Hijo de Manuel González y Angelina Guzmán, un 25 de diciembre de 1951 a las 17:00 h., en un hospital de la ciudad de Tampico, capital de Tamaulipas, México, ve la luz por primera vez Rodrigo Eduardo González Guzmán.

La adolescencia de Rodrigo González

Rodrigo, el "gorrión" como le apodaban sus amigos, en la colonia del puerto en donde vivió su infancia y adolescencia de una manera resuelta, provocadora, y en constante búsqueda. Así es como una tarde mientras su padre no se encuentra, toma su camioneta y se enfila al un pueblito cercano llamado Santa Rosa, cinco kilómetros de conducir sin un previo conocimiento ni práctica. Tenía 14 años.

Influenciado por amigos de su edad, fuma su primer cigarro de marihuana, cuando apenas iba en el tercer grado de educación secundaria.

Impresionado por la personalidad del Dr. Gordon F. Ekholm y sus descubrimientos en la parte alta de Tampico, se lanza a la aventura en la arqueología; meses después regresa orgulloso con la mandíbula de un sirénido ya extinto. El cuarto de diseño de su padre, destacado ingeniero naval, se adornó con varias figuras y estatuillas que son mudos testigos de su efímero paso por la arqueología.

De ahí en adelante fue ir venir por varios estados de la república, compendiando la sabiduría popular y tomando notas muy personales de la química orgánica, de las costumbres y sobre todo de la música regional.

Don Manuel, su padre, le había transmitido la esencia de la música de la huasteca: el huapango. Rodrigo con una técnica depurada había logrado absorber no solo la particularidad de lo que su padre le enseñara en el instrumento, sino también de otros ritmos propios de otras regiones del país. Poco a poco va dando forma a una singular estructura musical que más tarde representaría por excelencia al rock rupestre.

Una novia de su natal Tampico le regala una armónica Roldmann, fabricada en Alemania. Una guitarra, una armónica y un ingenio inigualable se fusionan para dar paso a la leyenda del Profeta del nopal.

Los inicios de un tal Rockdrigo González en el D.F.

Lejos de Tampico, más específicamente en el Distrito Federal, Rodrigo comienza a presentarse en lugares undergound, con poco público, pero que al primer acorde queda cautivado. Provoca que se vaya divulgando su nombre de boca en boca, de sótano en sótano, de local en local, al grado de que otros rockeros que lo han escuchado tocar, se entusiasman cuando hablan de él.

Toca covers de otros grupos, y se aventura a cantar rock en español, un español muy mexicano, pero también toca repertorio propio, con astutas letras, metáforas, críticas y contenido social.

"Rodrigo González arma un show notable, en el que abundan las sonrisas, las complicidades, el buen ritmo y el gustito por compartir a la perfección las andanzas y muchas de las aventuras urbano-realista-metafísicas de este maestro que maneja los matices notablemente bien" Así es como describe una presentación de Rockdrigo, como ya se le conocía a Rodrigo González, el escritor y periodista José Agustín, en las páginas de su libro "Contracorriente".

Rondando por los bares de la zona rosa en insurgentes, Rockdrigo poco a poco va conquistando adeptos a su movimiento de rock rupestre, orientándose a ser uno de los músicos más influyentes de la primera mitad de la década de los 80s.

Las canciones de Rockdrigo González

Sus percepciones sensoriales se ven reflejadas en las letras de sus canciones, algunas discurren sobre la crítica social, la cotidianeidad en la urbe mas poblada del planeta, que va desde los asaltos a mano armada en transportes públicos (Asalto Chido), hasta la desconsoladora situación anímica de un ama de casa sin esperanzas (Ama de casa un poco triste). En otras "rolas" parodia lo ecléctico de la cultura tercermundista frente los países europeos; "Tiempos Híbridos" habla de "charros cibernéticos, campesinos siderales, Marías ciclotrónicas, nopales automáticos en pueblos esqueléticos".

Sin embargo, no todo es risa y humor, en "Distante Instante" refleja una introspectiva melancólica y oscura, dejando al desnudo sentimientos de culpa, miedos y desaciertos:

"Si tuviera ilusiones

Si existieran razones, locuras, mentiras, pasiones

No habría necesidad,

de pasarme por horas bebiendo cantimploras, de esta gris soledad

De esta eterna ansiedad".

En la canción "No Tengo Tiempo", exterioriza ese tedio de la acelerada vida en la ciudad, lo agresivo y mecanizado de los tiempos modernos:

"Sabes que, manejo implacable mi nave cibernética.

Entre aquel laberinto de los planetas muertos.

Y cual si fuera la espuma de un anuncio de cerveza,

Una marca me ha vendido ya la forma de mi cabeza".

"Metro Balderas" un tema representativo del rock mexicano, versionado por El Tri y también por Enanitos Verdes, contiene algunas pinceladas freudianas, que fueron sumamente alteradas por Alex Lora, sin consentimiento de Rockdrigo.

No tengo tiempo de cambiar mi vida

La mañana imborrable en la mente de muchos mexicanos, la del 19 de septiembre de 1985, cuando la "Ciudad de los palacios" se vio sacudida por el terremoto mas trágico en la historia de este país, acabó con la vida del profeta del nopal, Rockdrigo falleció al derrumbarse el edificio en donde habitaba un departamento en el número 8 de la calle Bruselas, en la colonia Juárez del D.F., a los 34 años de edad.

La leyenda de Rockdrigo González a 31 años de su muerte

El legado de Rockdrigo queda en los corazones de los rupestres que cada año realizan conciertos in memoriam en la famosa estación del metro Balderas donde participan grupos de renombre como Santa Sabina, Heavy Nopal, El Mastuerzo, entre otros y que en el 25 aniversario luctuoso, destaca la develación de una estatua de bronce en su honor ubicada en el D.F.

Una influencia innegable para quien se dice ser rockero.