En medio de la tormenta desatada por la crisis global, una semilla de re-evolución germina en el planeta con un mensaje alentador: los ciudadanos exigen transparencia a sus organizaciones y gobiernos, en la búsqueda colectiva de un sistema más consciente y responsable.

Wikileaks enciende la chispa

Los secretos desvelados por Wikileaks (que constituyen tan solo las migajas de la información que resta por destapar), las intensas revueltas de una población que ha perdido el miedo en países oprimidos como Túnez, Egipto, Yemen, Jordania, Siria, Argelia e Irán, o el silenciado ejemplo de Islandia, reflejan la creciente toma de consciencia de una red en crecimiento formada por individuos 2.0, nodos de información, cada vez más conectados entre sí, más conscientes a cada paso de su poder creador.

Ciberactivismo por la libertad de expresión

El despertar masivo del ciberactivismo internacional, dispuesto a combatir cualquier intento de poner cerco a la libertad de expresión en el mundo, ha introducido el dedo en la llaga de las grandes corporaciones, víctimas de un sistema que ha alcanzado el límite de su crecimiento hasta polarizar las desigualdades sociales.

Cada vez menos libertad

En Europa, en América, en el resto del mundo, la tendencia no se muestra muy diferente: no solo peligran las pensiones; se cuestiona el derecho a la sanidad y se comercializa con la educación, sino que a la misma velocidad que se restringen las libertades de los ciudadanos, la democracia se debilita al constituir un obstáculo para el mercado, que compra los medios de comunicación y su poder para moldear la voluntad del pueblo.

Internet frente a los mercados

La mercantilización de la energía, del arte, de la ciencia y hasta de la política se ve amenazada por la utilización de Internet, punto de encuentro entre seres humanos de diferentes lugares del planeta, fuente inagotable de ideas, último bastión de la libertad. La imposibilidad práctica de controlar la Red, en un vano intento por ponerle puertas al mar, ya ha empezado a resquebrajar los pilares del sistema.

Los ciudadanos no se callan

La semilla engendra múltiples ramificaciones, el río anda revuelto y cada vez más consciente de su fuerza. Como hábiles equilibristas, con la seguridad de tener la red debajo para amortiguar la caída, hordas de ciudadanos descontentos por todo el mundo manifiestan su disconformidad con la dirección en que se están desarrollando los acontecimientos. Y, al igual que reclaman la Red, reclamarán las calles.

Anonymous

Como emergente fenómeno de Internet, Anonymous representa el concepto de muchos usuarios de la comunidad online, o la comunidad en sí misma, actuando anónimamente de forma coordinada, sin líderes y con el objetivo común de defender la libertad en la Red frente a aquellos que pretenden cerrarla.

Diálogo entre todos

La guerra no acabará mientras persistamos en la lucha contra el enemigo, sea del color que sea (piratas, Gobiernos, banqueros, drogas, terrorismo...), siempre variable según nuestra posición en el tablero. Se hace, pues, necesario el diálogo entre los implicados, como proponía Álex de la Iglesia en su último discurso como presidente de la Academia de Cine, que los bandos enfrentados abran los ojos y se unan para crear un nuevo sistema que realmente nos beneficie a todos.

El mejor modo de atacar es dejar de luchar, aceptar la diferencia y reparar en que nos une muchísimo más de lo que nos separa, que en las filas del enemigo se encuentra nuestro hermano, nuestro vecino, todos nosotros.

Leyes inútiles

El aspecto más cómico de las leyes que tratan de poner cerco a la Red, como la Ley Sinde en España o la Hadopi en Francia, es la facilidad de burlarse de ellas, por lo que suponen un enorme esfuerzo energético en términos económicos y burocráticos para conseguir como resultado prácticamente nada. Las grandes empresas, las leyes, los Gobiernos y los bancos constituyen entelequias a las que entregamos nuestro poder cuando luchamos en su contra.

Revolución creativa

Detrás de esa feroz maquinaria existen personas, tan humanas como los demás, que habrán de reconciliarse con sus vecinos si no quieren ver a la humanidad condenada a la autodestrucción. Cada individuo se unirá a la ramificación con la que más resuene, pero lo cierto es que ha llegado la hora de la revolución creativa, utilizando el arte y la red de redes como armas de seducción para reprogramar el sistema. En el amor reside la gran venganza, el punto de no retorno en que el enemigo pierde el poder de su armamento.

Cada uno de nosotros guarda un pequeño tirano en su interior, y lo que odiamos en el exterior no supone más que un reflejo de la parte que no aceptamos de nosotros mismos, aquel camino que nosotros no hemos seguido y que tanto nos cuesta aceptar que pueda siquiera existir. Ampliar la consciencia requiere, ahora más que nunca, escuchar al prójimo y aceptarlo como es para que podamos soñar en un nuevo sistema beneficioso para todos.