El artista británico murió, cuando ya hacía 89 años que estaba vivo, en la misma ciudad donde nació: Londres. Fue sintomático que los extremos de su existencia estén localizadas en la misma ciudad (o metrópolis) donde se encumbró como artista: en Londres, y más en concreto, en la Whitechapel Art Gallery, fue donde se presentó ante el mundo su creación “Pero, ¿qué hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?”, un collage que entró en la historia del arte como precursor y obra-manifiesto del naciente Pop Art.

“This is Tomorrow”

La carrera artística de Richard Hamilton empezó a gestarse cuando, a principios de la década de 1950, fundó con otros colegas y artistas de la llamada generación de postguerra el colectivo Independent Group. Junto a Magda Cordell, James Stirling y Eduardo Paolozzi, entre otros, Hamilton acaudilló un movimiento de vanguardia artística que infundió una remarcada visión inconformista y experimental al estancado concepto del arte en Inglaterra, dando los primeros pasos para fundar el movimiento al que el crítico británico Lawrence Alloway (también miembro de Independent Group) daría el nombre de Pop Art.

La eclosión de esta nueva corriente artística se produjo en 1956, cuando se presentó en la Whitechapel Art Gallery de Londres la exposición colectiva “This is Tomorrow”, donde los integrantes del Independent Group se “adelantaron al mañana” con una serie de obras revolucionarias en sus formas, conceptos y reflexiones. Esta exposición simbolizó el pistoletazo de salida de un nuevo arte que nacía de lo urbano, lo provocador y el más ácido sentido del humor; un nuevo arte que pronto se extendería a los EE.UU., donde el Pop Art acabaría consolidándose y dando fama mundial a artistas tan excéntricos y mediáticos como el omnipresente Andy Warhol.

La obra precursora del Pop Art

Richard Hamilton fue el nombre que salió más reforzado de la exposición “This is Tomorrow” por la inmediata y unánime repercusión que tuvo su obra “Pero, ¿qué hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?”. Este collage, hecho de amalgamar de manera artesanal y casi pueril diferentes recortes tomados de revistas americanas, representaba lo que se suponía un “hogar ideal”.

De su conjunción de elementos dispares y extravagantes, había un elemento que captaba inmediatamente la atención del observador: la imagen en blanco y negro de un hombre musculoso, a torso desnudo, que sujetaba unas pesas (con cierta forma a Chupa Chups) que están recubiertas por un envoltorio donde se lee: “POP”.

Con este collage, Hamilton conforma una obra cumbre de la paradoja de la modernidad, la cual sería a la postre el simiente conceptual y estético del naciente Pop Art.

Una mirada crítica a la sociedad capitalista

La carrera artística de Hamilton (inagotable, que perduró hasta el día de su muerte, lo que permite decir que “murió con las botas puestas”) siempre se caracterizó por imprimir en sus obras una mirada irónica y con profundo sentido crítico hacia la iconografía de los medios de masas y ese ideal de bienestar y opulencia, pura fachada, que empezó a comercializar a todo el mundo el por entonces naciente capitalismo norteamericano.

En este sentido, una de las creaciones más importantes de Hamilton fue su serie titulada “Interiores”, desarrollada desde 1964 hasta 1979, donde el artista británico se centró en la exploración de los interiores domésticos y la rápida transformación urbana de la civilización occidental. De esta manera, en sus collages se producían la abigarrada, compleja y absurda mezcla de elementos cotidianos, estructuras arquitectónicas y objetos mitificados dentro de la historia del arte.

El “abuelo” del Pop Art

Con su reciente muerte, la historia del arte se queda huérfana de uno de sus últimos grandes representantes. Pero Hamilton no ha muerto, de la misma forma que nunca lo podrá hacer, porque su presencia siempre permanecerá adherida a su obra, como algo inmortal que existirá hasta que no desaparezca el concepto del arte, de su historia y su repercusión como elemento imprescindible dentro de nuestro entramado social.

Y, así, Hamilton, a pesar de su muerte, siempre estará vivo como artista y como padre o precursor o “abuelo”, como el mismo decía que prefería que le llamaran con su inagotable sentido del humor, del Pop Art.