En el periodismo mexicano, uno de los géneros de opinión por excelencia es la caricatura política. No es para menos, el poder plasmar una crítica al sistema a través de una caricatura es un oficio que no cualquier pluma tiene. A su vez, resulta sorprendente cómo, a través de unos trazos, se puede resumir no solo un hecho noticioso sino que además, se lance también un cuestionamiento o denuncia a las esferas del poder.

Cabe decir que el ser caricaturista en México resulta un oficio por demás complicado, pues a los políticos les molesta más un garabato de su persona que una nota periodística. Aun así, a través de la historia han desfilado destacados dibujantes que se lanzaron al ruedo, retaron a las estructuras y pagaron gustosos su derecho a la libertad de expresión con golpes y otros tipos de torturas muy al estilo del sistema político mexicano.

Rius: crítico, caricaturista y educador del pueblo

Eduardo del Río García, mejor conocido como Rius, es uno de los íconos de la caricatura política en México. Un hombre que sin ser profeta auguró la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) asentado en el poder presidencial por más de 70 años y de su querida Unión Soviética; sin ser teólogo nos enseñó la truculenta historia del papado romano y los rollos del Mar Muerto, en los que existe información sobre Jesucristo que en la Biblia no aparece; sin ser maestro, educó a muchos mexicanos sobre historia nacional y universal, teoría económica, política, cultura y ecología; sin ser médico brindó efectivos consejos sobre el estrés, cómo alimentarse mejor y la prevención de la obesidad y sin ser terapeuta, mostró importantes secretos sobre la sexualidad humana y la prevención de enfermedades.

Todo ello con simples caricaturas, lo que lo convirtió, desde 1965, en uno de los educadores informales más destacados en México.

Rius, su origen y sus choques contra el sistema

Nacido en Zamora, Michoacán, en 1934, este personaje de 'nariz de papa italiano, ojos azul tropical y cabello castaño en retirada', como él mismo se describe, decidió dedicarse a la caricatura política después de haber estudiado para sacerdote sin lograrlo. Por dificultades del sistema educativo de la época, solo tiene reconocidos estudios hasta el quinto grado de primaria, pese a que con los salesianos había llegado al nivel medio superior.

Su peculiar estilo de dibujar provocó muchas incomodidades al sistema, lo que le costó el empleo en suplementos muy prestigiados como el del periódico El Universal o la revista Sucesos. El veto hacia sus caricaturas por parte de políticos y hasta de la embajada de los Estados Unidos en México, lo empujó a sobrevivir con los cartones que entregaba a los semanarios Siempre y Política, que le pagaban muy mal. También tuvo la oportunidad de trabajar con el periodista Manuel Buendía, quien por cierto, lo despidió pistola en mano también por el contenido tan cuestionador de sus caricaturas.

Ante este panorama, decide aceptar una propuesta para hacer un cómic en una nueva editorial. La propuesta de Rius llamada Los Supermachos de San Garabato, que retrataba la vida de diferentes personajes en un pueblo imaginario de nuestro país y que combinaba el humor con la política, resultó ser un éxito editorial, alcanzando un tiraje semanal de 250 mil ejemplares. No obstante, el editor de la revista fue presionado por el gobierno para despedir a Rius, quien se vio obligado a crear un nuevo cómic, llamado Los Agachados.

Los Agachados, de Rius, un éxito editorial

Los Agachados son la clave para entender el gran éxito editorial de Rius. Desde 1968 y hasta 1981 esta revista analizaba temas como política, religión, sexo, música, fútbol, economía, filosofía, historia, ecología, naturismo, física, entre muchos otros; todos ellos explicados a través de caricaturas que resultaban ser instrumentos muy efectivos para comprender mejor la información.

Tal fue la demanda de este cómic, que la editorial optó por hacer libros especializados, donde aparecían recopilaciones de Los Agachados complementadas con nuevos materiales, lo que resultó ser un éxito editorial y un dolor de cabeza para los gobernantes, en especial para el expresidente Gustavo Díaz Ordaz, quien en más de una ocasión lo mandó golpear y secuestrar y lo metió en la cárcel varias veces.

En este nuevo episodio en la obra de Rius se destacan muchas publicaciones como Cuba para Principiantes, A-B-Che (en honor a Ernesto “Che” Guevara), La Verdadera Historia del Tío Sam, Quién Ganó la Revolución Mexicana, entre muchos otros títulos. Hasta la fecha, la producción editorial de Rius supera las cien obras, algo sin precedentes en la historia de la caricatura en México.

El legado de Eduardo del Río, Rius

A través de los años, la obra de Rius ha traspasado las fronteras de las librerías o los puestos de periódicos. Muchas de sus obras son utilizadas como material didáctico en instituciones de educación básica y media superior, como La Verdadera Historia del Capitalismo, que se usa todavía para explicar conceptos de teoría económica. Su libro Marx para Principiantes ha sido exportado a diferentes países de América Latina y Europa, además de que su libro El Amor en los Tiempos del SIDA y el suplemento sobre "Cómo combatir el cólera" obtuvieron reconocimientos de organismos internacionales como el UNICEF y la Organización Mundial de la Salud.

A pesar de su formación casi autodidacta y de los diferentes ataques hacia su obra y su persona por parte de los círculos más retrógrados de la política mexicana y hasta de los Estados Unidos (su enemigo natural) Eduardo del Río, Rius, ya se encuentra contemplado dentro del círculo intelectual educativo e histórico de este país.

A través de sus garabatos ha informado, enseñado y politizado a una gran cantidad de personas, muy a pesar de sus errores y omisiones, por lo que Eduardo del Río García, Rius, es, sin proponérselo uno de los principales educadores no formales en México desde el siglo pasado.