedad de origen vírico, si bien hasta no hace mucho su origen era desconocido. Hoy se sabe que los causantes de la roséola son dos herpesvirus, HHV-6 y HHV-7, actualmente denominados virus de la roséola. Por lo general la roséola afecta a los niños de edades comprendidas entre los 3 meses y los 2 años, aunque en el caso del HHV-7, la enfermedad puede presentarse algo más tarde.

En los adultos es poco frecuente que se pueda contraer la roséola, y cuando ocurre suele estar asociada a otras patologías como el lupus eritematoso sistémico, la hepatitis, la esclerosis múltiple, la neumonía atípica o la enfermedad de Kickuchi.

Causas de la roséola infantil o exantema súbito

La causa de la roséola, como ya se han mencionado, son los herpesvirus HHV-6 y HHV-7, afectando con mayor frecuencia a los niños entre 6 meses y 1 año de edad. La roséola puede presentarse en cualquier época del año y tiene un periodo de incubación que va de los 5 a los 15 días.

Síntomas de la roséola infantil o exantema súbito

Tras el periodo de incubación, el primer síntoma que suele manifestarse es la fiebre alta, una fiebre que en ocasiones puede alcanzar e incluso superar los 40 grados. Posteriormente aparece la erupción, al tiempo que la fiebre va disminuyendo progresivamente, por lo general entre el segundo y el cuarto día de la enfermedad. La erupción dura aproximadamente unos 3 días, aunque en ocasiones se puede prolongar hasta una semana. La erupción se presenta en primer lugar en el tronco, después se extiende a las extremidades, al cuello y a la cara. Tiene una apariencia ligeramente elevada sobre la piel, en forma de llagas pequeñas de color rosáceo y no provocan picor.

Tratamiento de la roséola infantil o exantema súbito

No existe un tratamiento específico para la roséola infantil. En circunstancias normales tiende a la mejora sin mayores complicaciones. Se pueden tomar las medidas oportunas para controlar la fiebre. En este sentido, el paracetamol es uno de los medicamentos más indicados y con mejores resultados.

No existe ninguna vacuna para la roséola, así que la mejor medida, siempre que sea posible y detectable, es evitar un posible contagio. Este se produce por contacto orofecal o, más comúnmente, por las gotitas aerotransportadas, tal como sucede con un resfriado común. En cuanto al pronóstico hay que decir que la gran mayoría de los niños se recuperan completamente. En algunos casos aislados, no obstante, pueden presentarse complicaciones como la convulsión febril, y mucho más raramente, patologías como la meningitis aséptica o la encefalitis.

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