Parece que la crisis mundial haya pegado también al romanticismo made in Italy. Una encuesta sobre la difusión en Italia de comportamientos violentos contra las mujeres contiene elementos alarmantes acerca de la presunta obsolescencia del modelo “pizza y mandolino”. Es a través de este binomio desde luego que en el imaginario colectivo y en forma pintoresca se suele sintetizar la imagen del latin lover italiano.

¿Quién puede olvidar la mítica escena de la película Vacanze Romane, donde Gregory Peck intenta seducir a la maravillosa Audrey Hepburn, acompañándola en Vespa por las calles de la capital? La pregunta es: ¿estamos frente a un cambio de costumbres seductoras o se trata simplemente de tomar conciencia de datos que hasta ahora por conveniencia de gobernadores casualmente varones se seguían guardando en los archivos?

Escribir e informar sobre un fenómeno que en los últimos reportes parece haberse convertido en una verdadera alarma social significa acelerar el proceso de gradual sensibilización de una población que evidentemente necesita ser educada a valores fundamentales como el respeto del ser humano y la pacífica aceptación de sus ideas, pensamientos y libertades.

Este es un viaje a través de las zonas más obscuras de la presunta cultura seductora italiana, un viaje que hecha luz sobre datos y realidades chocantes, de los que se habló en ocasión de las ceremonias celebrativas del pasado 25 de noviembre, día mundial contra la violencia de género, instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1999.

La encuesta

El 21 de enero de 2007 el Instituto Italiano de Estadística presentó una encuesta comisionada por el “Ministero per i Diritti e le Pari Opportunità” y enteramente enfocada en la violencia de género en todas sus formas y expresiones. La investigación se basó en una entrevista telefónica subministrada entre enero y octubre 2006 a una muestra de 25.000 mujeres italianas, entre los 16 y los 70 años, procedentes de todo el territorio de la península.

7 millones las mujeres confiesan haber sufrido por lo menos una vez algún tipo de violencia física, sexual o psicológica. El fenómeno abarca a prácticas taimadas que se consuman mayormente dentro del mismo hogar doméstico y donde frecuentemente los autores son amigos de las víctimas o miembros de su propia familia. Cerca del 17,3% de las entrevistadas reconoce haber sufrido algún tipo de maltrato por parte de su pareja actual o precedente y el 24,7% por parte de otra persona.

Si la violencia física es más frecuente en contextos domésticos –el 12% contra el 9,8%- en el caso de la sexual estamos en el 20,4% de casos perpetrados por desconocidos y personas externas al entorno familiar, contra el 6,1% de actos que se consuman en ámbitos domésticos.

Hay un aspecto de este fenómeno aún más desconcertante: los casos no denunciados: tocan el 96% cuando la violencia está cometida por un desconocido y el 93% cuando el responsable es la pareja o un familiar. En cuanto a los estupros, la mayoría de ellos se consuma en familia y a menudo los episodios se repiten en el tiempo -el 91,1%- generando un mecanismo de resignación por parte de la mujer.

En los 69,7% de los casos, los responsables son los insospechables maridos, personas capaces de transformar un acto de amor en una horrible violación de la integridad física y moral de su pareja, sin prácticamente causar rumores o levantar dudas en un entorno indiferente por respeto o conspiración.

En cuanto a las consecuencias psicológicas causadas por episodios reiterados de violencia, el 44,9% de las víctimas sufre de baja autoestima e impotencia, el 41,5% tiene problemas de sueño, el 37,4% lamenta ansiedad, el 35,1% depresión, el 24,3% encuentra dificultades en mantener la concentración, el 18,5% somatiza el trauma a través de dolores físicos varios y difundidos, el 14,3% manifiesta dificultad en educar a sus hijos como hacía antes y 12,3% llega a confesar instintos suicidas y prácticas de autolesión.

El puño de hierro

El pasado 23 de abril 2009 el Parlamento italiano aprueba la ley n. 38 en materia de pública seguridad. Un paquete de medidas, que incluyen un diseño de ley anti-estupros y la reforma de código penal con introducción del delito de stalking.

Concretamente se establece la custodia cautelaría en la cárcel para quien se mancha de crímenes de prostitución o estupro de menores, pedofilia, violencia sexual y violencia sexual de grupo; detención y proceso inmediato en caso de flagrancia de delito; condiciones de detención más rígidas; patrocinio gratuito a las víctimas; modifica del código penal con inclusión del delito de stalking.

Un paso importante que necesita tiempo para producir sus efectos y encontrar un reflejo en las estadísticas de crimines de esta tipología. Quedamos entonces a la espera de los próximos datos, con la esperanza de que las próximas encuestas evidencien la eficacia de este importante esfuerzo legislativo.