El espionaje fue una constante durante la Segunda Guerra Mundial. Richard Sorge fue una de las figuras destacadas de la inteligencia soviética aunque no siempre gustaron sus métodos. No cabe duda de que los datos que proporcionó acerca del ataque de Pearl Harbor o el Pacto Antikomintern fueron muy valiosos pero su actuación más brillante consistió en descubrir los detalles de la Operación Barbarroja.

Biografía de Richard Sorge

Richard Sorge nació en la ciudad de Bakú en el Cáucaso. Licenciado en Ciencias Políticas en 1919 por la Universidad de Hamburgo, empieza a escribir en el periódico local de la ciudad de Solingen, “La voz de los mineros”.

Sus ideas acaban causándole problemas y finalmente es fichado por la república de Weimar como “agitador comunista” junto con otros 4111 miembros del partido en cuestión. Es en el año 1926 cuando viaja a la Unión Soviética. Allí conoce al general letón Jan Karlovich Berzin, convirtiéndose por mediación de este en espía de la URSS.

El 22 de Junio de 1941, a las 3:15 de la madrugada, la Alemania del III Reich atacó sin previo aviso a la Unión Soviética en el marco de la Operación Barbarroja. Fue en el mayor despliegue militar de toda la historia con más de cuatro millones de soldados, 4500 tanques y más de 35000 piezas de artilleria.

La sorpresa fue absoluta ya que la URSS no había recibido declaración de guerra alguna, y sin embargo múltiples informaciones llegadas a Moscú advertían de la inminencia de dicho ataque. Uno de estos informes procedía de Sorge, agente del espionaje soviético en Tokio, que se hacía pasar por un simple corresponsal alemán del “Frankfurter Zeitung” y por miembro ferviente del Partido Nazi.

Los contactos en Japón

Sorge llegó a Tokio en 1933 y allí entabló rápidamente una fluida relación con el embajador alemán en Japón Herbert von Dirksen gracias a una carta de presentación que le facilitó el historiador y geopolítico Karl Haushofer. Además estableció una fluida amistad con el agregado militar de la embajada Eugene Ott.

Inmediatamente organizó una red de espionaje junto con miembros japoneses del partido comunista u otros enviados de la Unión Soviética, alrededor del restaurante alemán Alt Heidelberg, que no era más que un burdel para hombres de negocios extranjeros. Se dice que Stalin repudiaba sus métodos calificándolo de pervertido y que todos los mensajes que enviaba a Moscú eran clasificados como “informaciones dudosas o peligrosas”.

Años más tarde, gracias a conversaciones informales con sus diversos contactos y con el comandante Schol, miembro también de la embajada alemana, Richard Sorge llega a la conclusión certera de que la agresión alemana sobre la URSS es un hecho inminente.

En mayo de 1941 telegrafió a Moscú diciendo que el despliegue alemán se efectuaría alrededor del 20 de junio aproximadamente. Según escribió Sorge en el frente oriental ya había entre unas 170 y 190 divisiones enemigas. El espía estaba convencido de que no habría ultimátum ni declaración de guerra.

Además, proporcionó datos de gran importancia al informar de que en ningún caso Japón aprovecharía para atacar por la frontera sino-soviética. Esto permitió a la URSS mantener tranquila su retaguardia y centrarse en la amenaza del III Reich.

Muerte y reconocimiento de Sorge

El 18 de octubre de 1941 fue apresado por el teniente Oshashi, de la policía japonesa. Este había estado investigando a diversos miembros del partido comunista y fue así como llegó a dar con la pista de este espía soviético.

Al principio la embajada alemana se mostró escéptica frente a estas acusaciones e incluso el propio Eugene Ott intercedió por el que creía era su amigo. Sin embargo, Richard Sorge confesó su culpabilidad y junto con otro de miembro de su célula de espionaje, Hotsumi Ozaki, fue ejecutado el 7 de Noviembre de 1944 a las 10:20 de la mañana.

Nadie reclamó su cuerpo y fue enterrado en el cementerio de Zoshigaya, en el lado reservado a los vagabundos y sin ningún tipo de indicación. Más adelante sus restos mortales fueron rescatados por su amante japonesa, Hanako-san y enterrado en el cementerio de Toma. Su lápida de mármol reza: “Aquí yace un héroe que sacrificó su vida en la lucha contra la guerra y por la paz del mundo”.

Al principio la URSS se intentó ignorar su figura, probablemente porque a Stalin le habría resultado muy complicado explicar su pasividad y sorpresa ante los primeros días de la guerra. No obstante, acabó siendo reconocido como héroe de la Unión Soviética en 1964 y se emitió una serie postal con su efigie en el año 1965.

Así acabaron los días de un agente encubierto que hizo todo lo posible por servir a su país. Nunca se sabrá si la URSS habría sucumbido en 1941 de no conocer de antemano las intenciones del ejército alemán. Lo que sí es seguro es que Richard Sorge merece un lugar entre las figuras más célebres de la Segunda Guerra Mundial.