
- Estadio Santiago Bernabéu. - www.fotopedia.com
Hay un dicho popular que reza así: "Lo poco gusta; lo mucho cansa". Es algo que podría aplicarse al F.C. Barcelona, ya que en esta temporada, en sus cuatro enfrentamientos contra el Real Madrid, siempre ha tenido la ventaja de que los blancos han acabado con diez.
Esta noche, en un partido tan importante como la ida de la semifinal de la UEFA Champions League, el arbitraje del alemán Wolfgang Stark ha sido determinante para que el Barcelona obtenga una ventaja lo suficientemente amplia como para soñar con la final de Wembley.
Guardiola prepara el camino
Desde que se rumoreó que el portugués Provença iba a dirigir el primero de los dos últimos enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona, Guardiola decidió hacer por su cuenta la guerra tras los micrófonos, hasta que sus lamentos fueron atendidos por la U.E.F.A., que designó al alemán Wolfgang Stark, confeso admirador de Leo Messi, como árbitro de este partido.
Resulta curioso que esté mal visto que un portugués arbitre al Real Madrid, porque cuenta con cuatro lusitanos, mientras que a nadie le resulte raro que un fan de Messi sea el director de la contienda. Pero todavía extraña más que sea alguien que, según los futbolistas de la Bundesliga, es el peor árbitro de Alemania.
Las claves del polémico arbitraje de Wolfgang Stark
No es extraño que los profesionales del fútbol alemán hayan votado a Stark como el peor árbitro, a tenor de lo ocurrido esta noche. El momento clave ha sido en torno al minuto sesenta, ya que en un minuto y medio fatídico, ha cometido tres errores consecutivos a favor del Barcelona: Pedrito hace lo que se conoce como "piscinazo" ante Marcelo, pero no es amonestado; a continuación el Real Madrid ataca y Cristiano Ronaldo sufre una fuerte falta en la frontal del área azulgrana, que Stark no señala; por último, Alves despeja el peligro y Pepe comete sobre él juego peligroso (ya que no hay contacto en ningún momento) algo que, según el reglamento, nunca debe recibir sanción mayor que tarjeta amarilla.
Hasta ese momento, el Barcelona, igual que en la final de Copa, no podía con el Real Madrid. Los blancos, que habían comenzado el partido muy fuertes en defensa pero poco activos en ataque, estaban comenzando a crear peligro en el área rival. Era un momento en que el partido parecía que podía caer del lado local y, entonces, ha llegado la expulsión.
Mourinho, como es lógico, ha protestado la expulsión de Pepe y Stark lo ha expulsado. La pregunta es inmediata: ¿por qué no ha amonestado a Valdés las dos veces que ha corrido desde su portería hasta el centro del campo a protestar a pleno pulmón? Es algo tipificado en el reglamento como amarilla. Lo mismo se puede preguntar sobre la obstrucción de Alves a Di María, en la segunda parte, cuando el argentino corría para intentar el desmarque por banda izquierda. ¿Por qué no ha habido amonestación cuando Arbeloa ha visto la amarilla por una jugada similar con Pedro en la primera mitad?
Comportamiento antideportivo del F.C. Barcelona
Por su parte, el Barcelona lo tenía muy claro esta noche, al centrarse en amedrentar al árbitro en lugar de jugar al fútbol. Primero ha sido Pedrito el que ha fingido una agresión de Arbeloa. Después lo ha hecho Busquets, intentando hacer creer al colegiado que Marcelo le había propinado un golpe en la cara. Y, por último, el meta suplente Pinto ha liado un monumental lío en la zona de banquillos, nada más terminar la primera mitad.
Afortunadamente, aunque la tecnología no se permite en fútbol, sirve para que el espectador compruebe, gracias a las repeticiones en cámara superlenta, que ni Arbeloa ni Marcelo han agredido a Pedrito y Busquets respectivamente.
Pero el juego del Barcelona esta noche no era de salón. Su táctica era rodear al árbitro una y otra vez, para así poder influir en sus decisiones. ¿Por qué Wolfgang Stark se dejaba rodear? No es de recibo que Mourinho haya sido expulsado por protestar, después de las continuas protestas de los futbolistas azulgranas, las cuales venían acompañadas en muchos casos de aspavientos, otra acción que viene recogida en el reglamento como amarilla.
La relación entre arbitrajes y títulos en el F.C. Barcelona
El caso es que el trato de favor que viene recibiendo el Barcelona, cuando un partido se le complica, viene ya de largo. En su primer año como entrenador, Guardiola obtuvo el éxito por un escandaloso arbitraje en Stamford Bridge frente al Chelsea, en un partido en que a los azulgrana se les perdonaron hasta cinco penaltis.
Y si nos remitimos a esta misma temporada, cuando peor le iban las cosas en su enfrentamiento de octavos de final frente al Arsenal, el suizo Busacca se inventó una expulsión a Van Persie, que todavía colea por tierras inglesas.
El fútbol debería ser algo que dirimiesen los profesionales del balompié. Desgraciadamente, los hechos demuestran que los árbitros no juzgan por igual las acciones, ya que en función de quién las cometa, aplican el reglamento o no. Y eso, se mire como se mire, no es fútbol.
