La rosácea es una enfermedad crónica de la piel que se caracteriza por el color rojo de la cara y que puede ir acompañada de hinchazón y úlceras cutáneas. Esta afección a veces se confunde con el acné, y aunque se trata de distintas patologías pueden coexistir en algunos casos, al igual que puede suceder con la dermatitis seborreica.

La rosácea es una enfermedad bastante común, sobre todo en ciertos ámbitos geográficos. Se ha observado una mayor incidencia en las personas de piel blanca, particularmente las de ascendencia europea noroccidental. Aunque puede afectar a cualquier persona, es más frecuente en las mujeres en una proporción de 3 a 1, siendo más habitual durante la menopausia. Por lo general se presenta en la franja de edad comprendida entre los 20 y los 60 años.

La rosácea se divide en cuatro tipos: rosácea eritemato-telangiectática, con coloración rojiza permanente (eritema) y vasos sanguíneos visibles (telangiectasias); rosácea papulopustular, también con coloración rojiza permanente, pero acompañada de pápulas que pueden contener pus; rosácea fimatosa, con enrojecimiento y engrosamiento de la piel y la nariz acompañado de nódulos; y rosácea ocular, que presenta afectación en las mejillas, frente, barbilla y orejas, con vasos sanguíneos visibles, ojos secos y párpados enrojecidos e irritados.

Causas de la rosácea

En la actualidad se desconocen las causas de la rosácea. Algunas teorías sugieren que tal vez se relacione con los vasos sanguíneos, que se expanden con excesiva facilidad, ya que las personas que se ruborizan a menudo, al parecer, son más propensas a padecer rosácea. Otras teorías se inclinan hacia el carácter hereditario de esta patología. A pesar de no existir investigaciones bien documentadas, se han observado algunos factores que parecen incidir en mayor o menor medida en la aparición de la rosácea. Algunos de ellos incluyen el estrés, la menopausia, el calor, la luz solar, el ejercicio intenso, comidas y bebidas muy calientes o picantes, temperaturas muy frías o el uso de esteroides en la cara durante periodos prolongados.

Síntomas de la rosácea

La rosácea puede presentar diversos síntomas. Entre los frecuentes se pueden destacar el enrojecimiento de la cara, cuya localización suele ubicarse en las mejillas, la frente, la nariz y la barbilla. Al enrojecimiento pueden acompañarle granos que, en ocasiones contienen pus y tornarse dolorosos posteriormente. A veces se presenta hinchazón leve y sensación de ardor. Otro de los síntomas es el agrandamiento de los vasos sanguíneos, por lo que aparecen delgadas líneas rojas bajo la piel. Sobre todo en los hombres, puede verse afectada la nariz, que se enrojece, se agranda y pueden aparecer abultamientos. Otros síntomas comunes incluyen la inflamación de los ojos y los párpados así como la piel engrosada.

Las personas afectadas por la rosácea también pueden presentar síntomas de índole psicológica, tales como depresión o baja autoestima.

Tratamiento de la rosácea

Aunque la rosácea no tiene cura, se pueden tratar y controlar los síntomas. En algunos casos se pueden utilizar antibióticos en forma de crema, como el metronidazol, que se aplican en la piel. En otras ocasiones se pueden administrar por vía oral. Aunque algunos síntomas pueden experimentar grandes mejoras, como los abultamientos, otros como el sonrojo tienen menores probabilidades de ser tratados con éxito. Las líneas rojas ocasionadas por el abultamiento de los vasos sanguíneos pueden tratarse con electrocirugía y con cirugía láser. Cuando el órgano afectado es la nariz se puede intervenir para remover el tejido y mejorar el aspecto. En este sentido, ciertos tipos de maquillaje contribuyen a ocultar en enrojecimiento de piel, lo que para muchos pacientes puede significar una gran mejora en el aspecto psicológico.

En el caso del tratamiento para los ojos se acostumbran a emplear antibióticos por vía oral. Las infecciones en los párpados requieren una cuidadosa limpieza con champú infantil diluido con agua o bien con un limpiador especial que se puede adquirir sin receta. Posteriormente se debe aplicar una compresa tibia varias veces al día. En algunos casos puede ser necesario el uso de gotas con esteroides para los ojos.

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