
- Robin Hood - Universal Pictures
La existencia real del legendario personaje de Robin Hood ha sido y sigue siendo objeto de apasionados debates por parte de los historiadores, que lo sitúan en diferentes épocas de la Inglaterra medieval.
Lo cierto es que, más allá de su veracidad histórica, la historia del proscrito de Sherwood ha estimulado la imaginación de muchas generaciones de lectores y espectadores cinematográficos como arquetipo del buen ladrón, aquel que roba a los poderosos para ayudar a los pobres.
Ridley Scott y su filmografía
Ridley Scott es el paradigma del director cinematográfico de carrera irregular. En su debut realizó una más que interesante adaptación de la novela de Joseph Conrad "Los duelistas" (1977), encadenando pocos años después dos de las más grandes obras maestras de la ciencia ficción cinematográfica: "Alien" (1979) y "Blade Runner" (1982). Respecto al resto de su carrera, ha sido capaz de filmar obras muy estimables del género bélico o histórico como "Gladiador" (2000) "Black Hawk derribado" (2002), junto a filmes de escasa calidad como "La teniente O'Neil" (1997).
Aún así, Scott sigue siendo uno de los directores más imaginativos y hábiles del panorama actual, por lo que las noticias de que iba a filmar una nueva versión de las aventuras de Robin Hood fueron seguidas con sumo interés por sus seguidores.
Según cuenta el propio Scott, el primer guión que le llegó se titulaba "Nottingham" y el protagonista era el sheriff enemigo del proscrito. El director le cambió el título y volvió al protagonista tradicional, pero intentando resaltar la originalidad de su historia frente a las películas anteriores.
Los orígenes de Robín de los bosques
Como es sabido, Robin de los bosques es un personaje que cuenta con multitud de versiones cinematográficas, aunque para los buenos cinéfilos no existe mejor adaptación que la filmó Michael Curtiz en 1938, con un Errol Flynn en estado de gracia.
La intención de Ridley Scott no fue en ningún momento realizar un remake de ninguna película anterior, sino imaginar los motivos que impulsaron a Robin a enemistarse con Juan sin Tierra y tomar el bosque de Sherwood como teatro de operaciones.
En esta ocasión, e intentando en todo momento realizar un ejercicio de rigor histórico, la película presenta a Robin Hood como un anónimo arquero al servicio del rey Ricardo Corazón de León, al que ha acompañado en sus campañas de la Tercera Cruzada entre 1190 y 1194. Al comenzar, las tropas de Ricardo se encaminan de regreso a Inglaterra a través de Francia, arrasando en su camino cuanto castillo encuentran, con el fin de avituallarse.
Una narración con fundamentos históricos
Como declara el director en la entrevista que se reproduce en la revista "Dirigido por" de mayo de 2010:
"Si voy a contar una historia sobre la Inglaterra del medioevo, trataré de que sea históricamente correcta. Aunque inevitablemente voy a introducir numerosos elementos de ficción, quiero que el contexto histórico esté bien planteado".
En una de esas batallas, un temerario Ricardo encuentra la muerte. En esta tesitura, Robin aprovecha para volver a Inglaterra bajo la apariencia de un noble. Las circunstancias hacen que se le tome por el heredero de Loxley. Su defensa de una carta de libertades para los súbditos del rey le granjeará la enemistad del soberano, todo ello en medio de una conspiración para invadir Inglaterra por parte del rey de Francia.
Una adaptación fallida en la Inglaterra medieval
La realización de Scott es técnicamente impecable, pero sin alma, con un Russell Crowe que ofrece una interpretación desganada. Lo que en "Gladiador" era épica, grandes batallas y drama, en "Robin Hood se convierte en una historia a todas luces innecesaria y que no aporta nada nuevo al personaje, más allá de intentar darle unos orígenes históricos que no vienen demasiado al caso, sazonados con una batalla que recuerda de modo vergonzoso a la planteada por Steven Spielberg al comienzo de "Salvar al soldado Ryan" (1998).
Lo cierto es que a un director con el currículum de Scott cabe exigirle mucho más, empezando por su capacidad de elección de la historia que quiere filmar. No es probable que el público actual demande nuevas historias de un Robin Hood que ya se ofreció hace dos décadas por partida doble.
Solo hubiera faltado una canción de Bryan Adams para adornar el idílico final en el bosque de Sherwood. Esperemos que el próximo proyecto del director, otra precuela, esta vez de "Alien" (en 3D, por supuesto), goce de mejor fortuna.
