Michel Vovelle, catedrático de Historia de la Revolución Francesa en la prestigiosa Universidad de La Sorbona, ha sido un prolífico autor de obras atravesadas por la historia cultural y la historia de las mentalidades de la Francia de los siglos XVII y XVIII.

Entre sus escritos sobre el período revolucionario francés se destaca la Introducción a la historia de la Revolución Francesa, obra en la que analiza este proceso teniendo en cuenta el rol de los sujetos históricos. Sus aportes a la comprensión del mismo se encuentran entre los más valiosos.

Contexto histórico: relaciones económicas y sociales

Para Vovelle, la Francia del período revolucionario fue perfectamente representativa de un sistema de tipo feudal, es decir, de un sistema económico tradicional en un mundo dominado por la economía rural. El predominio rural se manifestaría en el hecho de que, hacia el año 1789, el mundo campesino representaba el 85% de la población francesa.

Si en el plano económico se destacaba el predominio rural, en las relaciones sociales el elemento más representativo de la pervivencia de formas medievales era el peso de los tributos feudales y señoriales sobre la tierra, propiedad detentada por el señor, pero que en realidad poseían los campesinos. Es por ello que el capitalismo no habría nacido aún, sino que se anunciaría con la revolución, movimiento que se manifestó claramente contra otras instituciones del sistema feudal.

Tipo y carácter de la revolución

Así, al seguir un análisis materialista histórico, Vovelle considera que la Revolución Francesa constituye una revolución burguesa porque efectúa la transición del orden social feudal-absolutista al burgués-capitalista, y del modo de producción feudal al capitalista.

Con el ingreso de los sectores populares la Revolución Francesa logró un carácter democrático. Las masas consiguieron reivindicaciones sociales, ya que su presión constante y activa impuso al gobierno revolucionario la realización de una cierta cantidad de consignas, que incluyeron la “Constitución del año I”, texto en el que adquirió forma la expresión más avanzada del ideal democrático de la Revolución Francesa.

Finalidades de la revolución

En lo que respecta a la finalidad de la revolución, Vovelle afirma que su objetivo fue la destrucción del feudalismo, ya que los revolucionarios buscaban acabar con las estructuras que reflejaban las características del régimen feudal.

Sin embargo, ésta sería la finalidad secundaria de la revolución, la concreción de cuestiones impensadas para los revolucionarios, que se dieron en un tiempo más largo. El autor elabora esta interpretación luego de un análisis global, posterior a los hechos y no participativo en los mismos, en una búsqueda de lo que se halla detrás de los acontecimientos.

En cuanto a la finalidad primaria u objetivos inmediatos, los actores de la revolución nunca se propusieron conscientemente destruir el sistema feudal e instaurar el capitalismo, sino que sus fines fueron reivindicaciones políticas y económicas que respondían a los intereses de un momento en el que la crisis económica catalizaba el descontento de las clases populares.

Un ejemplo muy ilustrativo de esta situación se encuentra en la toma de la Bastilla. Los actores sociales no pensaron al movilizarse que este hecho conformaría, junto con otros, un nuevo acercamiento a la instauración del sistema capitalista. La revuelta fue una respuesta a la negativa del rey de retirar el ejército y permitir la reunión de la Asamblea Constituyente.

Alcance de la Revolución Francesa

En un sentido restringido, la revolución debe ser analizada como producto de Francia, en cuanto al significado y a las consecuencias que tuvo en dicho ámbito, con la caída del Antiguo Régimen: el fin de la monarquía absoluta, la separación de la Iglesia y el Estado, la reorganización de la sociedad según nuevas categorías, la instalación de las bases que permitirían la generalización del modo de producción capitalista, entre otras cosas.

En un sentido amplio, la Revolución Francesa es el modelo tomado por todas las revoluciones del siglo XIX, lo que se refleja, por ejemplo, en el documento que expresa su tendencia universal: la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” contiene principios como la seguridad jurídica, la libertad personal y la inviolabilidad de la propiedad, de gran influencia en el constitucionalismo posterior, siendo con ello adoptados por la mayoría de las sociedades.

De este modo, la Revolución Francesa ha sido además la protagonista de la construcción de la nueva ideología que dominará a partir del siglo XIX y justificará los principios de la burguesía, la cual podrá así concretar su ascenso y predominio.